EL PAPA LEÓN ES PERÚ
EL PAPA LEON ES PERU
En el hogar migrante
vino como un regalo,
el tercero y más amado,
su sonrisa iluminó la casa.
Los vástagos crecieron y aprendieron,
la Iglesia lo atrajo con sabiduría,
los números lo convocaron pronto,
la esencia era su búsqueda.
Las ecuaciones clamaban exactitud,
la sabiduría exigía verdad,
las Confesiones respondieron sus dudas,
nació el agustino sencillo y misionero.
El Espíritu lo llevó al Nuevo Mundo,
allá donde la vida es permanente lucha,
llegó con ansias de amor y fe,
aprendió que los pobres iluminan.
Su fe creció al abrazo del pueblo,
enfrentó con amor dolores y desastres,
unidos alrededor de Cristo y María,
fue obispo con olor a oveja.
También la enseñanza lo convocó,
las puertas del saber cantaron,
ayer seminaristas, hoy sacerdotes,
llevan su ejemplo: misión y fe.
En la necesidad se acude,
el puerto lo abrazó con amor,
el COVID no lo venció,
levantó iglesias de amor.
Ahora el padre Robert,
el obispo Prevost,
es nuestro Santo Padre,
el Papa León es peruano.
Tu luz es esperanza,
las dudas contigo desaparecen,
eres nuestro guía,
nos devuelves amor y vida.
El Papa es luz ...,
El Papa es amor ....
El Papa es vida ....
El Papa es Perú ....
La Pluma del Viento
Lima, 11 de junio de 2026
EL PAPA LEÓN ES PERÚ: entre la fe, los números y la búsqueda de la esencia
Todo comenzó con una noticia. Por los medios habituales conocí la convocatoria de un concurso para crear una canción dedicada al papa León XIV, con motivo de su llegada al Perú. Me interesó la propuesta y pensé en participar. Pero antes de escribir una canción sentí que debía conocer un poco más al hombre sobre quien iba a escribir.
Así llegué a su biografía.
Mientras recorría la vida de Robert Prevost fui encontrando algunos hechos que, inevitablemente, despertaron recuerdos de mi propia historia. No porque nuestras vidas sean comparables, sino porque existen ciertos puntos desde los cuales uno puede reconocer inquietudes semejantes.
Dos caminos y una antigua búsqueda
En mi juventud estudié tres años en un seminario menor. Fueron años que dejaron huella. Allí conocí una disciplina para el estudio y para la vida que podría resumirse en aquella antigua expresión benedictina:
Ora et labora.
Ora y trabaja.
No terminé los cinco años del seminario. Al llegar el momento en que debía definirse el camino de los estudios, mi inquietud estaba decididamente orientada hacia las ciencias. Dejé entonces el seminario, terminé mi educación secundaria en Lima e ingresé a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Ingeniería. Elegí Física.
Los números se convirtieron en compañeros de mi vida.
Muchos años después, al leer la biografía del futuro León XIV, encontré algo que llamó particularmente mi atención: Robert Prevost había estudiado Matemáticas antes de seguir el camino del sacerdocio.
Él siguió los números y después el sacerdocio.
Yo dejé el seminario y seguí los números.
Hay además una pequeña coincidencia que inevitablemente me resulta cercana: yo me llamo Agustín y él eligió ser agustino.
Pero más allá de estas circunstancias, encontré algo que para mí resulta mucho más importante: la búsqueda de la esencia.
Creer y dudar para comprender
La Física me enseñó que detrás de aquello que observamos existe siempre una pregunta más profunda. No basta mirar. Hay que interrogar a la naturaleza, medir, comparar, experimentar, formular hipótesis y volver a preguntar.
La ciencia avanza porque duda.
Pero cuando esa costumbre de buscar se extiende más allá del laboratorio, aparecen otras preguntas. Ya no preguntamos solamente por la esencia de la materia, la energía o las leyes de la naturaleza. Terminamos preguntándonos también:
¿Cuál es la esencia del ser humano?
Y allí vuelven a encontrarse, desde orillas diferentes, la ciencia, la filosofía y la fe.
San Agustín buscó comprender desde la fe. Esa antigua relación entre creer y comprender siempre me ha llevado a formular, desde mi condición de físico, una expresión paralela:
La fe dice: “creer y comprenderéis”.
La ciencia dice: “dudar y comprenderéis”.
Una comienza creyendo; la otra comienza dudando.
Pero ambas contienen una palabra que para mí es fundamental:
COMPRENDER.
Y ambas, cada una con sus métodos, alcances y límites, expresan una antigua inquietud humana por aproximarnos a la verdad.
De Robert Prevost al Perú
Con esa mirada continué recorriendo su biografía.
Encontré al joven vinculado con los números, al sacerdote, al agustino, al maestro y al misionero. Después apareció el Perú: no simplemente como un lugar en el mapa, sino como escenario de una parte fundamental de su vida.
El misionero llegó para servir, pero también para aprender.
Conoció comunidades, necesidades, dolores y esperanzas. Enseñó y acompañó. Vivió momentos difíciles junto al pueblo. Su trayectoria fue pasando por diferentes responsabilidades hasta llegar al episcopado y, finalmente, muchos años después, al papado.
De esa lectura nació la secuencia del poema.
Por eso EL PAPA LEÓN ES PERÚ sigue deliberadamente un recorrido biográfico: el hogar, los estudios, los números, san Agustín, la misión, la enseñanza, el pueblo, los momentos difíciles, el episcopado y finalmente el Santo Padre.
No pretendí escribir una biografía en versos. Escogí aquellos momentos que me permitían acercarme al ser humano que estaba detrás de la noticia mundial.
Y escribí:
los números lo convocaron pronto,
la esencia era su búsqueda.Las ecuaciones clamaban exactitud,
la sabiduría exigía verdad...
¿Por qué «EL PAPA LEÓN ES PERÚ»?
El título no pretende hablar de un lugar de nacimiento. Es una expresión poética y afectiva.
Hay lugares a los que llegamos y de los cuales un día partimos. Pero existen otros que, después de haberlos vivido intensamente, se quedan dentro de nosotros.
Ese es el Perú que quise expresar en el poema.
Robert Prevost llegó al Perú como misionero. Aquí transcurrió una parte importante de su camino religioso y humano. Por eso, desde la libertad de la poesía, quise imaginar que cuando aquel misionero partió hacia nuevas responsabilidades, también se llevó consigo algo del Perú.
Y de allí nació el verso que resume mi sentimiento:
El Papa León es Perú.
Del poema a la canción
El poema había nacido, precisamente, con la intención de convertirse en canción. Una vez terminado, utilicé SUNO para explorar su musicalización y conseguí una versión que expresaba bastante bien lo que buscaba.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Cuando ya tenía poema y canción, volví a leer detenidamente las bases del concurso. La obra debía ser original, incluida la música. Mi musicalización había sido realizada mediante inteligencia artificial y consideré que, en esas condiciones, no correspondía presentar la canción al concurso.
Y no la presenté.
Pero aquello que inicialmente pudo parecer el final del proyecto terminó revelando algo más sencillo: el concurso había sido solamente el motivo inicial. El poema ya tenía vida propia.
Quedaron sus versos. Quedó la canción como una experiencia de musicalización. Y, principalmente, quedó la reflexión que había surgido mientras recorría la biografía de León XIV.
Por eso hoy comparto este poema en CHIQUIÁN CULTURA.
No como una canción que quiso ganar un concurso, sino como el encuentro, desde La Pluma del Viento, entre algunas inquietudes que me han acompañado durante buena parte de mi vida:
la ciencia y la fe,
los números y la palabra,
la duda y la creencia,
la búsqueda de la verdad
y, finalmente, la búsqueda de nuestra esencia humana.
De ese encuentro nació: EL PAPA LEÓN ES PERÚ
La Pluma del Viento
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