EL PERÚ QUE MERECEMOS: LA HORA DE LOS QUE SABEN

 


El Perú que merecemos: la hora de los que saben y tienen manos limpias

 De la política del espectáculo al poder del conocimiento: un diagnóstico ético en el día de las urnas Hoy es un día especial: el Perú vota. Como dejando un recuerdo de cómo sentí este domingo de junio antes de sufragar, no voy a hablar de candidatos ni a realizar observaciones a sus planes de gobierno. Prefiero hablar de algo mucho más trascendental: ¿qué clase de país queremos construir y quiénes deberían edificarlo? Como suelo decir en situaciones de discrepancia: pongámonos de acuerdo en los objetivos y dejemos de lado el "cómo" por un momento.

¿Qué Perú nos tocó vivir?

Permítanme comenzar con una imagen que todos conocemos. Antes del COVID-19, solía levantarme bastante temprano los domingos —entre las 5 y 6 de la mañana— para caminar hacia el quiosco de la avenida Habich y comprar dos diarios: El Comercio y La República.

Si miro hacia atrás, recuerdo que desde la década de los 90 los titulares son exactamente los mismos: el presidente, el Congreso, el escándalo del día, la encuesta de la semana, el insulto entre políticos o el chisme del reality de turno. Todo eso ocupa las primeras planas y llena los noticieros.

En cambio, lo que brilla por su ausencia son los grandes problemas estructurales del país: el agua que no llega, la salud que no alcanza, la educación que no transforma, la energía que no se distribuye y la agricultura que no se moderniza. En efecto, no se tratan los grandes problemas de la nación y este olvido sistemático impide que se planteen soluciones. Cuando no hay soluciones, el conocimiento deja de importar y es despreciado por el poder político.

Este párrafo lo escribí originalmente en el año 2018 para mi libro Decisiones (publicado en 2021). Lo redacté un domingo, como hoy. Y hoy, ocho años después, podría volver a escribirlo sin cambiar una sola palabra. Eso, amigos, es lo que yo llamo los “políticos realities”: aquellos que gobiernan como si la política fuera un espectáculo y el país, una pantalla.

La gran pregunta que me hago —y que les dejo a ustedes— es esta: ¿Cuánto más vamos a esperar para que el conocimiento entre al poder?

La evidencia científica e histórica que nos guía

Ahora quiero hablarles en este corto espacio con la voz del científico que también soy. La respuesta a la pregunta anterior no es un simple deseo; requiere evidencias y respaldo histórico.

  • Primera evidencia (Corea del Sur): En 1960, este país era más pobre que el Perú. No tenía una costa rica, ni minerales abundantes, ni Amazonía. Lo que sí tenía era una decisión firme: hacer del conocimiento una política de Estado. Incorporaron a los ingenieros y científicos al diseño del país. Hoy, Corea del Sur es una potencia tecnológica mundial, mientras que el Perú sigue atrapado en los mismos titulares dominicales década tras década.
  • Segunda evidencia (La mente humana no tiene fronteras): Como escribí en su momento y hoy repito con convicción: la herramienta principal del ser humano es su mente, la cual se encuentra igualmente distribuida en todo el mundo y en todas las regiones del país. No hay escasez de potencialidad. El talento existe en Chiquián, existe en Recuay y en cada comunidad de nuestra sierra. Lo que ha faltado no es inteligencia, sino la oportunidad de acceder al conocimiento y de aplicarlo.
  • Tercera evidencia (El costo de excluir la ciencia): El resultado de lo que vivimos no es mala suerte; es una consecuencia directa. Pasa cuando quien diseña la política de salud no sabe de salud pública; cuando quien decide sobre el agua no entiende de hidrología; cuando quien maneja la educación nunca estudió pedagogía; o cuando los institutos científicos son dirigidos por gente que jamás pisó un laboratorio. Ocurre cuando seguimos vendiendo minerales como piedras sin procesar y gestionamos el Estado de espaldas a la revolución tecnológica de la Inteligencia Artificial. El 80% de los políticos acceden al poder mediante el dinero —muchas veces mal habido— y no por merecimiento, postergando continuamente a los técnicos. Esto no es un insulto, es un diagnóstico conocido; y los diagnósticos sirven para curar, no para lamentarse.

Entonces, ¿qué rol deben jugar los científicos y técnicos en la reconstrucción del Perú? Su lugar no está únicamente en los laboratorios o en las aulas, sino en la plaza pública, en los gobiernos locales, en los movimientos ciudadanos y detrás de este micrófono. Los que saben tienen la obligación moral de participar. No pueden quedarse al costado mirando cómo el país es conducido por quienes no lo merecen. Frente a los hechos indignantes, a los ciudadanos con las manos limpias nos queda participar en los movimientos políticos existentes o crearlos, bajo la condición principal de la idoneidad moral.

Cuatro compromisos para el futuro

Comparto con ustedes cuatro enseñanzas para este espacio dominical:

  1. Votar bien es el mínimo, no el máximo: Hoy ejercemos el derecho al voto, pero el verdadero cambio no termina en las urnas; empieza en ellas. No evadamos la responsabilidad de construir futuro.
  2. El conocimiento sin participación es un tesoro escondido: El Perú cuenta con médicos, ingenieros, físicos, agrónomos y educadores de primer nivel. Mientras no entren a la arena pública, su saber no transformará nada. Es tiempo de bajar al ruedo político para proponer soluciones.
  3. La reconstrucción no la hacen los políticos solos: La hace la sociedad organizada con capacidad técnica y honestidad, actuando desde los municipios, las organizaciones y los medios de comunicación.
  4. La crisis es una oportunidad disfrazada: La corrupción ha desacreditado por completo a la clase política tradicional. Ese vacío de poder lo va a llenar la gente: o lo llenamos nosotros con decencia y preparación, o lo llenan ellos de nuevo.

Conciencia y Acción

Amigos de Chiquián, de la provincia de Bolognesi, y aquellos hermanos que nos escuchan desde Lima o nos ven a través de Facebook : está plenamente demostrado que nuestra inteligencia y motivación son inmensas. Lo vemos cuando nuestros profesionales estudian en el extranjero y regresan con el ferviente deseo de transformar la patria, para luego encontrarse con las puertas cerradas de los partidos tradicionales.

Si las vías del pasado están clausuradas por la vieja política, nos corresponde entonces construir nuevos movimientos donde el saber sea bienvenido, pero siempre premunidos de la ética y de lo más simple y valioso que poseemos: conocimiento con manos limpias.

La reconstrucción nacional no es una opción, es un llamado urgente que nos convoca a todos. Hoy, al acudir a las urnas, los exhorto a votar con absoluta conciencia. No importa por cuál opción decidan inclinar su voto, siempre que este surja de su voluntad plena, libre y soberana, guiada por el firme compromiso de edificar el Perú que verdaderamente merecemos.

Que las urnas reflejen hoy nuestra madurez, y que el mañana nos encuentre listos para la acción. ¡Muy buenos días a todos!

La Pluma del Viento

Lima, 7 de junio de 2026

(Texto del programa de radio: El Zaguán de Oro Puquio)


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