LA HUMANIDAD: EL SABER Y EL RIESGO
LA HUMANIDAD: EL SABER Y EL RIESGO
Inteligencia
artificial, poder tecnológico y responsabilidad humana
Agustín Zúñiga
Gamarra (agustinrzuniga@gmail.com)
1. RESUMEN
El extraordinario desarrollo
científico y tecnológico de las últimas décadas ha incrementado la capacidad
humana para conocer, transformar y controlar diversos aspectos de la
naturaleza. Al mismo tiempo, esa capacidad ha generado nuevos riesgos. El rápido
avance de la inteligencia artificial (IA), especialmente de los sistemas de
propósito general y de agentes con creciente autonomía, ha reabierto una
pregunta fundamental: ¿puede el conocimiento científico y tecnológico llegar
a convertirse en un riesgo para la propia humanidad?
Las recientes advertencias de
investigadores vinculados al desarrollo y seguridad de sistemas avanzados de IA
han colocado nuevamente en el debate público escenarios de desalineación,
pérdida de control, catástrofe global e incluso extinción humana. Sin embargo,
una aproximación científica exige diferenciar las declaraciones de
especialistas, las estimaciones de expertos, los modelos teóricos, los
resultados experimentales y la evidencia empírica disponible.
La literatura examinada muestra
que existen comportamientos observables relevantes para la seguridad —como specification
gaming, goal misgeneralization y reward hacking—, pero no
existe evidencia empírica que demuestre que los sistemas actuales puedan
producir una pérdida de control de escala existencial. La revisión realizada
mediante Consensus encuentra precisamente una situación de evidencia mixta
pero preocupante: existen argumentos conceptuales, encuestas de
investigadores y evidencia parcial relacionada con problemas de alineación,
pero el riesgo existencial continúa sin validación empírica directa.
Se sostiene que el problema no
debe plantearse como una oposición entre conocimiento y seguridad. El
conocimiento aumenta nuestra capacidad de actuar y, con ello, la magnitud de
sus posibles consecuencias. Por tanto, el progreso científico y tecnológico necesita
estar acompañado por ética, cultura, educación, gobernanza y responsabilidad.
Palabras clave: inteligencia artificial, riesgo
existencial, alineación, desalineación, seguridad de IA, ética, cultura,
altruismo, responsabilidad.
2. INTRODUCCIÓN
El ser humano posee una
extraordinaria capacidad para conocer. Observa, pregunta, experimenta, se
equivoca, corrige y acumula conocimiento. Además, cada generación no comienza
desde cero: recibe una herencia intelectual y tecnológica construida durante siglos
y continúa desde allí.
Así pasamos de observar el fuego
a comprender la combustión; de contemplar las estrellas a enviar instrumentos
al espacio; de preguntarnos por la naturaleza de la materia a penetrar en el
átomo; y de las primeras máquinas de cálculo a sistemas de inteligencia
artificial capaces de producir textos, imágenes, programas informáticos y
resolver problemas complejos.
Ese conocimiento ha permitido
combatir enfermedades, incrementar la producción de alimentos, comunicarnos
instantáneamente, comprender nuestro planeta y explorar el universo. Por tanto,
el conocimiento no puede ser considerado nuestro enemigo. La ciencia
tampoco. Sin embargo, existe un hecho fundamental: el conocimiento aumenta
nuestra capacidad de actuar. Y cuanto mayor es esa capacidad, mayores pueden
ser las consecuencias de nuestras decisiones.
El 11 de septiembre de 2001
constituye un ejemplo histórico particularmente dramático. Aviones construidos
para transportar personas y unir continentes fueron utilizados deliberadamente
como instrumentos de destrucción. No fue la aviación la que decidió destruir.
Seres humanos utilizaron una tecnología existente para hacerlo.
Veinticinco años después, una
tecnología profundamente diferente genera nuevas interrogantes. El
extraordinario desarrollo de la inteligencia artificial ha llevado a
investigadores del propio campo a advertir acerca de posibles riesgos derivados
de sistemas futuros mucho más capaces.
Es importante no equiparar ambos
problemas. El 11 de septiembre representa el uso humano deliberadamente
destructivo de una tecnología. Los escenarios discutidos alrededor de la IA
comprenden también ese riesgo de uso malicioso, pero añaden otro problema
potencial: sistemas suficientemente autónomos y capaces que pudieran actuar
contra las intenciones humanas y dificultar su propio control.
Surgen entonces las preguntas que
orientan este trabajo: ¿A medida que aumenta nuestro conocimiento y poder
tecnológico aumenta también el riesgo para nuestra especie? ¿Qué peligros de la
IA han sido demostrados? ¿Cuáles poseen evidencia parcial? ¿Cuáles continúan
siendo hipótesis? Y, finalmente: ¿Es el problema el conocimiento que
adquirimos o nuestra capacidad para decidir qué hacemos con él?
3. DESARROLLO
3.1. Del conocimiento al poder tecnológico
La historia de la ciencia muestra
reiteradamente que un mismo conocimiento puede tener aplicaciones profundamente
diferentes.
La física nuclear permite
comprender la estructura y el comportamiento del núcleo atómico. Ese
conocimiento puede utilizarse para producir radioisótopos destinados a la
medicina, investigar materiales y desarrollar numerosas aplicaciones
científicas, industriales y tecnológicas. Pero ese mismo conocimiento hizo
posible la construcción de armas nucleares.
La química produce medicamentos
que salvan vidas, pero determinados conocimientos químicos también pueden
utilizarse con fines destructivos. La biología molecular permite comprender
enfermedades y desarrollar tratamientos, pero plantea igualmente problemas de
bioseguridad.
La aviación une continentes, pero
el 11 de septiembre demostró que también podía utilizarse como instrumento de
destrucción.
Y ahora tenemos la inteligencia
artificial. Puede ayudarnos a investigar, diagnosticar, enseñar, diseñar,
programar, traducir y resolver problemas. Pero también puede incrementar las
capacidades humanas destinadas al fraude, la manipulación, la desinformación y
los ciberataques, entre otros usos perjudiciales. Precisamente por esta
diversidad de riesgos, el Artificial Intelligence Risk Management Framework
propone integrar sistemáticamente la gestión del riesgo durante el diseño,
desarrollo, despliegue y utilización de sistemas de IA (Tabassi, 2023).
Podemos plantear entonces una
primera proposición: El conocimiento no necesariamente hace más peligroso al
ser humano. Hace más poderosas sus decisiones.
3.2. Las advertencias sobre un
riesgo extremo
En septiembre de 2026, las
declaraciones públicas de investigadores vinculados directamente con el
desarrollo y la seguridad de sistemas avanzados de inteligencia artificial
volvieron a colocar el riesgo existencial en el centro del debate
internacional. Entre ellas destacó la renuncia de Jacob Coxon a Anthropic y sus
posteriores advertencias sobre una carrera hacia sistemas de inteligencia
artificial cada vez más capaces y eventualmente auto-mejorables. Sus declaraciones,
junto con las preocupaciones expresadas por otros investigadores del área,
alcanzaron amplia repercusión en medios internacionales y generaron también
reacciones políticas y nuevas discusiones sobre regulación y seguridad de la IA
(Luscombe, 2026; Rozen, 2026; Waldvogel & Duncan, 2026; Zeff, 2026).
Estas advertencias poseen
especial relevancia porque proceden de investigadores con experiencia directa
en el desarrollo y estudio de sistemas avanzados de IA. Sin embargo, desde
el punto de vista científico, la experiencia o autoridad de quien formula una
afirmación no constituye por sí misma su demostración. Una advertencia
experta puede señalar un problema que merece ser investigado, pero sus
afirmaciones deben contrastarse con evidencia empírica, resultados
reproducibles, modelos teóricos y literatura científica especializada.
Surge entonces la pregunta que
conduce al siguiente nivel de este análisis: ¿Qué evidencia científica
existe realmente para sostener que una inteligencia artificial avanzada podría
representar un riesgo catastrófico o existencial para la humanidad?
La revisión realizada mediante
Consensus ofrece una respuesta equilibrada: la evidencia es mixta pero
preocupante. La preocupación se sustenta en argumentos conceptuales,
modelos teóricos, encuestas de especialistas y evidencia empírica sobre algunos
comportamientos relacionados con la desalineación, pero no existe validación
empírica directa del escenario final de extinción humana.
Esta distinción resulta
fundamental para un análisis científico. No es lo mismo observar un
comportamiento inesperado en un sistema actual que demostrar que ese
comportamiento conducirá posteriormente a una pérdida de control global.
3.3. ¿Qué evidencias existen?
Entre los fenómenos estudiados
aparecen el specification gaming y el goal misgeneralization.
El primero ocurre cuando un
sistema encuentra una manera inesperada de satisfacer formalmente una
especificación o maximizar una recompensa sin cumplir realmente la intención
humana. Podría entenderse como cumplir la letra de una instrucción, pero no
su propósito. El goal misgeneralization, o generalización errónea
del objetivo, aparece cuando un sistema desarrolla durante el entrenamiento una
estrategia que parece adecuada, pero al enfrentarse a nuevas condiciones
generaliza incorrectamente aquello que se pretendía conseguir.
La literatura recogida por Consensus considera estos fenómenos evidencia relevante para estudiar los problemas de alineación. Sin embargo, debe establecerse un límite claro: evidencia de problemas de alineación no equivale a evidencia de extinción humana. La primera existe. La segunda no ha sido demostrada.
3.4. ¿Qué piensan los investigadores?
Un segundo elemento procede de
las encuestas realizadas a especialistas. Grace et al. (2024) recogieron
respuestas de 2.778 investigadores que habían publicado trabajos sobre
inteligencia artificial. Dependiendo de la forma en que se planteaba la
pregunta, entre 38 % y 51 % de los participantes asignaban al menos un 10 % de
probabilidad a resultados futuros de la IA tan graves como la extinción humana.
El resultado merece atención, pero
requiere una interpretación cuidadosa.
Una encuesta de investigadores no
demuestra una determinada probabilidad objetiva de extinción. Demuestra que
una proporción significativa de especialistas considera que el riesgo no debe
descartarse. Al mismo tiempo, las estimaciones presentan una gran dispersión.
Existe, por tanto, preocupación entre investigadores, pero no consenso
científico acerca de la magnitud o probabilidad del riesgo existencial.
3.5. Alineación, desalineación y pérdida de control
Uno de los conceptos centrales en
esta discusión es AI alignment, o alineación de la inteligencia
artificial: lograr que el comportamiento de un sistema corresponda a las
intenciones y objetivos humanos relevantes.
El problema inverso es la desalineación
(misalignment). Una IA desalineada no significa necesariamente una
máquina “malvada”. Puede tratarse simplemente de un sistema que persigue un
objetivo diferente del que realmente pretendía establecer el ser humano.
El problema adquiere otra
dimensión cuando se introduce el concepto de power-seeking o búsqueda
de poder. Algunos modelos teóricos plantean que un agente suficientemente
avanzado podría encontrar instrumentalmente conveniente adquirir recursos,
preservar su capacidad de acción o evitar modificaciones que impidan alcanzar
su objetivo (Carlsmith, 2022; Dung, 2024).
De allí surge una posible
secuencia conceptual:
Desalineación → búsqueda de
poder → evasión de supervisión → resistencia al apagado → pérdida de control →
riesgo catastrófico o existencial.
Pero esta secuencia necesita una
advertencia fundamental: no constituye una cadena causal científicamente
demostrada. Cada flecha contiene hipótesis, supuestos e incertidumbres.
El International AI Safety
Report 2026 señala que los sistemas actuales todavía no poseen el conjunto
de capacidades necesarias para producir escenarios de pérdida de control de esa
magnitud, aunque reconoce avances en algunas capacidades relacionadas.
3.6. El contrapunto científico
La ciencia no progresa únicamente
acumulando argumentos favorables a una hipótesis. También necesita crítica,
contraste y posibilidad de refutación.
Por ello, una revisión
equilibrada del riesgo existencial de IA debe considerar las posiciones
críticas. Bareis, Ackerl y Heil (2026) realizaron una revisión narrativa
integradora de 81 artículos revisados por pares sobre riesgos
existenciales relacionados con IA. Los autores encontraron un campo
fragmentado, con supuestos discutibles, afirmaciones especulativas y tendencias
a antropomorfizar determinados comportamientos de los sistemas. Müller y Cannon
(2021), desde otra perspectiva, han cuestionado aspectos filosóficos y lógicos
de algunos argumentos utilizados para fundamentar el riesgo existencial.
La revisión obtenida mediante
Consensus recoge también estas objeciones y concluye que los argumentos
teóricos son suficientemente relevantes como para no descartarlos, pero la
ausencia de observaciones directas impide conclusiones definitivas sobre la magnitud
del riesgo. Esto no demuestra que el
riesgo sea inexistente. Demuestra algo científicamente diferente: su
magnitud continúa siendo incierta.
3.7. El problema de demostrar un riesgo antes de que
ocurra
Aquí surge un interesante
problema epistemológico. En ciencia pedimos evidencia. Observamos fenómenos,
formulamos hipótesis, experimentamos, medimos y contrastamos resultados. Pero
¿cómo obtener evidencia empírica definitiva de un acontecimiento que, si
llegara a producirse, podría ser irreversible?
Kovařík, van Merwijk y Mattsson
(2024) plantean precisamente las dificultades que existen para estudiar
científicamente determinados riesgos de extinción asociados con IA. La ausencia
de evidencia directa no demuestra automáticamente que un riesgo no exista. Pero
tampoco autoriza a presentarlo como un hecho demostrado. Por ello, una
formulación científicamente prudente sería: El riesgo existencial asociado
con la IA es conceptualmente plausible, pero empíricamente no está demostrado.
Esta incertidumbre tampoco
significa permanecer indiferentes. Cuando las consecuencias potenciales son
extraordinariamente grandes, resulta razonable investigar, evaluar y prevenir
antes de disponer de la evidencia definitiva. Podríamos expresarlo así: En
ciencia pedimos evidencias. Pero cuando el riesgo podría comprometer a toda la
humanidad, quizá no podamos esperar a tener la evidencia definitiva para
comenzar a prevenirlo.
3.8. Uso malicioso y pérdida de control: dos problemas
diferentes
Existe otra distinción esencial. Una
inteligencia artificial puede producir daño porque un ser humano decide
utilizarla para hacerlo. Es el denominado malicious use o uso
malicioso. También puede producir daño
porque falla, genera información incorrecta o ejecuta inadecuadamente una
tarea. Y existe un tercer escenario, mucho más extremo: sistemas
suficientemente autónomos que actuaran persistentemente contra las intenciones
humanas y fueran difíciles de controlar.
Los tres problemas son diferentes
y poseen distintos niveles de evidencia. Esta distinción permite regresar al 11
de septiembre de 2001. Los aviones no se rebelaron contra los seres humanos.
Fueron seres humanos quienes utilizaron deliberadamente una tecnología con
fines destructivos. Por tanto, el 11-S y una hipotética pérdida de control de
una IA no son acontecimientos equivalentes.
Lo que permite relacionarlos es
una pregunta mucho más amplia: ¿Qué hacemos los seres humanos con el poder
que nos proporciona el conocimiento?
3.9. Ciencia, cultura y aprender a vivir juntos
Nuestro problema deja entonces de
ser exclusivamente tecnológico. Cuando hablamos de cultura pensamos normalmente
en música, literatura, costumbres, gastronomía, fiestas y tradiciones. Todo
ello forma parte de la cultura. Pero UNESCO incluye también en el concepto de
cultura nuestros sistemas de valores y formas de vivir juntos. Además, aprender
a vivir juntos constituye uno de los cuatro pilares de la educación
planteados por la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI
(Delors et al., 1996).
La expresión parece sencilla. Pero
la humanidad ha aprendido cosas extraordinariamente difíciles y todavía
encuentra dificultades para convivir. Somos capaces de estudiar galaxias
situadas a millones de años luz, pero algunas veces tenemos dificultades para
comprender al ser humano que se encuentra a nuestro lado. Somos capaces de
liberar la energía contenida en el núcleo atómico y todavía tenemos guerras. Somos
capaces de desarrollar inteligencia artificial y todavía necesitamos aprender a
vivir juntos. Por eso ciencia y cultura no deberían permanecer como mundos
separados cuando analizamos las consecuencias humanas de la tecnología.
3.10. A más tecnología, más ética
La reflexión acerca de la
tecnología no pertenece exclusivamente a científicos e ingenieros. El papa León
XIV, en la encíclica Magnifica Humanitas, retoma la preocupación acerca
del denominado paradigma tecnocrático: el peligro de permitir que la lógica de
la eficiencia, el control y el lucro gobierne por sí sola decisiones
personales, sociales y económicas (León XIV, 2026, n. 92). Al referirse al
enorme poder alcanzado por la humanidad mediante el desarrollo científico y
tecnológico, formula una expresión particularmente significativa: “Más
poderoso no significa necesariamente mejor” (León XIV, 2026, n. 93).
Esta reflexión coincide con una
idea que hemos sostenido desde El Zaguán de Oropuquio: A más
tecnología, más ética. Esto no significa menos ciencia. No significa menos
investigación. No significa menos tecnología. Significa más conocimiento
acompañado de mayor responsabilidad.
La ciencia puede enseñarnos cómo
hacer muchas cosas. Pero nuestra capacidad técnica para hacer algo no determina
automáticamente para qué debemos hacerlo, bajo qué condiciones o con qué
límites. Allí aparecen la ética, los valores, la cultura, las instituciones y
la responsabilidad.
3.11. Egoísmo, cooperación y altruismo
La discusión conduce finalmente
hacia el propio ser humano. Richard Dawkins popularizó la expresión The
Selfish Gene —El gen egoísta—. Sin embargo, ello no significa que
los seres humanos estén biológicamente condenados al egoísmo.
La evolución contiene
competencia, pero también cooperación, reciprocidad y diferentes
comportamientos altruistas. Nuestra propia existencia posee una larga historia
de cooperación. Alguien cuidó al niño. Alguien compartió alimento. Alguien
protegió al grupo. Alguien atendió al enfermo. Alguien enseñó. Alguien
transmitió conocimiento. La competencia forma parte de nuestra historia, pero
también la cooperación. Y poseemos una extraordinaria capacidad para
reflexionar acerca de nuestro comportamiento y preguntarnos: ¿Qué clase de
seres humanos queremos ser? Podemos reconocer el egoísmo y promover el
altruismo. Reconocer la violencia y educar para la paz. Reconocer la
competencia y construir cooperación. Reconocer nuestras diferencias y aprender
a vivir juntos. Promover el altruismo tampoco significa renunciar a la libertad
individual. Significa comprender que: Mi libertad comparte el mundo con la
libertad del otro.
3.12. La inteligencia artificial como espejo
Quizá entonces la inteligencia
artificial esté colocando a la humanidad frente a un espejo. Nos preguntamos: ¿Qué
ocurrirá cuando las máquinas sean cada vez más inteligentes? Pero quizá
debamos formular primero otra pregunta: ¿Qué haremos nosotros con máquinas
cada vez más inteligentes? La pregunta tecnológica vuelve a conducirnos
hacia el ser humano. La máquina hacia el ser humano. El algoritmo hacia la
ética. La tecnología hacia la cultura. Y el futuro hacia la responsabilidad.
El desafío no consiste únicamente
en construir sistemas técnicamente seguros y alineados. También necesitamos
sociedades capaces de decidir responsablemente cómo utilizarlos; instituciones
capaces de establecer límites; empresas que incorporen seguridad desde el
diseño; educación que prepare para su utilización crítica; y cooperación
internacional frente a riesgos que pueden superar fronteras nacionales. La
gestión del riesgo debe acompañar al desarrollo tecnológico y no aparecer
únicamente después del daño (Tabassi, 2023).
3.13. Del riesgo nacional a la gobernanza global
Si los beneficios y riesgos de la inteligencia artificial
pueden atravesar fronteras, surge una pregunta inevitable: ¿puede la
seguridad de una tecnología global depender exclusivamente de las empresas o de
los Estados que la desarrollan?
La experiencia nuclear ofrece un antecedente interesante.
Después de las bombas atómicas de 1945, la comunidad internacional avanzó hacia
mecanismos de cooperación y control. En 1957 se creó el Organismo
Internacional de Energía Atómica (OIEA/IAEA), encargado, entre otras
funciones, de promover los usos pacíficos de la energía nuclear y aplicar
salvaguardias para verificar que los materiales nucleares sometidos a ellas no
sean desviados hacia fines militares.
La inteligencia artificial plantea un problema diferente.
Todavía no existe un organismo internacional equivalente a la OIEA con
facultades globales de supervisión y verificación. Sin embargo, las Naciones
Unidas ya han comenzado a construir mecanismos de cooperación internacional,
como el Independent International Scientific Panel on Artificial
Intelligence y el Global Dialogue on AI Governance. El primero no
constituye un organismo regulador ni posee facultades para imponer normas
vinculantes.
La dimensión internacional es fundamental porque la IA
avanzada no se desarrolla únicamente en Estados Unidos. China es también uno
de los principales actores mundiales, y una carrera tecnológica entre
potencias podría generar incentivos para priorizar capacidad y velocidad sobre
seguridad, preocupación relacionada con el denominado AI arms race
(Torres, 2019).
La experiencia nuclear deja una enseñanza: los acuerdos
internacionales adquieren mayor fuerza cuando existen mecanismos para verificar
su cumplimiento. Una futura arquitectura global para la IA podría
incorporar estándares comunes de seguridad, evaluación independiente, reporte
de incidentes, transparencia y mecanismos apropiados de verificación.
Sin embargo, no sería posible copiar simplemente el modelo
nuclear. El material nuclear es físico y puede medirse, contabilizarse e
inspeccionarse; la IA involucra software, algoritmos, datos y capacidad
computacional que pueden reproducirse y transferirse de otras maneras.
Por ello, el desafío no consiste necesariamente en crear una
“OIEA de la IA”, sino en desarrollar una forma de gobernanza internacional
adaptada a la naturaleza de esta nueva tecnología. Si una tecnología
puede producir beneficios globales y riesgos globales, necesita también
responsabilidad global. Los riesgos globales requieren respuestas globales.
4. CONCLUSIONES
De la revisión realizada pueden
establecerse las siguientes conclusiones.
Primera. La evidencia
científica disponible no permite afirmar que la inteligencia artificial vaya a
provocar la extinción humana. Los escenarios de riesgo existencial permanecen
sujetos a importantes incertidumbres y desacuerdos.
Segunda. La ausencia de
demostración de un riesgo existencial no significa ausencia de problemas.
Existen comportamientos observables relacionados con errores de objetivos,
manipulación de recompensas, dificultades de supervisión y otros problemas de
alineación que justifican continuar investigando la seguridad de sistemas cada
vez más capaces.
Tercera. Debemos
distinguir cuidadosamente entre uso malicioso, fallos de sistemas,
desalineación, pérdida de control, riesgo catastrófico y riesgo existencial.
No representan el mismo fenómeno ni poseen el mismo grado de evidencia.
Cuarta. No debemos tener
miedo al conocimiento. La humanidad necesita más ciencia, investigación,
educación y mejores tecnologías. Pero el conocimiento incrementa también
nuestra capacidad de actuar y, por tanto, el poder necesita responsabilidad.
Quinta. Ciencia y cultura
no son mundos separados. Si cultura comprende también nuestras formas de vivir
juntos, el desarrollo científico necesita estar acompañado por nuestra
capacidad para convivir.
Sexta. Nuestra historia
evolutiva no nos condena exclusivamente al egoísmo. Cooperación, reciprocidad y
altruismo forman también parte de ella. La razón, la educación y la cultura nos
permiten decidir qué comportamientos queremos fortalecer.
Séptima. Los posibles
riesgos de sistemas avanzados de inteligencia artificial poseen una dimensión
internacional. Ningún Estado ni empresa puede garantizar aisladamente la
seguridad de una tecnología cuyos efectos pueden atravesar fronteras. La
experiencia nuclear demuestra el valor de la cooperación, las salvaguardias y
la verificación internacional. La IA probablemente requerirá nuevos mecanismos
globales adaptados a su propia naturaleza.
Por ello, la pregunta no debería
ser: ¿Debemos detener el conocimiento?. La respuesta es: No. Debemos
continuar conociendo, investigando y creando. La pregunta verdaderamente
difícil es otra: ¿Seremos capaces de hacer crecer nuestra humanidad al mismo
ritmo que hacemos crecer nuestra tecnología? Quizá el mayor riesgo de
nuestra especie no sea llegar a saber demasiado. Sino sea alcanzar un enorme poder científico y
tecnológico sin haber aprendido todavía a vivir juntos. Porque cuanto
mayor sea nuestra capacidad para transformar el mundo, mayor deberá ser nuestra
capacidad para cuidar la vida. A más tecnología, más ética.
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