EL BAÚL Y LOS QUE AÚN ESTAMOS
EL BAÚL Y LOS QUE AÚN ESTAMOS Reencuentro de calma Hacía como un mes que no escribía así, al empezar la mañana, casi en ayuno, con la cabeza todavía limpia, rodeado de un silencio cósmico. No sabía por qué volvió hoy a su punto de apoyo. Quizá porque ayer se reunió con sus hermanos mayores; quizá porque se le fue el internet repentinamente y le quedó tiempo. Sea como fuere, allí estaba otra vez con la pluma y su cuaderno asistente fiel. Cada paso nuevo en la vida, cada momento en que las dudas aumentaban, recurría a su baúl, convencido de que cualquiera puede recurrir al suyo. Es la fuente de la sabiduría, porque es el reencuentro con la propia esencia: la familiar, la geográfica, la laboral. Con calma se abren sus páginas, y se alcanza la motivación, la paz y la luz. Era reencontrarse con sus retablos: la casita cálida y la familia reunida; la callecita del juego y de los cuentos de la cuadra; las legendarias aulas de la escuela; el campo pedregoso de fútbol; las misas c...