TENGO UN SUEÑO: MI PROVINCIA COMPETITIVA

 TENGO UN SUEÑO: MI PROVINCIA COMPETITIVA

A lomo de un cóndor libre sobre los picos del Yerupajá y los valles de Bolognesi, emprendimos una travesía fantástica hasta los confines del cosmos para exigirle al Destino una transformación radical. Se gestó así este sueño: una provincia donde la educación, la salud, la tecnología y el respeto por el agua demuestren que el verdadero desarrollo de los pueblos no nace de la fuerza ni de la extracción ciega, sino de la luz del conocimiento.

El vuelo del cóndor y el despertar de los Andes

Subido sobre un cóndor que volaba libre por las alturas, visité la Provincia de Bolognesi. Miraba desde arriba los extensos pajonales de las punas, los ricos valles del Fortaleza, Pativilca, las breñas, ríos, nevados, los minerales metálicos y no metálicos que cobijan las entrañas de sus cerros, la flora y fauna, y sus climas de frío y calor.

Nos adentramos en sus ciudades, mirando sus calles, casas, servicios; hasta incluso ingresamos indiscretamente en los sentimientos de sus habitantes, desde el chiuchi, con ojotas a 4 000 m s. n. m., soportando friajes inclementes, hasta el encumbrado hacendado que derrochaba riquezas en opulentas fiestas. Pudimos ver en la extensa Provincia de Bolognesi sus riquezas y necesidades, sus alegrías y dolores, sus fiestas y bailes, sus llantos y quejas.

Así, el curioso cóndor, notando mi interés y las anotaciones que hacía en mi cuadernito, me propuso:

—¿Te animas a seguir subiendo hasta alcanzar las estrellas, y confrontar al Destino, y exigirle que transforme a nuestra provincia en la más competitiva del país?

—Claro que sí —le respondí.

El cóndor, contento, sacudió su inmensa cresta, lanzó unos graznidos desconocidos por mí y enrumbó su vuelo, batiendo sus alas con más fuerza, como si fueran a romperse; parecíamos un cometa abriéndose camino en el cosmos.

Él, que volaba siempre por estos lares del cielo bolognesino, sabía todo lo que yo había descubierto recién ahora; él había deseado desde mucho tiempo atrás que hubiera alguien que lo comprendiera y acompañara en su ansiado viaje hacia el Destino para exigirle que su amada provincia cambie y se convierta en la más competitiva del mundo.

Mientras viajábamos, atravesando planetas, cometas, estrellas, galaxias y cuásares, me mostró su petitorio para exponerle al Destino, que todo lo puede, y estaba seguro de que apenas ingresáramos a su mansión, él lo aprobaría, pues el requisito era llegar a su casa. Viajamos sin cansancio, días y noches; sus alas a veces se aflojaban, pero él seguía. Bordeamos calores inmensos, como cuando pasamos cerca del sol, y fríos casi de cero absoluto cuando cruzábamos el espacio.

Al fin llegamos. La puerta de la gran mansión se abrió: era un gran salón con pisos y paredes de cristal, cuyo brillo era similar a las nieves del Yerupajá. En el fondo, sentado en un sillón enorme y dorado, estaba el Destino; su corona era un arcoíris, extenso como lo había visto en mi niñez emergiendo desde las cataratas de Husgor. De pronto, cual trueno pero con voz agradable, retumbó el ambiente diciendo:

—Bienvenidos, pasen adelante y descansen. Sé de su esfuerzo, han venido juntos, el representante de los humanos y el de los animales, como debe ser, dado que las reglas se deben cumplir. Habiendo escuchado su petitorio, les otorgo todo lo que han pedido; ahora mismo ordenaré el cambio y pueden volver a comprobarlo: su provincia de Bolognesi, desde este momento, es la más competitiva del mundo. Felicidades y buen viaje.

Le agradecimos ceremoniosamente y salimos con calma. Luego, en la puerta, nos abrazamos; me picoteó la sien, yo le acaricié la cresta y, sonriendo, le dije:

—Te pusiste nervioso, cóndor, tu cresta está pálida.

Se rió y, empujándome, me respondió:

—Sube nomás, vamos a volver de prisa, quiero ver cómo quedó nuestra provincia.

El regreso fue largo y también escabroso; el gran esfuerzo del cóndor se hacía notar. De rato en rato dejaba de aletear, perdíamos altura, tanto que casi caímos en un agujero negro, pero logró sobreponerse. Al desfalleciente cóndor solo le animaba ver a su provincia cambiada, ver la sonrisa de los niños del Huayhuash; sentía que todo esfuerzo desplegado valdría la pena. Cuando finalmente vimos nuestra tierra, la esfera azul suspendida en el firmamento, sonrió, abrió sus ojos enrojecidos por el polvo cósmico, con sus alas estrujadas que se batían como los agonizantes brazos de un ahogado. Me dio pena y le pedí que descansara, pero me respondió con autoridad:

—No puedo parar, tengo que ver mi sueño hecho realidad.

Semillas de bienestar: Salud, agua y desarrollo con identidad

Continuamos y, finalmente, estando cerca, decidimos ingresar a la provincia de Bolognesi sobrevolando los nevados de Jirishanca, El Toro y Yerupajá. El inmenso cóndor retomó vida; el viaje agotador había cesado, ahora él estaba en su hábitat, bien repuesto, entusiasta, recuperó su brío y prestancia de siempre. Así que decidimos pasar revista, comenzando por lo principal: la salud.

Observamos que la capital de la provincia disponía de un hospital moderno donde se podía resolver cualquier exigencia médica. En los distritos, incluidos los más alejados, existían centros de salud con infraestructura competente y personal médico suficiente, y disponían de medicinas para cualquier circunstancia. Se realizaban programas de salud permanentes que demostraban una ejemplar cultura de salud preventiva, con atenciones preferenciales para los niños, madres y ancianos. Su programa provincial se denominaba Primero mi salud, el cual había merecido reconocimientos, certificaciones y premios a la calidad, cuyas evidencias se observaban en las paredes de los diversos locales, demostrando efectividad, prestigio y reconocimiento nacional e internacional.

Pero para que estas instalaciones trabajen bien, la energía es fundamental. Notamos que el acceso a la energía eléctrica era del 100% de la población, las 24 horas del día y todo el año, utilizando energía limpia y combinando muy bien diversas fuentes renovables. El programa correspondiente se denominaba Mi energía limpia.

Mientras visitábamos las ciudades, la sonrisa del cóndor era cada vez mayor.

—Ahora veamos cómo está el agua, pues el problema del calentamiento global es muy serio, peor para nosotros que tenemos al Huayhuash como símbolo —subrayó.

Vimos que los ciudadanos disponían de servicios de agua y desagüe en todos los pueblos, y las ciudades con poblaciones mayores a 1000 habitantes trataban las aguas servidas antes de arrojarlas al río, e igualmente procesaban sus residuos. Su cuidado y seguridad de suministro comenzaban en las cumbres de sus nevados. El programa correspondiente se llamaba Mi agua limpia.

—Excelente, muy bien, pero la mayor exigencia de toda persona que pretende ser libre de clientelismos y proyectos lastimeros de asistencialismo es el empleo, veamos cómo va eso —comentó el exigente alado.

En nuestro minucioso recorrido observamos implementadas, en un nivel altamente competitivo, determinadas cadenas productivas que se sustentaban en una adecuada selección e identificación de su mapa de riquezas por cada distrito. Destacaban las industrias de plantas aromáticas, con extensos sembríos e instalaciones productoras de filtrantes, colonias y productos relacionados; también sobresalían las industrias productoras de lácteos, reluciendo como siempre la calidad de sus quesos. Algunos jóvenes se ufanaban de que lo que hay que admirar son los nuevos productos que se han gestado en la puna gracias al aporte de la ciencia y la tecnología, como la maca y sus derivados.

También destacaba la industria tradicional del tejido, basada en sus antiguos telares —ahora mejorados con tecnología reciente, pero manteniendo la imagen histórica del poncho habano—, en la que se veían relucientes y hermosas finas chompas, faldas, gorros y afines, elaborados con finos hilos de alpacas y vicuñas que poblaban inmensas extensiones de las punas con animales genéticamente seleccionados. Asimismo, brillaba la industria de la papa en su versión de nativas y otras variedades de tubérculos antes desconocidas y hoy de mucha aceptación.

Igualmente había pequeñas empresas relacionadas con el cuy, truchas y tuna, entre otros (basadas en experiencias de los Yachachi y mejoradas por el uso del conocimiento tecnológico). Esta efervescencia productiva se sustentaba en la educación emprendedora que se iniciaba en la educación básica, y en la especialización en institutos tecnológicos y algunas facultades universitarias con sedes en diversos distritos.

Mención aparte merecía la industria del turismo, de prestigio nacional e internacional, basada en los parques protegidos alrededor de la cordillera del Huayhuash, lagunas con aguas limpias, caminos incaicos recuperados y el aprovechamiento de la diversidad de sus costumbres. Se veían casi durante todo el año visitantes de todo el país y el mundo, quienes se sentían satisfechos por las comodidades de los hospedajes dotados de todas las tecnologías modernas, aun en los lugares cercanos a los nevados. Sus programas relacionados con estas actividades se denominaban Mi ciudad productiva y Mi empresa, los cuales habían sido estudiados, premiados y replicados en diversos lugares del mundo. Los indicadores decían que en la provincia de Bolognesi había pleno empleo, y este no se basaba únicamente en la venta de minerales sin procesamiento —existía industrialización de los mismos—, mientras que los lugares que antes eran zonas muertas hoy lucían un medio ambiente saludable.

La revolución del conocimiento y el despertar de la mente

Como ya se había insinuado, el gran boom bolognesino no está basado en la fuerza bruta ni en la venta ciega de los recursos naturales, sino en el conocimiento. Por ello, nos interesaba saber qué había ocurrido en la educación, cómo se realizó la revolución y en qué parecía radicar su diferencia en comparación con otros lugares que en el departamento aún parecían continuar pobres.

Con mucho interés decidimos conocer las escuelas.

—¡Impresionante! —dijo el cóndor, aleteando fuerte, tanto que me hizo tambalear, cuando supo que el 80% de los docentes tenía el grado de doctor en sus respectivas especialidades.

El programa dedicado a la capacitación de los docentes se denominaba Mi maestro doctor, el cual se basaba en alianzas realizadas con diversas universidades del mundo y un presupuesto regional que superaba el 10% de su PBI.

Un aspecto particular que notamos es que allí producían gran parte de sus materiales didácticos y tenían talleres muy bien implementados para este trabajo en las Unidades de Educación distritales. El nivel de manejo y conocimiento de los docentes en estos temas era tan alto que dichas unidades se habían convertido en empresas spin-off con gran éxito en el mercado nacional. Este exitoso programa se denominaba Aprendo haciendo. Todo lo que veíamos nos provocaba volver a ser niños para estudiar en esos ambientes.

Cuando visitamos los coliseos cerrados de los colegios, el gran bullicio denunciaba alegría y hurras por doquier. Un profesor nos dijo que había muchas competencias interdistritales, pero todas confluían en las esperadas Olimpiadas Provinciales. Allí la competencia era integral: se consideraban las disciplinas de ciencias naturales, ciencias sociales, oratoria, deporte y emprendimiento. Eran espectáculos impresionantes de gran interés social, que asemejaban los momentos estelares de los griegos: Cicerón declamando o Aristóteles confrontando con Galileo. Este original programa se denominaba Mi escuela compite. Los grandes campeones provinciales eran recepcionados en noches estelares por sus coterráneos residentes en la capital de la república; en la película que nos pasaron vimos al último campeón, el Colegio Guillermo Bracale, en los ambientes modernos del Club Chiquián, donde les otorgaron premios de estímulo y reconocimiento popular, en una verdadera fiesta del saber y del hacer.

Con solo ver eso nos hubiéramos sentido satisfechos; sin embargo, las impresiones descomunales continuaron. Esta vez, los niños de distritos alejados de la capital hablaban, además del español, el inglés, y se habían convertido en traductores para los visitantes extranjeros que frecuentaban la zona turística del Huayhuash. El cóndor quedó medio incómodo cuando no entendió el saludo en inglés de un niñito de nueve años y, avergonzado, reconoció:

—En mi época casi nadie sabía inglés, a las justas llegábamos a quinto de secundaria conjugando el verbo to be.

Sonreí como comprendiéndolo. La exigencia por el inglés era tan fuerte como las materias de matemáticas o lenguaje; con estas medidas los estudiantes habían elevado su aprovechamiento por completo, algo que se vio reflejado en las últimas pruebas PISA, donde Bolognesi fue la sensación a nivel nacional. El programa se denominaba simplemente Mi inglés abre puertas.

Ahora, habiendo visto todo esto, era explicable el éxito productivo de la provincia. Sin embargo, queríamos visitar sus aulas de clase. Cuando llegamos nos sorprendimos enormemente al notar que eran ambientes de última generación: afuera hacía tremendo frío, pero dentro estaba climatizado; las pizarras eran inteligentes (pantallas táctiles), las carpetas tenían una PC y los alumnos disponían personalmente de un iPad. El acceso a internet inalámbrico era total; nos decían que el iPad lo llevaban a todos lados y con él podían acceder a cualquier dirección electrónica en cualquier lugar, incluso mientras estaban en las chacras cosechando o acompañando a sus vaquitas, pues la conexión era satelital. Viendo todo esto, parecíamos especímenes de la edad de piedra.

—Achachay, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Qué ha ocurrido para que en tan corto tiempo pase todo esto? —preguntaba el cóndor en voz alta, y tenía razón—. El Destino es capaz de todo —sentenció filosóficamente.

Ahora queríamos saber cómo surgió en la gente la vena emprendedora para hacer productos de gran impacto comercial y social. En eso, un profesor nos explicó:

—El emprendimiento es una actividad permanente en la educación, y para eso no se tienen edades. El programa Yo emprendedor comienza desde la infancia y está muy unido a los cursos de ciencias naturales; practicamos el principio "del saber al hacer", con el que reconocemos desde niños las riquezas de la provincia y sus ventajas comparativas.

Claro, por eso existían tantas empresas de base tecnológica que mostraban una gran competitividad en sectores sensibles para la demanda nacional y mundial (TIC, biotecnología, nuevos materiales, turismo, agricultura, ganadería, textil, minerales, metalurgia y energías renovables, entre otros).

Para cerrar con broche de oro la visita a este sector, notamos que los niños y jóvenes tenían una elevada autoestima, la cual se había fortalecido mediante contactos permanentes y en vivo con paisanos que, siendo grandes personalidades en sus respectivos campos de trabajo —ya fueran empresarios, científicos, políticos o gobernantes—, venían hasta los distritos para servirles de ejemplo y comunicarse con ellos. Este original programa se denominaba Mi paisano exitoso, el cual había sido premiado en encuentros internacionales y ya se estaba imitando en otros países.

La huella del despertar y el retorno a la realidad

Casi exhaustos y contentos por lo que habíamos visto en educación, le propuse descansar antes de continuar viendo los sectores de transporte, comunicaciones y seguridad, que significaban realmente hacer grandes recorridos por las punas y valles. Con cierta desazón aceptó mi pedido y nos pusimos a descansar. Cogí un sueño tan profundo que, cuando desperté, ya no tenía junto a mí a mi gran amigo de viaje, el cóndor del Huayhuash. Lo ocurrido había sido un vigoroso y futurista sueño que hoy comparto con ustedes.

la Pluma del Viento (Agustín Zúñiga Gamarra)

Lima, 6 de octubre de 2011

(Nota: Este texto fue motivado y preparado para la invitación del congresista Modesto Julca y Eduardo Martin, ocurrida el 16 de septiembre de 2011).


RESUMEN DE PROPUESTAS

Tópico

Desarrollo

Comentario

Salud

• Hospital en la capital de Bolognesi.

Demuestra una visión integral donde la prevención y la infraestructura de calidad llegan tanto a la capital como a las zonas más alejadas.

• Postas médicas en todos los distritos con infraestructura, personal especializado y medicinas abastecidas.

• Programas preventivos (Programa ESTOY SANO) con atención preferencial a niños, madres y ancianos con oportunidad y solvencia.

 

Energía

• Acceso a la energía eléctrica al 100% de la población las 24 horas del día (Programa ENERGÍA SALUDABLE).

Anticipa la urgencia de la transición energética global y la sostenibilidad ambiental aplicada al ámbito rural altoandino.

• Uso exclusivo de energía limpia y fuentes renovables (solar, eólica, biomasa).

 

Transporte

• Acceso por vías terrestres seguras a todas las capitales de distrito (Programa MI CARRETERA).

Clave para romper el aislamiento histórico y dinamizar la economía local y el intercambio comercial de la provincia.

• Interconexión al 100% con suficientes líneas de transporte para pasajeros y negocios.

 

Comunicación

• Acceso a internet en todas las escuelas y cabinas compartidas en las plazas (Programa PAN DIGITAL).

Apuesta por la democratización de la información y la conectividad como herramientas indispensables para el desarrollo moderno.

• Acceso oportuno a diarios y medios físicos o electrónicos (Programa ESTOY INFORMADO).

 

Agua y Desagüe

• Agua potable y desagüe en todos los pueblos (Programa AGUA LIMPIA).

Subraya la responsabilidad ambiental y el cuidado de los recursos hídricos desde las cumbres de los nevados frente al cambio climático.

• Tratamiento de aguas servidas en capitales y pueblos mayores a 1000 habitantes, sumado a procesadoras de residuos orgánicos.

 

Aspectos Productivos

• Levantamiento de mapas de riqueza por distrito.

Desplaza el asistencialismo hacia la competitividad sostenible, basando la riqueza provincial en la diversificación y la industrialización local.

• Cadenas productivas competitivas (plantas aromáticas, lácteos, tejidos, agricultura, turismo y tecnologías adaptadas como los Yachachic) y fomento del emprendimiento (Programa MI EMPRESA).

 

Educación

• Docentes con grados de magíster y doctor (Programa MI MAESTRO DOCTOR).

Es el motor central de todo el modelo: una revolución educativa profunda que garantiza que las nuevas generaciones compitan con solvencia a nivel nacional y mundial.

• Escuelas con materiales didácticos (Aprendo Haciendo), coliseos deportivos y culturales (Mi Escuela Campeona), bilingüismo inglés-español (My English), mentalidad emprendedora (Yo Emprendedor) y referentes de éxito (Mis Paisanos Exitosos).

Seguridad

• Ciudades seguras con óptima cultura de seguridad ciudadana, presencia policial adecuada e infraestructura penitenciaria suficiente (Programa MI CIUDAD SEGURA).

Garantiza la paz social y el orden institucional como pilares indispensables para la convivencia y la inversión en el desarrollo provincial.

Preparado por:

Agustin Zúñiga Gamarra

Fecha:

Octubre de 2011

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