sábado, 26 de diciembre de 2009

FINALIZANDO EL 2009 E INICIANDO EL 2010: INCLUSIÒN Y SOSTENIBILIDAD LOS RETOS



Estamos cerca al fin del año 2009. En nuestra retina se agolpan muchas escenas que podríamos considerarlas como la más destacada. Sin embargo, optamos por aquella que tiene que ver no solo con el presente sino también con el futuro, con el año siguiente y con certeza debería ser permanente. Empero eso, hoy, no lo practicamos, ni es parte de nuestra cultura. Se trata de la inclusión y la sostenibilidad.

El primero tiene que ver con lo que vemos a diario y es un tema de permanente discusión en las reuniones, debates y almuerzos cotidianos, se trata de la contradicción entre el crecimiento económico y el bolsillo de las personas, ellos manifiestan, con contundencia: “si dicen que el Perú es un ejemplo de crecimiento económico, del PBI, porqué mi sueldo es bajo, por qué no tengo trabajo, porqué no me alcanza para comer, porqué no accedo a la salud, porque no tengo agua, porqué no tengo luz, porque no hay carretera a mi pueblo, … “.


Para muchos, que siguen de cerca las estadísticas dicen que, la brecha entre ricos y pobres es cada día mayor. Para comprobarlo basta caminar por los asentamientos humanos pegados a Lima, como Alto Perú, nada menos que en Chorrillos, rodeado de restaurantes de lujo en la capital de la república, eso es nada si visitamos las punas de la sierra o las comunidades de la selva, es la imagen del centralismo insolente. Allá, el común denominador es, desempleo, delincuencia, comercialización de drogas, falta de centros de salud, carencia de servicios de luz, agua y desagüe, inexistencia de escuelas, analfabetismo, etc. No disponen de servicios básicos (educación, salud y seguridad), esa es la responsabilidad principal del estado y del gobierno de turno. 


Mientras esto ocurre con los pobres, con los EXCLUIDOS, otros cerca del poder político y económico, gozan de la bonanza del crecimiento del PBI, a "niveles de record mundial", en ellos frente a sus casas aguardan camionetas 4 x 4, sedans, los otros modelos ya coparon los garajes, no hay más espacio. Ellos, no dejan de visitar en sus vacaciones a Disneylandia, Louvre, Milán o Londres. Los viajes de promoción de sus hijos son a Can Cun o Punta Canas, como mínimo, qué importa que traigan la gripe H1N1, total llegado a Lima, los medicamentos los esperan, aunque luego contagien a sus empleadas y estas la diseminen en los barrios pobres, donde los hospitales no los reciben. No hay duda que, los excluidos en nuestro país, hoy y ayer, tienen rostros de niños, mujeres y ancianos.


Como reza el refrán, “tras cuernos palos”, el año que finaliza nos ha traído la crisis económica mundial. Ella nos mostró la mala cara de la economía, disciplina que parece tener mucho de propaganda y poco de ciencia. Los culpables, americanos,  fueron los mejores profesionales, egresados de las prestigiosas universidades Harvard, Stamford, Yale, etc. ¿De qué valió que se ganaran los grandiosos premios nobeles?. O, ¿Es que también estos se compran, al mismo estilo del Jirón Azángaro?. No es necesario ser especialistas para adelantarnos y concluir que los que pagarán, sus ejercicios mal o bien aprendidos, son los pobres, y nuevamente los excluidos. Pareciera, volver la tesis de Aristóteles, la perdurabilidad de la esclavitud.


Para romper esta exclusión casi secular, requerimos de organización, los pobres separados, desarticulados, individuos solitarios, serán siempre débiles, incapaces de cambiar el status quo, la situación vigente, el paradigma, para usar la terminología de Tomas Khun. Por eso el reto está en incrementar nuestra capacidad de resolver los problemas colectivamente, no de manera individual. Ello obliga a buscar espacios para el diálogo, aprender a confrontar ideas, a llegar a acuerdos y respetarlos. Pero esto no se podrá alcanzar si no practicamos la tolerancia, el reconocimiento, y la aceptación que somos diversos no solo en opiniones sino también en cultura. Desde el norte al sur, costa, sierra y selva, el Perú es multicultural, multiverso esa es nuestra patria.


Pero el año que estamos cerrando también ha sido el del medio ambiente, que ha concluido con la fracasada cumbre de Copenhague, nos han demostrado que, nuestra tierra está en peligro, la hemos maltratado, la estamos destruyendo, vivimos creyendo que ella dispone de recursos inagotables, nuestras prácticas cotidianas son destructivas, quemamos bosques, destruimos áreas verdes a cambio de cemento, lanzamos sustancias químicas desde las minas a los ríos, es decir tiramos contaminantes en cantidades imperdonables, su cielo azul la hemos enlutado, sus hermosas nieves corren peligro de desaparecer, talvez de aquí a 20 años, nuestro Tucu, Jirishanka o Yerupajá, solo se verán en fotos de los abuelitos. Estamos haciendo todo para que nuestros descendientes, tengan una tierra agresiva, inhóspita, escuálida, sin recursos para vivir. Los pronósticos del cambio climático son aterradores, si no modificamos nuestra manera de vivir de manera urgente. Esto tiene que ver con el segundo gran reto para enfrentar el próximo año, o los próximos años, se trata de la SOSTENIBILIDAD de la vida en la tierra.


Los países ricos, nuevamente, causantes principales de la contaminación por el uso de ingentes cantidades de combustibles fósiles y emisión de gases de efecto invernadero (CO2) se harán de la vista gorda, y continuarán con sus costumbres, con su “progreso”, y su estilo de vida. 
Y los afectados, nuevamente, también, serán, “para variar”, los países pobres, los del Sur, los excluidos, como el Perú, Bolivia, África, Centro América. 

Pero esto no nos debe amilanar, tenemos que cumplir con nuestra parte, cambiando nuestra manera de manejar o usar nuestros recursos provenientes de la tierra, nuestra única casa en el cosmos. Para ello tenemos que mejorar nuestra CAPACIDAD DE TRANSFORMACIÓN, que se refleja en el uso del conocimiento orientado a optimizar el uso de dichos recursos. Pero el conocimiento transformador está unido a la educación, a la ciencia y tecnología, adecuadas, adaptadas a la geografía y a la realidad local, pero no deberíamos despreciar los saberes locales frente a los externos, todo saber es universal y como seres humanos nos pertenecen.

Para concluir en este fin de año de 2009 e inicios del siguiente, los grandes retos que se nos plantea son dos, la Inclusión y la Sostenibilidad. Para lo primero hemos propuesto fortalecer la capacidad de organización para enfrentar colectivamente los problemas, mientras que para lo segundo, necesitamos desarrollar la capacidad de transformación. Con estas capacidades reforzadas contribuiríamos a un Perú más inclusivo, integrado, estructurado respetando el ambiente y que asegure la vida a las generaciones futuras. 


Dos retos inmensos, pero que se alcanzarán si encontramos y promovemos líderes naturales desde las escuelas, barrio, distrito y país. Fuertes en valores, elevada autoestima, seguridad en su identidad cultural y sólidos conocimientos, pero comprometidos con la gobernabilidad democrática representativa y participativa.

La Pluma del Viento

Lima, 27 de diciembre de 2009


sábado, 19 de diciembre de 2009

Navidad del Recuerdo y Navidad de Hoy


A hurtadillas caminábamos mirando los escaparates, donde resaltaban los destellos multicolores de los carritos a pilas, las sirenas de los patrulleros de la policía, los soldaditos que incansables batían los timbales, las pelotas “player”, los “chimpunes” con “cocos”, las pistolas al estilo vaqueros, .... eran nuestros regalos imaginarios, que día tras día no dejábamos de visitarlos, y mirarlos por la calle Comercio, a cierta distancia.... ¡Qué recuerdos!. Los más caros descansaban en los bazares, en las tiendas de Bizzetti, de Abundio, mientras que los más baratos en los mercados, en medio de aromas de pescado, ají y ajos.


En las semanas previas a la noche buena, las frías mañanas no nos atemorizaban a los niños y adolescentes. Planeábamos en las noches quien nos pasaría la voz para despertarnos, o qué animalitos llevaríamos, algunos decidíamos por las ovejitas otros por gallitos. Eran los preparativos para asistir a las hermosas e inolvidables Misas de Gallo. Con esa misma anticipación y dedicación preparábamos el nacimiento, subíamos a las chacras de pariantana para traer pedazos de grama natural, que en realidad era el Kikuyo. Sobre él montábamos los misterios (las imágenes de San José, la Virgen María, el niño Jesús y los Reyes Magos), animalitos, pocitos de agua con patitos navegando. Alrededor de estos bellos nacimientos ensayábamos alegres villancicos de corte español y también algunos peruanos.


La navidad que conmemoramos está inserta en las raíces de nuestros pueblos, forma parte de nuestra cultura. Sin embargo se la ha confundido y ligado al derroche, abundancia y compromiso de compra de regalos. Los presentes han reemplazado al dialogo, reencuentro y paz. La navidad se ha transformado en desplantes de riqueza, ajetreos, lujuria, es decir, hoy, la navidad es sinónimo de consumismo agresivo.


En los momentos actuales, cuando Ayacucho llora la muerte de peruanos pobres, abandonados por los gobiernos, locales, regionales y nacionales, que sufrieron de huaycos por la concurrencia de la impredecible naturaleza, pero favorecida por el descuido de autoridades. Requerimos de la unión, solidaridad, respeto y tolerancia, junto a la infranqueable firmeza en la lucha por la justicia, equidad y paz. Que se resume en oportunidades de empleo, educación y salud principalmente.


En esta navidad debemos darnos minutos para reflexionar que, somos hombres o mujeres nacidos para el bien, para el progreso, y sobre todo para el amor, que deberíamos demostrarlo en primer lugar con nuestro tratamiento a los niños y ancianos, ellos siendo menos fuertes representan el origen y fin de nuestras propias vidas.

Sabiendo que nos escuchan jóvenes a ellos quiero recordarles que:

Los grandes hechos no fueron nunca consecuencia de milagros ni casualidades, sino resultantes de la perseverancia, valores éticos, seriedad, estudio, disciplina y sacrificios. Los jóvenes saben que se encuentran en un camino y que vacilar a mitad de él es traicionar el pensamiento, es desfallecer, es repudiarlo. Las buenas intenciones que no se logran cumplir, son caricaturas de la virtud.

Nada se obtiene sin lucha, sin esfuerzo ni alegría. Alegría que renace de sólo saber que mientras hay lucha hay vida, que la vida se reproduce y que las probabilidades de vencer aumentan redoblando los esfuerzos hasta alcanzar el triunfo.

Los premios de la vida se encuentran al fin de cada jornada, y no cerca del comienzo, y que no importa saber cuantos pasos falta para alcanzar la meta, no me importa saber si fue el millar o el millón, basta saber que el éxito puede estar oculta detrás del siguiente, por lo que para saberlo tengo que dar ese paso.

Finalmente, sé que el joven que nos escucha sabe que cuando el hombre comienza a luchar consigo mismo, es señal que vale algo. Y que es más importante tener un porqué vivir que el cómo vivimos, lo primero es trascendente es aspiración de futuro lo otro es momentáneo, pasajero y perfectible.

Saludos muy especiales para todos los chiquianos y sus familiares por esta navidad, pero en especial a los que se encuentran mal de salud o en recuperación, como don Alberto Núñez, Luis Romero, Leoncio Alvarado, Soledad Zúñiga, Rosita Núñez, quienes deben saber que estamos pendientes de su salud. Podemos no estar cerca, ni verlos a diario, sin embargo sepan, que no habrá ningún brindis de noche buena o año nuevo, sin antes recordarlos y mencionar vuestros nombres, para decirles que deseamos su pronta recuperación.

La Pluma del Viento
Lima, 20 de diciembre de 2009


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Nuestra Memoria Un Libro Abandonado


Nuestra memoria nos pertenece de manera muy personal. Acumula alegrías pero también tristezas. Viene a nuestro auxilio con más claridad cuando nos encontramos solos, o distantes de alguien o del lugar que amamos. Ella se convierte en fuente de sabiduría. Sin embargo, como no frecuentamos la soledad, el silencio, sea porque no tenemos esa oportunidad, o porque trabajamos 10 horas, vemos TV 2 horas, comemos 2 horas, conversamos 2 horas, leemos 1 hora y dormimos 7 horas; no nos damos esos momentos de confrontación con nuestra memoria y con ello perdemos mucho de su valía. El libro de nuestra vida, de la vida para generalizar, está allí. Eso lo entendieron hace mucho tiempo, y lo practican como cuestión natural, cultural, los orientales, los hindúes bajo la denominan de MEDITACION.


Así, el libro de nuestras experiencias de vida de 80 o 50 o 20 años radica en nuestra memoria, de la misma manera que cada fin de año las organizaciones presentan sus Memorias Anuales, conteniendo la información relevante de la gestión que finaliza. Lo que observamos, en la gran mayoría, es que nuestra memoria particular, la usamos poco o casi nada. Algunos por su profesión la explotan mucho más, es el caso de los escritores. Generalmente ellos construyen sus mejores libros hurgando en su memoria. Es el caso de Los jefes de Vargas Llosa, Los Ríos Profundos de José María Arguedas, Los Heraldos Negros de César Vallejo etc. Obras maravillosas que admiramos y muchas veces nos identificamos.


Pero nuestra memoria no solo se nutre de lo vivido hace 50 años o más, también se integran las vivencias de hace pocos años, del presente año, del mes, del día a día. Por eso cuando abrimos el libro de nuestra memoria, los acontecimientos del día de ayer se mezclan con los ocurridos en la infancia, adolescencia o adultos. Y, con eso, construimos historias integradas que por su consistencia y coherencia son enseñanzas que se han validado en esos periodos 15 o 30 o 50 años. Y precisamente por eso son enseñanzas que merecen compartirlas.


Allí aparece la esencia de la naturaleza humana que es nuestra vida, las regularidades que observamos muestran sus aspectos inmutables. Y, que a pesar del tiempo, y las transformaciones ocurridas, prevalecen y valen todo el tiempo: antes, hoy y después. Estas regularidades, son casi “leyes universales” que se manifiestan en cualquier lugar y tiempo. Observadas en el laboratorio de nuestra vida y validadas en 40 o 50 años o más de experiencia. Ahí radica lo valioso de compartir nuestras memorias. Compartamos, regularidades, caminos, trillas, por donde el ser humano, que aún no transitó debería hacerlo, a fin de alcanzar mejor futuro, moral e integral. Este camino es el mismo que siguieron las grandes obras, desde los griegos, hasta los judíos. La biblia es un libro de esta categoría.


A pesar de esa valía, ¿cuánto de nuestra memoria sabemos?, ¿cuánto de ella la usamos? La respuesta es contundente, poco o casi nada. Simplemente porque no tenemos la cultura de la reflexión, de la meditación, de buscar el silencio, aprovechar la soledad; propiciar espacios de encuentro con nuestra memoria y luego transmitirlas, contarlas, escribirlas y compartirlas. Esta es una tarea que debe incorporarse en la educación. La reflexión y la comunicación.


Desde pequeños deberíamos aprender a comunicar nuestras experiencias de vida. Buscando entrelazar el presente con el pasado y mirar qué es lo que se repite. Qué es lo que se mantiene. Y cuando hallemos algo, compartámoslo. Eso es valioso. Pero para compartir, necesitamos promover escritores, cronistas, espacios para escuchar y conocer las apreciaciones de generaciones pasadas. En fin, espacios para dialogar sobre experiencias del presente y el pasado.


No dejemos que se nos vayan ancianos sin haber compartido sus enseñanzas, busquémoslos, oigámoslos y reflexionemos. Ese es el camino a la sabiduría, es la demostración de respeto a nuestra cultura. Es hacer realidad el mensaje que “lo local es universal”. Es la vigencia y trascendencia de una “ley universal”, su independencia de la localidad y del tiempo. Es decir vale para el ser humano que vive en Chiquián como para el japonés, francés o alemán. Y si también valió para nuestros abuelos, vale para nosotros y seguramente valdrán para las futuras descendencias. Esto es lo que le da fortaleza y vigencia a las leyes de la física donde la conocemos como las simetrías espacial y temporal. Que también pueden aplicarse en ciencias relacionadas con el ser humano, como lo hemos mostrado ahora.


Esta reflexión surgió de mi visita a la fecha final del campeonato de futbol del CUHPB (Centro Unión Hijos de la Provincia de Bolognesi), donde se coronó campeón el Club Sport Cahuide de mi ciudad natal Chiquián, y pude reconocer el similar comportamiento de las personas, cuando hace 30 años, vestía , también, la misma casaquilla en campeonatos similares. Por eso mientras miraba y conversaba con amigos de siempre, traté de responder a las preguntas: ¿Qué es lo que se repite hoy de lo que fue hace 30 años?, ¿Qué buscamos las personas viniendo a estos eventos?, ¿Qué piensan los padres de sus hijos que vienen aquí?, ¿Qué motiva a las personas mayores continuar dirigiendo sus equipos?, ¿Qué les espera a los jóvenes que gustan de libar hasta el obscurecer?, ¿El dinero que se recauda a dónde va?. Las conclusiones a las que llegué, seguramente volverán a valer cuando de aquí a 30 años, retorne a mirar nuevos campeonatos. Y como algo inmutable, también, volverá a brillar la casaca roja y negra del Cahuide luciendo su cartel de campeón.

La Pluma del Viento
Lima, 12 de diciembre de 2009