LA COCINITA DE ACUCHO

La blancura destacaba sobre la tierra. Surcaban incesantes dardos de truenos y gamas. Oculto a través del diminuto agujero observaba. La noche inmensa e interminable seguía alucinante. ¿Por qué naturaleza me muestras tu cobijo?. Jamás quietud, siempre efervescencia de fuegos y explosiones Ahí será tu morada me repetía. Mi niñez visitó ese agujero repetidas veces. Comprendí que el alfa y omega emergían de esa minúscula cocinita. Agobiado subí al altar de los dioses por auxilio. ...