MI APOYO Y A CONTINUAR

 

Cuando sacó el rostro a la superficie,
supimos que llegaría a la meta.
Aquel atleta no se dejaría vencer fácilmente;
sus pergaminos mostraban su gran resiliencia.

La vida pasaba como un álbum:
en ese corto viaje volvieron las batallas,
enseñar a los nuevos, colaborar con amigos,
cumplir contratos… y también escribir.

El día tiene veinticuatro horas, pero hay que descansar.
Las responsabilidades lo estructuran todo:
qué comer, cuándo hacerlo, y cómo.
Casi nada depende de uno, y en paz.

Hay que superponer las actividades:
dormir pensando en la enseñanza,
hacer deporte mirando conferencias,
leer información mientras se escribe a hurtadillas.

Esa rutina cargaba la mochila,
tan pesada como de veinte kilos;
y así salía a la ciudad, debía exponer,
diálogos de dependencia y de aceptación.

En su oasis, en su punto de apoyo,
comparte sus peripecias, desahogándose.
El viento, el silencio y su soledad lo entienden:
juntos reconstruyen su nave y descargan la mochila.

El viaje continúa, más recompuesto;
sabe que todo tiene su fin.
Cuando termine esta caminata,
volverá a su memoria y beberá paz.

Así que hoy terminó el ejercicio:
se nutrió de alimento divino,
compartió sus partículas con el universo,
retomó cantos e ilusiones, y volvió repuesto


La Pluma del Viento

Lima, 25 de octubre de 2025

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