POEMAS DEL MARGEN III


SOY CIRCUNSTANCIAS

En cada punto del espacio

mi aporte surge irreverente

al inicio éramos caos pródigo

ahora siento que cada palabra

tiene una circunstancia, un qué decir.


Me place si tiene pentagrama,

empero no todos son cantos:

más veces hay llanto y deudas,

por eso aparecen pancartas provida.


Puedo estar en este lugar de dinero

o en otros muchos donde hay sudor;

en cualquier caso, es la vida

que deja su firma, aun sin quererlo


Así es porque te admiro, poesía:

por reflejar mi esencia, mis úlceras...

Pero también recoges música celestial;

eres una necesidad de alegría y dolor.


La Pluma del Viento

Lima, 12 de febrero de 2026


LUGAR DE SANTIDAD

Desde las anchas calles

del Damero de Pizarro,

alcancé las puertas históricas

del convento de Santo Domingo.


Hábitos blancos de capucha negra

me recibieron entre memoria y santidad:

Allí San Martín de Porres y San Juan Macías,

y el perfume especial de nuestra Santa Rosa de Lima.


El ambiente de museo abierto es motivante;

en cada paso, desde el ingreso, se ilumina el corazón.

Sus paredes de azulejos devuelven esencia hispana

y la inmensidad de sus columnas guía al cielo.


Sus jardines multicolores arrullan el aire

contemplar desde su centro es hallar sabiduría divina;

por aquí discurrían los santos en oración,

sus criptas son demostración de santidad y devoción.  


¿Cómo no aproximarse a la verdad divina?

¿Cómo no amar al pobre, si aquí soy amado?

¿Cómo no admirar la naturaleza si aquí hay verdad?

Aquí las sombras se desvanecen, no existen. 


Con el amor de los santos que todo lo inundan,

con la bendición de sus milagros que aún cantan,

me retiré complacido: que este registro que dejo

servirá para aquellos que buscan la calma eterna.


La Pluma del Viento

Lima, 13 de febrero de 2026.


LA VISPERA

Aprisiono al tiempo esquivo,

no acepto sus latidos descompasados.

Si hay alegría, ¿por qué tan lento?

Si mañana es fiesta, ¿por qué te detienes?


Entre los parajes me desprendo

de esas garras adimensionales;

de pronto veo que hay salidas musicales,

que emergen espacios para salir de la hoguera.


Quedan pocos lugares para guarecerme,

no me importa si hay ruido o gentío,

no me incomoda si todo sabe a ají:

cuando ingresa la luz la pluma se agita.


Mañana será un día especial,

dicen que vine un lunes en madrugada;

por eso amo las cinco en mi punto de apoyo,

donde el aire nutritivo emerge entre hojas y libros.


Hoy, desde este balcón populoso,

miro pasar los buses, los rostros. 

Unos me llevarán lejos, a lo desconocido;

en cambio, los libros me detienen

y me devuelven, siempre, a la víspera. 


La Pluma del Viento

Lima, 6 de febrero de 2026


BARRIO  ALEGRE

Atrás dejaron nieves portentosas,

hoy enfrentan un mar inamistoso;

pero ni el oleaje ni las ausencias vencieron:

desde el ventanal alquilado sonríen al barrio.


A veces la mente vibraba con huaynos

pero las cartas lejanas instaban a seguir:

Era el compromiso de hijo, de joven pionero

que imprimía superación a todo obstáculo


Los inmensos prados del ande peruano

se hicieron calles angostas de luz vespertina;

sin embargo, la juventud, sedienta de retos, 

halló en el deporte su gloria y su esquina.


Flores tempranas llamaron la atención

gorriones cantores soltaron su trino;

nacieron amores, promesas de dicha ...

pero las aves migraron buscando su destino. 


Culminaron sus carreras, adentro o fuera,

el barrio quedó huérfano de aquella hermandad;

el tiempo cambió, los muchachos a adultos,

pero el grupo se junta para repetir historias sin edad. 


Pero el fin es inexorable al ser humano

algunos anticiparon su viaje al infinito

otros, rebeldes, resisten al llamado

y vuelven al balón, al brindis, al canto ...

porque si hay una sola vida, ¡más vale vivirla así!


La Pluma del Viento

Lima 16 de febrero de 2026



Comentarios para una guía a los poemas expuestos en este POEMAS DEL MARGEN III sin embargo, es solo una manera de ver los mismos usted lo define. 

Hay poetas que escriben desde la distancia del mundo, como quien observa el mar desde un acantilado. Y hay otros —los más auténticos, los más necesarios— que escriben desde adentro del oleaje, con arena en los pies y sal en la voz. A estos últimos pertenece el autor de Poemas del Margen III, un conjunto de cuatro composiciones fechadas en Lima durante este febrero de 2026, que llegan al lector como cuatro ventanas abiertas sobre una misma ciudad, una misma alma y un mismo tiempo.

El término "margen" del título no debe engañarnos. No se trata aquí de una escritura periférica ni menor. Al contrario: el margen es el espacio donde el texto respira, donde la vida desborda la línea y se derrama. Estos poemas son exactamente eso: el desbordamiento de una sensibilidad que no cabe en el renglón ordenado de la existencia cotidiana. Son apuntes tomados al borde del día, en ese territorio fronterizo entre lo que se vive y lo que se nombra.

I. Soy Circunstancias — La poética como declaración de ser

El primero de los poemas es, en rigor, un arte poética disfrazada de confesión. "Soy circunstancias" enuncia desde el título una posición filosófica que el texto desarrolla con honestidad: la identidad no como esencia fija sino como suma de momentos, de contextos, de lo que la vida deposita sobre nosotros sin pedirnos permiso. Hay en esta visión ecos del existencialismo más cercano a nuestra tradición latinoamericana —ese que aprendimos no en los libros sino en las calles— y también una reivindicación de lo impuro, de lo mezclado, de esa condición peruana que no se deja reducir a una sola categoría.

La imagen de las "pancartas provida" junto al "lugar de dinero" y los espacios "donde hay sudor" dibuja una Lima plural, contradictoria y profundamente humana. El poema no resuelve esa contradicción: la habita. Y en esa decisión de morar en la tensión antes que de escapar de ella reside su mayor virtud literaria. La poesía, declara el poema al final, es "una necesidad de alegría y dolor" —definición que vale tanto para el género como para la vida misma.

II. Lugar de Santidad — El alma barroca de Lima

Si el primer poema nos sitúa en el plano de la identidad, el segundo nos lleva a un lugar concreto: el Convento de Santo Domingo, en el corazón del Damero de Pizarro. Pero Lima —la Lima que este poeta conoce y ama— nunca es solo geografía. Aquí la arquitectura colonial deviene en teología, en historia viva, en comunidad de santos que siguen intercediendo desde sus criptas.

San Martín de Porres, San Juan Macías, Santa Rosa de Lima: el poema los convoca no como figuras de culto abstracto sino como compañía concreta, como presencias que el visitante casi puede rozar al caminar por los pasillos de azulejos. Esta es una característica profunda de la religiosidad popular peruana —esa que viene de abajo, que mezcla devoción con ternura, que no separa lo sagrado de lo cotidiano— y el poema la capta con una naturalidad que ningún tratado teológico podría igualar.

Las tres preguntas retóricas del penúltimo estrofe ("¿Cómo no aproximarse a la verdad divina? / ¿Cómo no amar al pobre...? / ¿Cómo no admirar la naturaleza...?") constituyen el momento de mayor intensidad emotiva del conjunto. Son preguntas que no esperan respuesta porque son, en sí mismas, una respuesta. La visita al convento ha obrado lo que en teología se llama una metanoia, una conversión del ánimo, y el poema es el testimonio escrito de esa transformación.

III. La Víspera — El tiempo y la espera como materia poética

El tercero es quizás el más íntimo y el de mayor sutileza formal. El poema construye una fenomenología del tiempo subjetivo —ese tiempo que no se mide en relojes sino en expectativas— con una precisión que sorprende. "Si hay alegría, ¿por qué tan lento? / Si mañana es fiesta, ¿por qué te detienes?" son versos que cualquier ser humano ha sentido en su cuerpo, pero que pocos han sabido convertir en imagen poética.

El "balcón populoso" desde el que el hablante observa el paso de buses y rostros es uno de los grandes tropos de la poesía urbana latinoamericana. Desde Vallejo hasta Adélia Prado, desde Martín Adán hasta Benedetti, el poeta en el balcón es el testigo privilegiado de la ciudad que fluye. Aquí, sin embargo, hay una vuelta de tuerca: los buses "llevarán lejos, a lo desconocido" mientras que los libros "detienen" y "devuelven, siempre, a la víspera." El libro no como evasión sino como anclaje; la literatura no como huida del mundo sino como retorno perpetuo a él.

La revelación biográfica —"dicen que vine un lunes en madrugada"— introduce una nota personal que humaniza el poema sin sentimentalizarlo. El cumpleaños como víspera permanente, como umbral que se vuelve a cruzar cada año. Hay en eso una sabiduría melancólica y serena al mismo tiempo.

IV. Barrio Alegre — La épica mínima de la migración interna

El cuarto poema cierra el ciclo con lo que podría llamarse una épica de escala menor, pero de una hondura mayor: la historia de jóvenes provincianos que llegan a Lima cargando montañas a la espalda y construyen, en las calles angostas, una segunda identidad sin perder la primera. Es la historia de millones de peruanos. Es, en muchos sentidos, la historia de Lima misma.

El poema traza un arco temporal completo: la llegada, el esfuerzo, el deporte como comunión y como gloria, los amores y su pérdida, el tiempo que todo lo transforma y ese grupo que sin embargo se reúne "para repetir historias sin edad." Hay una comprensión profunda de lo que significa la identidad colectiva en la cultura andina y costeña del Perú: la comunidad no se disuelve, se transforma; el barrio no muere, se convierte en memoria activa.

El verso final —"porque si hay una sola vida, ¡más vale vivirla así!"— irrumpe con la fuerza de un acuerdo unánime, de un brindis compartido. Es un verso que podría parecer sencillo pero que en el contexto del poema tiene el peso de una conclusión filosófica ganada a pulso, después de haber contemplado la vida, la muerte, la distancia y el tiempo. No es optimismo fácil: es alegría conquistada.

Una nota final 

Leídos como unidad, estos Poemas del Margen III conforman un mosaico coherente de la condición humana en el Perú contemporáneo. La identidad, la fe, el tiempo y la comunidad son sus cuatro grandes temas, y el poeta los aborda con una voz que ha encontrado su tono: conversacional pero nunca trivial, íntima pero nunca ensimismada, peruana hasta la médula pero universal en sus preguntas.

En una época en que la poesía corre el riesgo de volverse ejercicio de laboratorio, alejado de la plaza y del mercado y del balcón y del convento, estos poemas recuerdan que el género nació para dar voz a lo que la vida tiene de más urgente e inefable. Son, en ese sentido, poemas necesarios. Y los lectores de Chiquian Cultura —herederos de una tradición que siempre supo que la cultura no es ornamento sino sustancia— sabrán reconocer en ellos algo que les pertenece.




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