ESENCIALMENTE
De una muestra de nieves
ha nacido un cuestionador.
Su esencia portaba libros
y también fortaleza andina.
Cuando comprendió su ser,
intentó mirar a su redor:
campo, nieves y animalitos,
familia, escuela y barrio.
Cuando la banda derramaba
notas,
las simientes de la casa,
los vientos, rayos y truenos
compartían versos y danzas.
Sentí que la geografía me
impulsaba;
prados, aves y flores me hermanaban.
Me decían: feliz día, niño juguetón.
Comprendí sus sentimientos, sus almas.
Los años pasaron y viajé a
lontananza.
Pronto entendí que mi mente era todo.
Aprendí a cuidarla, amarla y usarla todoterreno:
ajedrez, fútbol, canto y exámenes.
Viviendo con tan poca
comodidad,
sentía alegría, paz, amor y felicidad.
Mis nieves, mi barrio, mis amigos, mi familia
eran un núcleo suficiente para tocar la esencia.
Nunca me importó lucir
diplomas,
si había que competir, prefería el deporte.
Sin descendientes, sumergí la mente en números;
en los descansos, las letras me lanzaban salvavidas.
Ahora, al inicio de la
jubilación,
busco un espacio que me acoja.
No trabajo, no tengo horarios, el mundo se vuelve extraño;
sin embargo, mi alegría y mi paz las encuentro en la pluma.
No aspiro al trabajo, menos al
salario.
Solo abrigo el impulso de compartir mis huellas.
Mi felicidad no la busco como obligación:
abriendo mi baúl de memorias,
vivo, agradecido, y soy feliz.
La Pluma del Viento
Lima, 3 de febrero de 2026
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