DECIR NO, ¡QUÉ DIFÍCIL!

A veces, el pensamiento se despierta antes que el cuerpo. Es en ese primer tramo del día —cuando el bullicio aún duerme y la luz apenas asoma— que la memoria comienza a hablar. No a gritos, sino con ese murmullo suave que nace del balance interior: lo que hicimos, lo que dimos, lo que postergamos.

En medio del silencio fecundo, del amanecer lúcido surgió este texto. No como una queja, sino como una necesidad de entender por qué tantas veces decimos “sí”, y tan pocas veces nos atrevemos a decir “no”.

A lo largo de los años, descubrí que la generosidad sin pausa puede ser también una forma de olvido propio. Y que el buen colaborador, si no se cuida, corre el riesgo de desaparecer en su propio empeño.

Aquí les comparto, con la esperanza de que toque alguna fibra en quienes, como yo, buscan aún aprender el arte sereno y necesario de decir: “no”.

En cada rincón del trabajo, en cada espacio del laboratorio, siempre aparece algún colega, con alegría o con desencanto, interrumpiendo la rutina.

—Amigo, tengo un problema que no puedo resolver. ¿Me ayudas?

—Nunca respondo que no.

Muchas veces, sentado en el escritorio, postergaba la hora del recreo, una salida al balcón o una taza de café en la mesa del comedor. Tenía que robarle minutos al tiempo libre para cumplir con la tarea ofrecida al amigo. Así ocurrió siempre. Nunca pudo decir no.

En uno de esos diálogos con la soledad, sentado en el banco junto a la poza de agua, bajo los árboles, repasó su semana. Estaba agotado. No había asistido al juego de ping-pong en la tarde, cuando le invitaron. En ese silencio, comprendió que tal vez se había equivocado al aceptar una tarea más. Por ello había postergado la invitación de Ricardo, el responsable del juego de tenis de mesa.

—Temo que actué mal. Ricardo es un amigo de años. No debí aceptar esa tarea —se dijo, con un nudo en el pecho.

 En el fondo, también comprendió que había fallado a sí mismo. Se retiró, repitiendo en voz baja:

—¿Cuándo digo sí a mi tranquilidad? ¿Cuándo digo sí a mi descanso?

Pero no todo ha sido negativo. En el balance, hubo también cosas buenas. Asumir responsabilidades durante los fines de semana —sábado o domingo, por la mañana, cuando la familia aún dormía— permitió que, sentado en su escritorio, escribiera, leyera, y preparara el programa de radio dominical. Tenía que levantarse más temprano y cumplir con la palabra dada al director del programa. Posteriormente, reunió muchas de esas notas, que luego se convirtieron en libros impresos.

Sin embargo, no basta con ver solo el lado positivo, como tú lo llamas -su conciencia habló-- también debes admitir que la vida es breve, y que en vez de escribir o leer desde temprano, podrías haber salido a pasear, a respirar otro aire, a conocer otros rincones de Lima.

—En casi 60 años viviendo en esta ciudad, no has visitado sus hermosos museos.

—No has salido, ni siquiera en tu propio auto, a lugares cercanos.

 Es cierto, lo entendió. Por eso, al final, hay que hacer un balance: decir NO es un acto maduro. Pero antes, es necesario hacer una EVALUACIÓN del plan semanal. ¿Tendré tiempo? ¿Qué actividades tengo pendientes? Si el plan es mensual, mejor: así sabrás si ese domingo hay paseos, teatro, fútbol o un simple descanso.

En conclusión, esa frase que tanto te gusta repetir —“El hombre ocupado siempre tiene tiempo”— puede sonar sabia, pero también te ha impedido decir no. Desde allí, parece que eres un buen colaborador. Pero, en realidad, revela una falta de planificación. Eso sí, has cosechado frutos valiosos: alegría y escritura.

Recuerdo aquellos años de juventud, cuando nos reuníamos en algún paraje —sierra o playa— a hacer fogatas, compartir charlas, beber, hacer ejercicios. Si eso no hubiera ocurrido, hoy no tendrías en la memoria esas tardes de sol poéticas, esas noches estrelladas bajo la luna, junto a amigos y momentos imborrables.

 Entonces, en tu próxima planificación mensual, incluye todo eso. Usa la IA, organízate. Dale espacio a la escritura, pero también al museo, al teatro, a las salidas, incluso al deporte. Solo entonces sabrás decir NO, porque habrás aprendido a decir SÍ a tu salud, a tu alegría y a tu tranquilidad.


La Pluma del Viento
Lima, 25 de julio de 2025

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