ESENCIALMENTE
De una muestra de nieves ha nacido un cuestionador. Su esencia portaba libros y también fortaleza andina. Cuando comprendió su ser, intentó mirar a su redor: campo, nieves y animalitos, familia, escuela y barrio. Cuando la banda derramaba notas, las simientes de la casa, los vientos, rayos y truenos compartían versos y danzas. Sentí que la geografía me impulsaba; prados, aves y flores me hermanaban. Me decían: feliz día, niño juguetón. Comprendí sus sentimientos, sus almas. Los años pasaron y viajé a lontananza. Pronto entendí que mi mente era todo. Aprendí a cuidarla, amarla y usarla todoterreno: ajedrez, fútbol, canto y exámenes. Viviendo con tan poca comodidad, sentía alegría, paz, amor y felicidad. Mis nieves, mi barrio, mis amigos, mi familia eran un núcleo suficiente para tocar la esencia. Nunca me importó lucir diplomas, si había que competir, prefería el deporte. Sin descendientes, sumergí la mente en números; en los descansos, las letra...