sábado, 19 de abril de 2014

UNA NOCHE EXTREMA EN LA IGLESIA DE CHIQUIAN


En los pequeños pueblos del interior de nuestro Perú, las iglesias son ambientes plagados de historias, entre las más usuales,  está  aquella que dice que fueron cementerios, pero solo para ciertas personalidades destacadas de la localidad, y también para algunos párrocos, por eso sus almas dejaban sus ataúdes por las noches, para penar por las calles del pueblo, de ahí muchos pobladores, aseguran haber visto ingresar a la iglesia fantasmas con hábitos que les cubría hasta la cabeza, y se desplazaban con mucha rapidez casi como si no pisaran el suelo, prácticamente volaban dejando en su recorrido olores a azufre.  También, se dice que en ellas, enterraban a niños  abortados por religiosas, o por jóvenes embarazadas por los párrocos. Sus pequeños espíritus se manifestaban en llantos tenebrosos, con gritos desgarradores de dolor, clamando ayuda, esos lamentos se oían que salían desde dentro de la iglesia, por eso nuestras madres nos aconsejaban no caminar en la noche por la vereda en frente de la iglesia, sino alejarse de ellas.

Esas tétricas historias, encajaban en las inmensas construcciones, que eran las iglesias, de  paredes anchísimas, techos elevados, sin ventanas, con poco acceso de luz y aire. Un entorno favorable para que en las noches, salieran a merodear a sus víctimas en vuelos rasantes y calculados los murciélagos. En sus paredes, generalmente estaban los santos, para todas las ocasiones, los estelares tenían grutas especiales, vitrinas con candado, tal es el caso del santo sepulcro o de la virgen maría dolorosa, estas imágenes tenían muchas joyas, regalos de fieles agradecidos por algún hecho milagroso.

No dejaban de haber confesionarios uno a cada lado de la iglesia, el aroma era a flores de procesiones y velorios.  Ese era el ambiente de la iglesia de mi pueblo de Chiquián, una antigua construcción tal vez del inicio del siglo pasado, se mantenía erguida a pesar de los sismos. Cuando asistía a las misas, veía como  era su distribución para qué servía cada cosa, al fondo casi pegado a la pared estaba el altar, donde los párrocos hacían la misa dándole la espalda al público, ahí en cada lado estaban las imágenes de los patronos de Chiquián: Santa Rosa de Lima, y San Francisco de Asís, al centro estaba la eucaristía y sobre ellos se mostraban adornos de yeso en color dorado de ángeles, que subían al cielo.

Cerca al altar, y a los costados habían 2 puertas de tamaño intermedio que daban a habitaciones de diferentes usos, el de la derecha entrando por la puerta principal, se utilizaba como sacristía, allí estaban las ropas del padre que se vestía según la ocasión, estolas, guantes, también estaban las que usaban los acólitos, blanco y negro o rojo para los menores, también habían utensilios, para acompañar la misa: el cáliz, agua, vino, campanillas, incienciarios, báculo, biblias, misales y otros. Este cuarto tenía internamente otra puerta, más grande que daba hacia un patio, que no se usaba para nada, podría haber sido jardín, pero estaba casi abandonado, sus paredes inmensas solo servían de tragaluz, y en el mes de mayo estaba copado de cebadilla y trébol. Usualmente paraba cerrada con  un candado y una piedra inmensa en la parte baja, como un seguro adicional.

Simétricamente en el lado izquierdo, también había otra habitación similar, incluso en tamaño, pero se usaba para guardar las estatuas de santos, y apóstoles que se sacaban en la última cena, entre ellas las de dos mujeres que tenían los brazos extendidos sujetando un plato, simbolizaban la atención en la mesa.

En la amplia nave, estaban las bancas que se distribuían en dos columnas, dejando por el centro un espacio para el tránsito en caso de fiesta, suficientemente amplia para cuando las autoridades ingresaran. Entre el altar y la puerta de entrada había unos 70 metros. En la pared del lado derecho, destacaba un pequeño altar hecho para el santo sepulcro, que siempre permanecía iluminado, y era Jesucristo echado, era inmenso y solo dejaba este reposo, en la semana santa, cuando el viernes santo los subían a la cruz y luego en la procesión de la madrugada del viernes. La puerta de la entrada de la iglesia, era inmensa de unos 4 a 5 metros de alto, por unos 3 de ancho, lo necesario como para que saliera e ingresara con comodidad las inmensas andas de las procesiones.

Encima de la puerta de entrada se erguía la torre donde se ubicaban las campanas, el campanario, de 3 niveles de torres, tenía 3 a 4 tipos  de campanas, la grande y más grave, y otros pequeñas más agudas. Para llegar a este campanario, se usaba una escalera que no era de pisos fijos, sino una común sencilla que se sujetaba al muro del segundo piso, con una soga, los usaban solo los especialistas, o el sacristán.

El templo no solía estar abierto por las noches, salvo las épocas de rezos que terminaban generalmente a las 7 de la noche, y se extendía a más cuando se estaba en los tiempos de cuaresma. La administración del templo corría a cuenta del sacristán, quien llegaba antes que todos y también era el último en salir, luego de cerciorarse que todo estaba cerrado.

En mis años de infancia, se llamaba don Julio, y vivía a la salida del pueblo, cerca de la hacienda de don Raúl Espejo en el bello paraje de Husgor, andaba siempre solo, callado, y rápido, sus llanques parecían patines en el hielo.

Esa añeja iglesia, construida a inicios del siglo pasado, derrochaba alegría y elegancia en las fiestas  de agosto,  y también extrema tristeza y recogimiento en la semana santa. Los niños íbamos a las actividades religiosas acompañados de nuestras madres, cuando crecíamos como a los 10 a 12 años hacíamos actividades de preparación para la primera comunión dentro de ella.  El pueblo era muy creyente, y a los santos los consideraban muy milagrosos, particularmente a los patronos, Santa Rosa y San Francisco. Los niños, naturalmente,  seguíamos ese mismo comportamiento, copiamos todas las costumbres que veíamos.

Así, cuando tenía unos 7 años, corría el mes de mayo de 1962, casi las 5pm, hora en la que leía mis favoritos cuentos del tesoro de la juventud, las fabulas de Esopo, o construía cosas siguiendo la sección juegos y pasatiempos. Habrían transcurrido casi una hora, la oscuridad ya se había iniciado, mi madre había estado en cama todo el día, se encontraba mal, cuando ocurría esto y alguien se enfermaba, venía Miguelina, a apoyar  a la casa en todo lo que significaba la cocina y atención de la misma, era muy estricta y de tez muy blanca, le teníamos mucho miedo. Mientras realizaba mis actividades, noté que ingresaban más personas desconocidas al dormitorio, traían inmensos pañolones, con sombreros blancos y cinta negra, solo dejaban ver sus ojos intrigantes.

Había notado que Miqui, entraba y salía del dormitorio con más frecuencia, me percaté que sus ojos pardos estaban rojos y cargados de lágrimas, concluí que algo andaba mal, o peor de lo que estaba, así que aprovechando las ocupaciones de Miqui, quien me había advertido no ingrese, me escabullí  y entré al dormitorio, allí dentro,  mis ojos vieron lo inimaginado, y doloroso para un niño, ví a mi madre casi desfalleciente en los brazos de una señora, la curandera, que le pasaba paños humedecidos en un recipiente, por la frente y estómago, observé  claramente que sus esfuerzos parecían infructuosos, miré el rostro de las otras tres señoras que la acompañaban, y en todas percibí que decían que todo estaba perdido.

Así que, sin esperar más tiempo, decidí ir a la iglesia y pedirle a Santa Rosita un milagro, curar a mi madre. Subido sobre una silla, alcancé a coger una vela del estante del comedor, corrí hacia la cocina y tomé los fósforos, y con eso en el bolsillo, salí desesperado hacia la calle comercio, rumbo a la iglesia, temía que estuviera cerrada. Así que me dio mucha alegría y alivio, cuando vi que estaba abierta, sin perder tiempo y ni percatarme si había gente o no avancé directo hacia la imagen de Santa Rosita, allá en el otro extremo en  la parte alta del altar, había iluminación eléctrica en toda la iglesia, tenue pero se veía lo necesario.

Cuando estuve a punto de prender la vela, todo se obscureció, de susto solté la vela y el fósforo,  y en seguida se oyó fuerte que la puerta que se cerraba, lancé un grito de desesperación mientras me levantaba del piso donde había caído al saltar sin ver nada, “Estoy aquí, no cierre, estoy aquí, no cierre”, pero mi voz estaba débil, mis lágrimas que no habían parado desde que salí de mi casa,  no me dejaron pronunciar con claridad, corrí por el pasadizo central, lo más rápido que pude, chocándome con las bancas, y llorando y balbuceando, alcancé la puerta, la inmensa puerta.

Atisbé por las ranuras, afuera solo divisaba parte de la plaza de armas, las personas que pasaban de rato en rato, lo hacían lo más lejos de la iglesia, casi por el centro de la plaza, imposible que pudieran escuchar mi gritos y menos los puñetazos que con mi corta edad golpeaba la puerta. Caí de rodillas, sentí que mis posibilidades de salir se esfumaban, luego me senté y lloré todo lo que pude, de pronto recordé la razón de mi venida, y reponiéndome, exclamé,  “Santa Rosita, estoy aquí, por mi madre, sánala, eso es todo lo que te pido”, repetí una y otra vez, con todas mis fuerzas, muchas veces. No sé cuánto tiempo habría transcurrido, hasta que retomé fuerzas  en lugar de abandonarme, reparé los lugares por donde podría salir, mis ojos comenzaron a ver los contornos de los objetos, de modo que podía caminar sin problemas.

Así que pensé debe estar abierta la sacristía, y si es así por ahí podría salir a la calle o al menos mirar el cielo, no había otra posibilidad, era el único acceso hacia la luz y el aire. Caminé rápido, abrí sin esfuerzo la puerta de la sacristía, luego me aproximé a la puerta interna que daba al corral, moví como pude la piedra grande, pero cuando jalé la puerta ella tenía el cando inmenso asegurado. Frustrado y con el llanto casi oscurecedor, recordé la habitación simétrica, tal vez su puerta estaría abierta, pero cuando ingresé y avancé hacia la pared del frente, donde quedaría la puerta interna, sorteando las estatuas de los apóstoles, sentí que alguien me brindaba su brazo tocándome la cabeza, volteé con alegría, pensado que sería el padre, pero fue la sirvienta de la última cena, que tenía el brazo extendido. No pude llegar a la pared del frente, estaba repleto de objetos, estatuas, maderas rotas. Sentía que el tiempo transcurrido aumentaba mi desesperación, y mis fuerzas desaparecían, menos mal que era tan niño que no sabía de las historias contadas de las iglesias. En mi mente solo estaba el poder salir.

Nuevamente volví hacia la puerta principal, miré por los intersticios hacia la plaza y aunque veía que transitaban aún personas muy esporádicamente, no podía avisarles. Entonces casi abandonado, apoyé mi cabeza sobre la puerta, y me puse a llorar en silencio. Caminé pegado a la pared como dando vueltas, casi cayéndome,  me resistía a desfallecer y echarme, en eso sentí que me choqué con algo, lo palpé y noté que era la parte baja de una escalera, cuyos andamios eran palos delgados, recordé que era la escalera que llevaba al campanario por donde los ágiles campaneros subían a la torre.

Un soplo de salvación vino a mi mente, y me volvieron fuerzas, palpé el segundo nivel, luego el tercero, comencé a avanzar, pero para dar el siguiente paso para el cuarto, me balanceé y perdí el equilibrio, caí al piso menos mal que un poco menos de un metro. Supe que no sería fácil avanzar en la oscuridad, pero si quería hacerlo debería tener mucho cuidado y mantener el equilibrio, así que comencé a subir nuevamente, con los brazos y pies más sincronizados, ni muy a la derecha ni muy a la izquierda, siempre por el centro,  me dio resultado los primeros andamios, cuando estaba por la mitad casi pierdo el equilibrio, pero me pude recuperar, estaba ya a casi 2 metros de altura, de caerme habría sido letal, el susto pasó y conforme avanzaba hacia arriba, se iba aclarando mi visión de la escalera,  ingresaba algo de luz, pues la torre abierta, dejaba pasar algo de iluminación, entonces me permitió observar que estaba llegando al extremo superior de la escalera, la que se aseguraba al piso de la torre, por sogas. Cuando agarre la soga me así lo mas que pude, ahora estaba seguro que así se dé vuelta la escalera no me caería, hice mi último esfuerzo, y logré subir el último peldaño, y alcancé el piso, me eché como pidiendo algo de descanso,  estaba a unos 4 metros sobre el suelo.

Con cuidado y viendo que la luz iluminaba el piso, llegué al centro de la torre desde donde pude ver toda la plaza de armas, estaba desolada, pero me puse muy contento, ahora podía gritar y llamar a alguien. No sabía el tiempo transcurrido, había perdido el sentido del tiempo. Busqué piedras sobre las que me paré para sacar mi cabeza sobre el nivel del muro y poder gritar con más facilidad, mi metro de talla era muy poco para sobrepasar el muro.

Inquieto, miraba cada centímetro cuadrado del parque y no aparecía nadie, cuando mi desesperación comenzaba a crecer, noté que desde el sector de barrio arriba ingresó a la plaza una señora, ella como era de costumbre se fue por el centro de la plaza, por la diagonal,  y no por la vereda más próxima a la iglesia, esa diagonal demoraría lo suficiente para escucharme, esta es mi única y última oportunidad me dije, entonces grité con todas mis fuerzas, “señora, señora, ayúdeme”, dos a tres veces, en eso noté que ella quiso, alejarse del sonido que emergía desde la iglesia, “una llamada de auxilio desde la iglesia, eso solo puede ocurrir desde los fantasmas y aparecidos, o de almas en pena”, habría dicho.

Me desesperé cuando noté esa acción, pero en el único segundo, que ella giró, para mirar hacia la iglesia, la identifiqué, es mi tía Amanda Chavez dije, ella vivía cerca a mi casa. Entonces jugándome mi última alternativa le lancé el grito desesperado, “tia Amanda, tía Amanda, soy acucho, soy acucho”, repetí todas las veces que pude, hasta que frenó su alejamiento, entre dudando miró hacia la iglesia, y le grité con más seguridad, “soy acucho, tía, me han encerrado, ven tía, ven, ayúdame”. Ella al identificar mi voz, y que era su sobrino, un pequeño niño, y no un fantasma, se aproximó hasta cerca de la torre, y me dijo, “acuchito, no te desesperes, voy a buscar al sacristán, para que te abra, ahorita vengo”.

Tan pronto se fue comenzaron a llegar algunas personas, seguro que mi tía les contó, y venían a cerciorarse de este extraño hecho, yo arriba desesperado notaba que no venía el sacristán, unos decían que no lo habían encontrado en su casa de Husgor, otros me decían que bajara mediante la cuerdas de las campanas, y luego me suelte para que me agarren abajo, no intenté, sin embargo otro, me dijo, “la única manera para obligar a que venga el sacristán es tocando la campana, trata de hacerlo acucho”. Mi tamaño no era lo suficiente para coger las cuerdas de las campanas con comodidad y hacer sonar, de modo que busqué unas piedras y parado sobre ellas casi de puntas, cogí la cuerda de una de ellas, la hice repicar, era la más pequeña, la más aguda. La gente de abajo me gritaba “otra vez, otra vez”, “no te rindas acucho”. Hice lo posible, estaba completamente exhausto, ya no daba más, así que me senté apoyando mi espalda en la pared, y me desvanecí. Volví a la razón cuando me despertaron, unos jóvenes en el campanario, había llegado el sacristán y ellos subieron a recuperarme, escuchaba que le reprendían al sacristán que a decir verdad el responsable era yo,  bajamos, en seguida me llevaron a casa donde mi madre me esperaba muy recuperada. Nunca supe si fue un milagro de Santa Rosita o la habilidad de las curanderas.

LA PLUMA DEL VIENTO
Pueblo Libre, 19 de abril de 2014

Audio
http://search.4shared.com/q/1/Noche+extrema-mp3


domingo, 6 de abril de 2014

DON ERNESTO DÍAZ VIAJÓ AL INFINITO DESDE HUACHO


Pablo Díaz Mendoza, el gran Pacho, amigo de todos, amabilidad es su emblema, las paginas virtuales, se alegran con sus fotos, sacadas de baúles centenarios.

Hoy, este amigo, estudiante del 378, ejecutor inspirado y sentido de la guitarra de Pinglo y valses del ayer, está de duelo, su padre don Ernesto Díaz Velásquez, partió de Huacho al viaje infinito, allí nació biológicamente, pero después con solo 8 meses, volvió a nacer en Chiquián, había cambiado su biología del calor de la costa, al azul del cielo y blancura de las nieves.

En Chiquián permaneció de corrido hasta los 18 años, cuando su amor de hijo, volvió a Huacho para conocer a su madre y hermanos.

El viernes 4 de abril, en la madrugada, don Ernesto, zarpó de Huacho al viaje infinito a juntarse con su amada esposa Sra. Clotilde Mendoza.

Don Ernesto, vivió 97 años, todos con el sello del trabajo honesto disciplinado, el amor paternal y cuidado a sus hijos como si fueran niños siempre, y particularmente el amor al prójimo.

De niño, recuerdo, lo veía trabajando en su restaurante, y de joven deportista, volvíamos al mismo lugar para alimentarnos, era un lugar obligado para encontrarnos con los amigos que volvíamos a Chiquián.

Su trabajo pulcro y reconocimiento que tenía del pueblo, lo convirtió en el símbolo del Partido Aprista Peruano, APRA, tanto que su apelativo identificatorio lo decía todo PAN CON LIBERTAD. Cuanta falta hacen estos hombres en los diversos partidos políticos en los tiempos actuales.

El recuerdo de este gran hombre, auténtico representante de la estirpe chiquiana, queda vigente en sus hijos, Juanita, Lucha, Mery y Pacho y sus familiares.

Es a ellos, que tenemos que reconocerles esa representatividad chiquiana, sea mediante el Consejo Provincial de Bolognesi, sea por las instituciones representativas de chiquianos residentes en Lima, Huacho o en Chiquián mismo.

Porque nuestra herencia cultural, la han escrito esos hombres y mujeres, con su valentía, trabajo y personalidad. Por ello, sus hijos hoy deben lucir ese prestigio, ese reconocimiento, y sentirse queridos, admirados, orgullosos, y eso será por siempre, porque don Ernesto, hizo una vida inolvidable, imborrable para el cariño del  pueblo chiquiano.

Juanita, Lucha, Mary y Pacho, y familiares reciban nuestras sinceras condolencias.
Para finalizar les presentamos el siguiente mensaje final en honor a don Ernesto Díaz:


ZARPÓ DE HUACHO PAN CON LIBERTAD

Ayer las campanas repicaron de madrugada
Desde Huacho a Chiquián la aurora del Huayhuash
Anunció la partida de su hijo amoroso ERNESTO DIAZ

Huacho le dio el primer hálito de aire, y también el último
Chiquián lo sintió nacer a los 8 meses
Y alimentó su alma con la blancura del Yerupajá

Don Ernesto, nos enseñó que se puede ser libre con el trabajo,
Que se puede ser justo con  el amor al prójimo
Fue la identidad de APRA de sus orígenes
De los tiempos de justicia, abnegación y limpieza

Hoy, zarpó de Huacho PAN CON LIBERTAD
Cuando se junte con Clotilde Mendoza su esposa, gozosa le dirá
Cuidaste de nuestros hijos como se debe portar un varón y padre

Don Ernesto, los comuneros, tus amigos y el pueblo
Junto a tus hijos: Juana, Luisa, María y Pacho
Elevaremos nuestras manos desplegando palomas blancas
Para homenajearte y agradecerte por haber
Amado a Chiquián y habernos enseñado a vivir  para el bien.


Descansa en paz, don Ernesto Díaz Velásquez

La Pluma del Viento

Lima, 5 de abril de 2014

En esta dirección se puede escuchar el audio del Programa ZAGUAN DE OROPUQUIO de hoy 6abr2014:

http://www.4shared.com/mp3/eDTBXda2ce/Pacho_ZOP6Aabr2014.html#


miércoles, 2 de abril de 2014

EL VIAJERO DON ALEJANDRO ALDAVE MONTORO



PRESENTACIÓN

Hoy tenemos la presentación del libro CAMINOS IMBORRABLES DEL VIAJERO: Acrósticos, Anécdotas y Crónicas de la Provincia de Bolognesi, del profesor don Alejandro Aldave Montoro que, consiste de vivencias, y del trajinar del autor por los diversos pueblos de la provincia de Bolognesi.

En todas sus líneas demuestra el cariño a la tierra donde nació que se extiende desde Chiquián hacia todos los distritos de la provincia. Está expuesta su vida desde el hogar, pasando por el trabajo, y su aporte en las diversas actividades culturales, características de nuestros pueblos. Su libro es inspiración y sabiduría, como él lo dice. En cada texto están presentes la familia, el deporte, la alegría, y la enseñanza.

En los acrósticos reluce creatividad y sensibilidad poética, en las anécdotas nos devuelve la vida del ayer en toda su magnitud, jalonada de un humor elegante y espontáneo. En las crónicas nos enseña caminos para entender el mundo y elegir atajos favorables. En este libro don Alejandro nos propone, una veintena de acrósticos, muy sesudos y precisos, 180 anécdotas, que es la parte esencial de la obra y finaliza con una docena de crónicas de la vida plenas de sabiduría.

Cuando me invitó don Alejandro para presentar la sección de anécdotas pensé en buscar algunas de ellas y hablar de  tales, pero eran tantas que creí mejor, describir la vida del autor, y adornarlas de algunas anécdotas, en la medida que ellas representan pasajes de su vida vertidas en narraciones breves, interesantes, casi siempre dejando algún mensaje, en medio del humor vivificador. El lenguaje en las anécdotas está en la forma tal cómo se produjo el evento, no escatima palabrotas cuando se trata de claridad.

El periodo de la mayoría de sus narraciones abarca los años  40 al 90 principalmente, por eso podemos rescatar diversos apelativos históricos que solíamos escuchar en nuestros padres y abuelos. Por ejemplo, algunos nombres que me causan especial interés son: Yana Huiru, Pishuco, Muchky, o Penko. Así que por el corto tiempo disponible comenzaré compartiendo con ustedes algunas de las más sabrosas anécdotas relacionados con Yana Hiuru y Muchky: “Panchoo Betoo, llamen a Muchkyi Valerio !Urgente!”. (pg 146) y “Muchky Valerio, !toréalo al barroso!”. (pg. 147). 

Ahora para los que acostumbramos a beber en grupo con una sola copa, es grandiosa la anécdota: “Ya pues Pishuco” (pg 52). Y, también no podía faltar el  histórico bar de Penko, al respecto  se encuentra la anécdota: “Don Penko” (pg. 107).

También hay anécdotas que descubren los porqué de algunos apodos, tal es el caso de, “Mi equipo se llama El Chileno”, (pg. 52) y el, “Miren Miren parece un muñeco”. (pg. 149).

En el deporte con la talla que tiene don Alicho, era ineludible que participara en el futbol, y escogió el difícil puesto de arquero,  a este respecto nos presenta una entretenida anécdota: “Señor Fiscal el Arquero Sabe lo que Hace”. (pg.130).

Es sabido que los maestros nos inculcan la virtud de la puntualidad, sobre este tema nos presenta una anécdota muy entretenida, y que para el autor le valió felicitaciones del editor de la revista Nueva Educación, donde se publicó, entre 1963-1964: “El mío con top de radio nacional”. (pg. 140).

Estas anécdotas son solo algunas de las  perlas de pura cultura Chiquiana y Bolognesina, que usted encontrará en este libro, poco usual en la literatura ancashina.

ORIGENES

Hace 84 años en Jircán, el barrio emblemático más musical y deportivo de Chiquián, nació don Alejandro Aldave Montoro. La música, estuvo en sus venas aun antes de nacer, pues su padre fue nada menos que el forjador de las bandas de músicos en la provincia,  de Bolognesi, nos referimos al histórico don Florentino Aldave Calderón, junto a esa sabia musical, la disciplina al trabajo y el amor a su prójimo, que hoy le admiramos,  fue forjada y alimentada por su madre doña Sofía Montoro Ramírez.

Desde niño no le atrajo el sonido fuerte de los vientos, tan reconocido en las bandas, sino la cadencia y dulzura del arpa, tanto que desde muy niño, alcanzó prematuramente un dominio total,  tanto que cuando cursaba el quinto de primaria dio un recital como solista en la escuela 351, por el día del indio,  para el asombro de sus condiscípulos y el deleite del director, también músico, don Cesar Figueroa Cuentas. Sus condiscípulos, Abel, Anatolio, Román, Gudberto, Fortunato y Policarpo, gozaron de los halagos que recibió su colega.

Pronto vino la edad de adolescentes, lo que los obligó a cantar bajo los balcones o zaguanes en serenatas románticas y estruendosas, sus voces resonaban como querubines salidos de aguas encantadas, haciendo las delicias de las jóvenes lisonjeadas y cólera hepática de los padres celosos.  Abel, Román, Anatolio y Alicho, conformaron un cuarteto de temer. Su dominio por la música y el canto lo acompaño para construir hermosos coros de 3 a 4 voces en los diversos lugares donde trabajó. “mi fuerte ha sido las canciones para los colegios”, nos declara con emoción.


EN LA EDUCACIÓN

Su incorporación a la educación, como docente tuvo que ver con sus dotes de músico y deportista, pues se había extendido su fama hacia la meca de la música ancashina de esos años, Huaraz,  donde reinaba el conjunto inmortal Atusparia, allí fue invitado para tocar con ellos, era como si a un bolerista le invitaran a integrar  el trio los panchos.

Allí con su arpa, don Alicho, dejó boquiabiertos a los asistentes a las actuaciones que hicieron con público selecto, entre ellos, estaba un gran educador, don Leovigildo Soria, quien después de verlo lo animó a integrarse a la educación. Recuerda con nostalgia la fecha cuando integrando la orquesta de docentes el 20 de abril de 1950 deleitaron en la clausura de la concentración con  el conjunto de educadores de Chiquián, con yaravíes, huaynos y valses: uno de esos integrantes fue  mi padre don Antonio Zúñiga en la  mandolina, y otro don Eleodoro Gamarra en el violín, claro don Alicho en el arpa.

Con todos esos antecedentes, don Alicho se inició como educador en Yamor, en ese cálido poblado recuerda que los recibió el director don Alejandro Núñez, de quién ha escrito una alegre anécdota de LAMPARITA SE LARGÓ. (pg 59). Donde don Alejandro no le gustaba que su apodo se lo dijeran fuera de contexto.

Como todo joven con talla, el deporte lo atrajo, su puesto, arquero. Recuerda con orgullo haber jugado con lo mejor de Chiquián, en Alianza, una defensa inigualable con don Pablo Vásquez  y Jorge Bravo, en Tarapacá estaban, nada menos que don Anatolio Calderón, y Gudberto Ibarra, como diciéndonos que los partidos eran bravísimos. De esa travesía deportiva, hay muchas anécdotas, rescato aquella del  “Señor fiscal el arquero sabe lo que hace”, (pg 130).

Una delegación cultural y deportiva de Chiquián hizo una gira a los pueblos del Callejón de Huaylas (Ancash). Tuvo éxito la presentación del drama LOS DOS SARGENTOS y en los encuentros  de futbol tres triunfos y un histórico empate. En Carhuas, frente a un equipo que parecía muy poderoso, lucía un uniforme deportivo brillante, con refuerzos de jugadores de Chimbote. Se inició el encuentro de  futbol, ambos equipos calentaban músculos y estudiaban al rival, a los 20 minutos un delantero carhuasino de  cabezazo con efecto rebuscador intenta meter el gol, el aquero atrapa la redonda con la mano derecha y hace una pirueta de costumbre, pasando el balón por la espalda y agarrar con la izquierda. Pero como la pelota estaba con mucho efecto topa la espalda del guardameta y se produce el autogol, ¡de lujo!, el suceso elevó los ánimos y la euforia aumentó rebosante en los hinchas carhuasinos. Don Pablo el fiscal de la delegación visitante, increpó con palabras subidas de tono al arquero por el autogol y la respuesta del arquero, de inmediato fue: “ Y, señor Fiscal, ¡por favor, tened paciencia, EL ARQUERO SABE LO QUE HACE”, a unos minutos del autogol, se presenta un viento con remolino avance tras avance la delantera aliancista insiste y finalmente se produce el empate, desde ese momento goles y más goles y terminó el encuentro por goleada 7 a 1 marcador favorable para Chiquián. Los carhuasinos a llorar al rio Santa. Mientras que el Fiscal y la delegación felices de  la vida a festejar el triunfo histórico comentando la pirueta del autogol de lujo del arquero Alichin.
Empero, la anécdota que no la ha escrito aun, es cómo pasó a jugar por el Alianza Chiquián, pues el primer equipo por el que jugó fue el Cahuide,  sin embargo, él nos narró lo siguiente: “una tarde en Jircán estábamos por iniciar el juego, de pronto, el capitán Tuntu, me llama, - Alicho sácate la chompa y entrégasela a Él”. Aun incomodo hizo lo solicitado. En eso desde la esquina contraria, don Fabián Cano, observó la escena, entonces ni corto ni perezoso, se le aproximo diciendo, “si se cierra una puerta se abre otra”, aquí en el Alianza te necesitamos”. Desde aquella vez, se ha hecho, el más aliancista de todos, siempre lleva puesto la chompa amarilla, a todas las reuniones deportivas que asiste.

EL MAESTRO

Su prestancia musical y deportiva, convencía en cuanto lugar visitase, de modo que su actividad educadora se complementaba bien con el sentir de la población. Así su recorrido como educador continuó desde Yamor, se trasladó a Aquia y de ahí hacia Acas, a la que llegaba en casi 15 horas de viaje, salía a las 3 de la madrugada para llegar como a las 6 de la tarde, previa estadía en chonta para comer los ricos fiambres que llevaba. De este lejano distrito recuerda a los apellidos de Valerio y Alejos.

Después de estos tres lugares, y habiendo transcurrido casi 5 años, se trasladó a Llámac, allí permaneció casi 16 años.  Por eso es que siempre ha estado identificado con este distrito que lo ha llevado en el corazón hasta hoy. Su Lima – chica, como él dice. Cuando le pregunté inquieto, porqués esa denominación, en principio pensé que sería por el clima cálido que tiene comparado con Chiquián, empero me respondió sonriente: “acucho eso porque nosotros tenemos nuestro Jr. De la unión, nuestro 5 esquinas, nuestra  iglesia San Pedro,  nuestra plaza de acho, nuestro colegio Nuestra Señora de Guadalupe, y también nuestro rió Llámac”, me descuadró su contundencia. Su mente es una infinita fuente de anécdotas, las 180 que aparecen en el libro han quedado todavía cortas, porque conforme conversamos, él va adornando sus explicaciones con alguna anécdota.

Su labor como educador en Chiquián se dio con el terremoto del 70, su esposa estaba en Cora, y él en Llámac, cuando viajaron a Chiquián, se le encargó la dirección de la Escuela de Aplicaciones de la Normal Mixta, en medio de aulas prefabricadas alojadas en el estadio de Umpay, allí montó la banda escolar, pero con una innovación, incorporarles los instrumentos gigantes de viento, para ello pidió prestado a su padre. Esto lo recuerda con mucha emoción, porque eso le permitió, entonar sus propias canciones especiales para escuelas del cual él dice: “es mi especialidad”.

La vida que nos narra don Alicho, es la característica del maestro de aquellos tiempos, la de nuestros viejitos,  por cuanto eran  verdaderos  líderes, en todos los ámbitos: deportivos,  culturales, y sociales,  en su análisis don Alicho, nos dice: “éramos entregados al pueblo, ejemplos de puntualidad, trabajo honesto, y permanente capacitación”. Efectivamente por eso nuestros  grandes maestros son recordados con aprecio y agradecimiento infinito siempre.(Anécdota de puntualidad: El mio con top de radio nacional. Pg. 140).

LA POLÍTICA

Ayer, como hoy los políticos, causan escozor, pero a veces tienes que participar, y aunque somos como Aristóteles nos dice, “zoon politikon[1]” (animales políticos), algunos aun detestándolos, participamos, sea porque se dio la oportunidad o porque caemos de casualidad. Don Alicho, en su vida, también asumió cargos políticos, como fue el caso de subprefecto de la provincia de Bolognesi, por un corto periodo de un años, 1999 a 2000. Desde este cargo volvió a visitar todos los 15 distritos, antes más joven ya lo había hecho cuando eran 23 los distritos. En mis años, me he demostrado, que soy viajero, porque “el objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje”.  Este viajero empedernido, no hace sino ratificar a A. Machado, que,  “caminante no hay camino,  camino se hace al andar”.  En este sentido don Alicho es un viajero que abre caminos, por loq eu le seguimos debemos transitar con mayor facilidad.

LA FAMILIA

Pero lo que sacude el corazón y debilita la voz clara de don Alicho, es cuando hablamos de su familia, cual poeta y gladiador a la vez,  evoca con dulzura y fortaleza a su amada esposa, doña Luisa Amina Rayo Minaya,  con ella formó su sagrado hogar, como él lo llama, junto a sus 5 hijos, José, Maly, Jesús, Simón, y Hugo, son su adoración e inspiración, hoy, algunos están en los estados unidos y otros en Perú. La  nostalgia enrojece su vista, y unas lágrimas asoman en la pupila  cuando habla de su hijo mayor prematuramente desaparecido, pero tiene reconforto cuando sabe que ahora él comparte con su madre el altar celestial. Su emoción cambia para demostrar alegría, cuando recuerda su boda, y la despedida a su viaje nupcial, frente a sus familiares y amigos, don Alicho y su joven esposa, deleitaron a sus amigos y familiares, cuando en dúo arpa y acordeón, entonaron hermosas piezas musicales que emocionaron a los presentes hasta las lágrimas. Sin duda, había nacido un hogar de amor a la música, como que posteriormente, constituyeron el conjunto “Sinfonía de Hogar”, con sus hijos: Alicho (arpa), Esposa (mandolina y canto), María y José (guitarra), y Simón y Hugo (otros). Aquí tomo parte de un acróstico, de la pg. 179, “En memoria de mi amada esposa”, Amina:

Abnegada esposa mía y madre de nuestros queridos hijos
Muy temprano fue tu partida dejándonos en un valle de lágrimas
Ilusionados caminamos en esta vida pasajera siempre unidos
Ni entre sueños habíamos imaginado en sorpresas trágicas de
Aquel 25 de junio de 1995 que el Happy Birthday se tornaría en duelo y llanto

LOS CONJUNTOS MUSICALES

Cuando hablamos de conjuntos musicales don Alicho tiene en su historial, haber integrado varios, desde el primero, denominado Juan Sánchez Dulanto, que tenía como cantante al mejor vocalista de Chiquián, a don Bernardo Escobedo Bellota, y también a la recordada y admirada vocalista doña Evita Alvarado,  y por supuesto también se contaba con la voz de su esposa.  Otro conjunto histórico fue Melodías de Chiquián, que exhibía al mejor vocalista vivo, el inigualable Oshwa Vicuña, este conjunto se representó en diversos programas de TV en la capital de la república, para deleite de los residentes ancashinos, bolognesinos y chiquianos en la capital. Sin embargo, muchos de nosotros lo identificamos a don Alicho, como el gran ejecutor en arpa de las danzas típicas chiquianas, como los Jijas, pero él fascina cuando acompaña a los Diablitos de Chiquián, precisamente, con estas danzas, deslumbraron en los teatros Segura y Felipe Pardo y Aliaga. Como ven estimados amigos, se trata de una vida entregada a difundir la música de nuestra tierra, Bolognesina y Chiquiana.


LAS CANCIONES

Mientras acompañaba con el arpa a conjuntos, también se dio tiempo para escribir canciones distintas a las relacionadas con los Himnos Escolares,  algunas las recordamos como: Cordillera Blanca, Madre Mía, Eucalipto, Arriba Llámac.

EN LA RADIO

Actualmente a don Alicho lo tenemos todos los domingos en radio independencia en el programa Por las Rutas de Chiquián y la Provincia de Bolognesi, en co-animación con don Víctor Tadeo,  esta es la versión de Comunicador Social, que tiene sus antecedentes en Chiquián, cuando en los años de 1973, trabajando en OBE del Coronel Bolognesi, crearon la Radio Magisterio, con parlantes puestos en los postes de luz eléctrica. Esta actividad  de comunicador se consolidó cuando jubilado llegó a Lima, donde encontró a su sobrino Carlos Aldave  ya director de un programa, y en Lima se vivía un ambiente con presencia de otros programas comandados por don Gregorio Gamarra y Víctor Tadeo. Tras algunas participaciones en el programa de Carlos, finalmente quedó comprometido con Víctor, en 1986, y continúa hasta hoy, nada menos 28 años. Todos los domingos, don Alicho, con su voz suave y nítida, nos convoca a vivir noticias de Chiquián, Bolognesi, de los residentes en la capital sus actividades y onomásticos que nos convoca a mantener nuestra esencia, basada en la cultura.


EL ESCRITOR

Hoy,  nos reúne la presentación de su nuevo libro, por ello es natural saber cómo surgió la vena de escritor y desde cuándo. Él nos confiesa que, desde muy joven tuvo la costumbre de anotar todo lo que ocurría en su entorno, pero la escritura y difusión pública, se presentó con motivo de exigir a sus estudiantes  composiciones de los paseos y/o excursiones que se realizaban con mucha frecuencia, además: “al pedir a mis alumnos las composiciones, el primero en hacerlo debía ser yo”, nos comenta. Y, continúa, “recuerdo con especial alegría las composiciones tras las excursiones a Cuzco y Cajamarca, con fotografías y todo”. Y, como ya le había gustado tomar notas, y escribirlas presentó algunas anécdotas a la Revista Nueva Educación, que se publicó entre los años 1963 – 1964, allí le publicaron algunos, por los que recibió felicitaciones del editor. Su trajinar por la escritura, nos muestra que la única fórmula para aprender a escribir, es escribiendo, y cuando ella se práctica permanentemente se convierte en un hábito, en un hermoso hábito que deja huellas. Aquí, presentamos dos anécdotas, una publicadas en la revista mencionada: EL MÍO CON TOP DE RADIO NACIONAL DEL PERÚ (pg. 140).  

El 24 de junio día del campesino, todo estaba preparado con anticipación, la ceremonia, los bailes folklóricos, la parte deportiva, el ingreso al plantel de acuerdo al horario 9.00 en punto de la mañana para el personal docente, aquel docente que llegaba retrasado su raya roja, aquí viene lo bueno: el director usaba su reloj de acuerdo al TOP DE RADIO EL SOL. El docente que llegó minutos después recibe la amonestación, aun el personal estaba todavía en la dirección del plantel, haciendo uso de su derecho, el profesor pide la palabra y manifiesta: Sr. Director injustamente me amonesta, con el respeto que se merece invito a Ud, y a los colegas ver la  hora en sus relojes, todos tenían las 9.00 am, solo el director tenía 3 minutos adelantado, ante esta realidad la autoridad escolar pidió disculpas al personal  dijo “mi reloj está con top de radio el sol”,  y el profesor contestó, “el mío con top de  radio nacional del Perú la hora oficial peruana”. Comentarios, por lo bajo, risas y  risas,   desde entonces todo es armonía, no amonestaciones y no más raya roja.
Y, otra una recopilación, se trata de: PANCHOO, BETOO, llamen a Muchky Valerio ¡urgente!. (pg. 146).

Cierto día Yanahuiru viaja con acémila a un pueblo cercano, en el camino sufre un accidente, se disloca el tobillo, y lo llevan  media vuelta a Chiquián, llega a su centro de trabajo, pálido, nervioso, con mucho dolor, no podía ni pararse, desesperado llama a su personal. ¡Panchoo!, ¡Betto! De prisa por favor, llamen a Muchky Valerio ¡urgente!. Me disloqué el tobillo ya no resisto este dolor. Luego de un rato, llegó Muchky con sus hierbas medicinales, tablillas, vendas, ron de culebra y alcohol. Le da una atención especial, y luego de un grito retumbante de Yanahuiru, una sola curada y punto. Yanahuiru convencido del trabajo del curandero, dejando a un lado el orgullo, le agradeció y reconoció el talento del mejor huesero de la provincia. Desde aquella fecha, el Dr. Yanahuiru recomendó a pacientes con fractura o dislocadura para que llamen a Muchky Valerio, porque decía que era un hombre capo y generoso en la materia. En el ambiente no se hizo esperar el comentario popular y adiós el orgullo y la vanidad, que pronto se evaporan (anécdota proporcionada por la Dra. Teodora Damián Aldave).
EPILOGO

Hemos hecho un pasaje muy somero por la vida pública de don Alejandro Aldave, el autor del libro que estamos presentándolo hoy, y de ese pasaje, surgen muchas enseñanzas, que deberíamos ponerlas en práctica permanentemente, en nuestros pequeños poblados de Bolognesi y del Perú:

1)      Los valores y potencialidades provienen principalmente del hogar, es ahí al lado de los padres, donde se construye el cimiento para encarar la vida, independientemente de si hay dinero o no, lo que engrandece es el amor familiar y el aprecio a la cultura de tu pueblo.

2)     El deporte y el arte, son fundamentales para crear y formar la mente sana en cuerpo sano, y que son herramientas valiosas en el recorrido de la vida, que facilitan el camino a lograr objetivos, sea en el ámbito profesional cuanto social.

3)     Tenemos que reconocer que los maestros en el interior del Perú, han sido y algunos son, verdaderos líderes sociales, que promueven el desarrollo integral basados con lo más valioso que es el intangible cultura. En este rubro Chiquián, se alza como una de las fuentes principales de maestros cumbres en el departamento de Ancash. Eso subraya la denominación de  Chiquián Cultura.

4)     Necesitamos fortalecer, impulsar  y promover la presencia de las actividades culturales como esta noche, pues la gran concurrencia presente hoy, y como también ocurrió, en otras realizadas no hace mucho, nos demuestra que añoramos este tipo de eventos y que siempre estuvieron en nuestra perspectiva y memoria. Por ello felicitamos al Club Ancash esta apertura a la cultura y la importancia que se está dando a este tipo de actividades. Seguro que con esta política vendrán muchas producciones culturales, siguiendo el ejemplo del profesor Alejandro Aldave.

5)     Bienvenida la producción musical que se está perdiendo y que no debemos permitirlo, de ahí las canciones que don Alejandro nos presenta es un aporte muy valioso a la preservación de la cultura Chiquiana y Bolognesina. Este aporte tiene que ser valorado en la dimensión del esfuerzo y del ejemplo. El primero, porque realizar una obra de creatividad y recopilación, es de un esfuerzo inmenso y prolongado, pero también es un ejemplo, que él a sus 84 años siga vigente, eso nos obliga a seguir sus pasos. Es en  esa dirección que, su libro debe llevarse a todos los lugares de la provincia, para convertirse en ejemplo y también para utilizarse en las escuelas como fuente de libretos en la realización de representaciones teatrales.

6)     Finalizo haciendo un llamado a las instituciones públicas o privadas, a los gobiernos provinciales y regionales a posibilitar fondos pro financiamiento de producción cultural como libros y/o revistas, pues tienen un costo que muchos no pueden cubrirlos. Necesitamos no solo el vaso de leche para alimentar el cuerpo, sino también necesitamos letras y números para alimentar la mente y el espíritu.

La Pluma del Viento
Lima, 4 de abril de 2014









CHIQUIAN CULTURA
POR LAS RUTAS DE CHIQUIÁN Y LA PROVINCIA DE BOLOGNESI
EL ZAGUÁN DE ORO PUQUIO

NOTA: Este es mi presentación que expondré en el Club Ancash como parte del programa.



[1] El significado literal de la misma es: "animal social" o más específicamente "animal político", y hace referencia al ser humano, el cual a diferencia de los animales posee la capacidad natural de relacionarse políticamente, o sea crear sociedades y organizar la vida en ciudades.