CALMA Y TRANSITORIEDAD
DOS POEMAS: CALMA Y TRANSITORIEDAD
Esta madrugada, en mi punto de apoyo —esa mesa donde los sábados a las 5 a.m. el mundo se detiene y la mente se abre—, la lectura de dos libros me regaló estos dos poemas. No los busqué; ellos me encontraron.
El primero es íntimo, práctico, nacido de la experiencia cotidiana donde se confronta el trabajo exigente, la agitación y la calma. El segundo es más amplio, casi científico, nacido de la comprensión de que todo cambia, pero el humano se aferra en cosas como si fueran permanentes. Juntos, creo, se explican el uno al otro: la calma es la práctica; la transitoriedad, la verdad que la sostiene.
Los comparto con ustedes tal como nacieron: sin el adorno literario, sino como brotan y representan al autor. Espero que encuentren en ellos un eco de sus propias madrugadas.
CALMA Y PERFECCIÓN
¿Cómo controlo mi agitación?
surge cuando hay más trabajo,
cuando requiero más perfección,
al final resulta mal, imperfecto.
Por eso aprendí a ser calmo,
mi mente funciona mejor,
las ideas surgen en orden,
las cosas me salen bien.
No más prisa en mis obras,
a más trabajo más calma,
aprendí que la serenidad,
es el secreto del bien hecho.
Gracias, calma, instálate,
enséñame a vivir serenamente,
así no temeré a más trabajo,
así seré más eficiente y claro.
La Pluma del Viento
Lima, 1 de agosto de 2026
NOTA:
Este poema nació de una constatación simple y poderosa: la agitación no acelera las obras, las destruye. La calma no es pasividad; es la forma más alta de eficacia. Lo he comprobado en mi trabajo, en mis estudios, en mi vida. Ojalá les sirva de recordatorio.
TRANSITORIEDAD
Entender mi transitoriedad
alivia mi búsqueda y fin,
mis partes, mis ideas cambian,
eso sustenta la sabiduría.
Desde la física a la biología,
cada agregado es inestable,
cada organismo es dinámico,
somos constante transformación.
¿Por qué los seres humanos
nos aferramos a lo transitorio
como si fuera permanente?
Salir de ese error es sabiduría.
Puedo requerir de festejos,
pero jamás con corrupción;
los atajos, los facilismos,
son ignorancia y madres de culpas.
Aunque admiro mis experiencias,
sé que no dependen solo de mí;
son construcciones integradas
de lo que viene y lo interpreto.
En este mi punto de apoyo,
cuando la luz inicia el día,
brota el equilibrio emocional,
alcanzo esa calma añorada,
que alimenta la sabia que cobija mi mente.
La Pluma del Viento
Lima, 1 de agosto de 2026
NOTA:
Este poema tiene una raíz más conceptual. Nació tras leer un libro y recordar física y biología. Comprendí que la sabiduría no es negar el cambio, sino entenderlo tan profundamente que deje de darnos miedo. La transitoriedad, bien entendida, no es pérdida; es liberación. Y esa liberación, al final, se alcanza en el silencio de una madrugada, en el punto de apoyo que cada uno debe encontrar
CIERRE:
Calma para el corazón. Transitoriedad para la mente. Juntas, nos enseñan a vivir con más verdad y menos estrés.
Gracias por leer.
Gracias, madrugada, por seguir llegando.
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