miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL CAHUDISTA QUE NOS PERMITIO LLEGAR A LA FINAL SOÑADA




Por Agustín Zúñiga Gamarra



La guerra con Chile, de 1879, nos dejó el nombre de TARAPACÁ como uno de los lugares mas recordados de nuestra historia: “Tacna, Arica y Tarapacá tierra de sangre y de fuego, y de fuego..”, rezaba una canción popular en mi escuela de primaria. Bolognesi y Cáceres, simbolizan a los miles de peruanos que cayeron en la nefasta guerra del pacífico. “Hasta quemar el ultimo cartucho...”, resuena en nuestros oídos y exaltan nuestros sentimientos, es la voz inquebrantable y eterna del Coronel Francisco Bolognesi.

El 27 de noviembre de 1879, a las 8:30 am se inició la batalla de Tarapacá, que duró casi 9 horas, donde la Infantería integrada por hombres de Cusco y Ayacucho al mando de Andrés Avelino Cáceres, le dieron un gran triunfo al ejercito peruano. A pesar de la derrota final en la guerra del 79, aun queda en nuestro corazón el coraje de un batallón que se impuso al enemigo a pesar de su inferioridad numérica.

Ese mismo sentimiento de ganadores, brilló en el pecho de unos jóvenes chiquianos que, en los campos del Rímac, desplegaron orgullosos la triunfadora bandera chiquiana bajo los colores VERDE y BLANCO del Club Atlético Tarapacá.

Como no recordar a Pipa y Poco Valerio en el arco, en la defensa a Enrique Ocrospoma , Eca Carrillo, Uli Zúñiga , Erich Vilchez, Nando Vásquez y Arnaldo Balarezo. En el medio campo Willy Roblez (que se fue al cielo antes que todos y ahí nos espera), Hugo Vilchez el mas joven y Acucho Zúñiga el pequeño gigante. En la delantera Nando Alarcón (que entonces jugaba en el club Universitario de Deportes), el crack estrella Toto Núñez, el hombre del potente remate Percy Vilchez y el puntero goleador Comunito Núñez.

Este pequeño recuerdo ojala llegue a los oídos de nuestros queridos amigos, que desde aquellas temporadas inolvidables de los 80 pocas veces nos hemos vuelto a ver, unos por el trabajo otros por que se fueron a países lejanos a buscar mejores oportunidades para sus hogares, pero con seguridad sus corazones se quedaron para vivir en medio de estos muchachos. En nuestras mentes quedan imperecederos los entrenamientos en el campo de VIPOL, los diseños en el camarín para estudiar la formula MW (eme vedoble) antes de salir al gramado del campo de la unidad vecinal del Rímac.

Este Tarapacá surgido en 1939 en Chiquián se nutrió de campeonatos en el viejo estadio de Jircán, hasta que apareció una promoción de niños y luego jóvenes, que desde las cuadras arenosas del barrio Venecia (agocalle), saltaron a ser campeones de la fiesta de Santa Rosa de Chiquián, en aquellos días cuando este campeonato era la principal atracción en las fiestas patronales, el ultimo equipo campeón de estas fiesta, se conformó con jóvenes adolescentes de Chiquián, encabezados por los hermanos Percy y Hugo, bajo el impulso del profesor Angulo y Chole, reforzados posteriormente por jóvenes universitarios de Lima. Con este equipo dieron cuenta de sus acérrimos rivales Alianza y de su clásico rival Cahuide.

Después, al son de su típico himno - huayno de “ Tarapaqueño soy casaca verde bien de adentro soy....”, se trasladaron desde el pedregoso y polvoriento Jircán a los verdes campos del Rimac, para continuar su racha triunfadora.

Todavía está en nuestra memoria las tardes dominicales, que al son de la banda de músicos entonando el “Chimbarabata”, ingresábamos al campo bajo los aplausos y gritos de nuestra bulliciosa barra encabezadas por Chole Zúñiga y Rosita Núñez, mujeres que demostrando su estirpe guerrera, hoy enfrentan con valentía inclaudicable su lucha por la vida. Ejemplos vivientes de los colores gloriosos verde y blanco del Tarapacá.

De las infinitas anécdotas que hoy invade mi memoria, permítanme amigos de ese equipo campeón de los 80, recordarles aquel del 1983. Después de haber estado ausente casi un año en Argentina -por estudios- volvía a integrar un gran equipo que tras un fragoroso y largo campeonato interdistrital del AIB, los dos mejores equipos empataron en puntaje (Tarapacá de Chiquián y Club Cajacay) por lo que se debía dilucidar al campeón en un partido de desempate; el cual se programó para dentro de 3 semanas y sería el 2 de Setiembre de 1983, dos días después de la fiesta patronal de Chiquián, a la que muchos integrantes habían viajado. Algunos volvimos el mismo día de aquel partido, otros no llegaron se quedaron a continuar la fiesta, a gozar de las corridas de toros. A pesar de eso nos presentamos al día del encuentro, diezmados, completando ajustadamente 11 jugadores, contando con todos los suplentes. Ese día, la programación establecía un solo partido: a las 11 am.

Los cajacainos se presentaron con todas sus estrellas dos de los cuales jugaban en el fútbol profesional uno en el Municipal y otro en el Sport Boys. Estando en el campo, cambiados, haciendo peloteos, esperábamos el tiempo reglamentario y este no se iniciaba, los cajacainos al ver a nuestro equipo debilitado daban por seguro su triunfo, habían contratado un restaurante donde irían a festejar su triunfo y el campeonato, pero el tiempo avanzaba; pasaron 10, 20 y 30 minutos y no llegaban los árbitros. Nuestros delegados, abogados, se pusieron bravos e hicieron respetar las bases, suspendiendo el partido por que la hora del inicio se había vencido largamente. Este reclamo fue contundente, irreprochable, finalmente se suspendió el encuentro, trasladándose para el próximo 8 de diciembre, considerando que el campo serían tomado para otro campeonato. Ese 8 de diciembre en un partido memorable con gol de Percy Vilchez ganábamos el encuentro y campeonamos por segunda vez. Nadie supo porqué los árbitros no llegaron.

La anécdota se completó luego de muchos meses, al enterarnos que la razón de la inasistencia de los árbitros había sido tramada. Considerando que el equipo de Tarapacá no se presentaría con todos sus titulares y sería derrotado, el responsable para contactar con los árbitros había sido nuestro amigo Gregorio Gamarra Genebroso (cahuidista y gran comunicador en radio el Pacífico en su programa Perú Imperial), quien no hizo el contrato con los árbitros por la razón mencionada, consecuentemente jamás se presentaría alguno. Este hecho nos permitió no jugar aquel partido sin nuestro mejor equipo que se había sacrificado largos meses, por ello parte de la copa, que se ganó aquel año, se debió también a este amigo admirador de nuestro juego y de la competencia deportiva sin ventajas. Anécdota que la solía contar en su oficina y sastrería, del jirón Huancavelíca, centro de reuniones matutinas de los paisanos.

Que este corto recuerdo, sirva de homenaje a todo el Club Atlético Tarapacá, en las personas de los añejos dirigentes como don Abel Alvarado, don Gudbi Ibarra, don Anatolio Calderón, Peli Balarezo y los Jóvenes aún, Iván Robles, Nica Rivera, Nalo Alvarado, Felipe Alvarado, Juancho Núñez, Toto Núñez, Nina Núñez, Irma Robles, Irma Alvarado, Carmen Robles, Doris Bravo, ... etc. Y, que siempre mantengan su alegría y orgullo de ser tarapaqueños y sobre todo el orgullo de ser chiquianos. Nos despedimos recordándoles a nuestros hermanos tarapaqueños su himno:


Tarapaqueño soy casaca verde bien de adentro soy
Unos me quireren otros me odian porque soy campeón
Unos me quieren otros me odian porque soy campeón
Campeoncito soy


No se porque será que siendo tarapaqueño odiadito soy
No se porque será que siendo tarapaqueño odiadito soy

Feliz día Club Atlético Tarapacá de Chiquián

Lima, 27 de noviembre de 2005



(Mensaje propalado en radio Independencia en el programa Alma y Sentimiento de Tierra)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA TARDE DE LOS CORREAZOS



Como todos los domingos los jóvenes deportistas alistaban sus implementos deportivos, no podían olvidarse de las vendas, tobilleras, canilleras, frotasiones: Ice Hot, o Charcot, y por su puesto, algunas moneditas para la chanchita correspondiente, no importa que sumadas no alcanzaran ni para dos chelitas, siempre lo poco era suficiente para enganchar y comprometer a aquellos de mas dinero que siempre caían cerca al equipo campeón a ver y compartir con sus cracks.

Nuevamente las emociones se pondrían al tope cuando rodase la bola en el campo de la Unidad Vecinal del Rímac, donde los residentes de la provincia de Bolognesi de los 24 distritos, mantenían por quinto año consecutivo un campeonato muy competitivo que los convocaba, todos los fines de semana, en particular a los seguidores del Club Atlético Tarapacá de Chiquián, que se había hecho costumbre estuviera de puntero o disputando palmo a palmo el campeonato con sus archirrivales del Club Cajacay.

El sonido de la banda llegaba hasta la avenida Alcázar, anunciando que era el lugar correcto para descender del ómnibus, era el paradero del Cine Madrid, allí semanalmente bajaba con mi hermano Uli desde la línea 36, procedente de Ingeniería. Mientras nos acercábamos al campo, los paisanos y amigos, que conocían de la calidad del equipo de la casaca verde, nos rodeaban y saludaban, hola Acucho, Uli, Comunito, Eca, Toto, Hugo, Percy, nos miraban con admiración, alababan nuestro juego, y nos decían que seríamos campeones, y, que nos preferían en lugar de los cajacainos que los veían “mas sobrados”, pues ellos no se quedaban después del juego a libar y bailar los huaynos. Era notorio que teníamos mas hinchada que los super-organizados celestes, donde fluía mucho dinero, claro! y cómo no va ser!, si entre otros estaba nada menos que don Miguel Castillo (padre del ahora dueño de Las Canastas), mayorista de la avenida Habich, persona maravillosa, que nos conocía bastante, pues pasábamos diariamente frente a su tienda camino a la UNI.

En la puerta de entrada nos esperaban los dirigentes, Apshu, don Abel o Peli, ellos se adelantaban con las chompas, los chimpunes, las pelotas y los carnets. Adentro nos aguardaban nuestra bulliciosa y fiel barra, muchas jóvenes chiquianas, ataviadas de serpentinas, gorros, matracas, con polos de color verde y blanco, y una gran banderola con el rotulo de Club Atlético Tarapacá, junto a Zoila, Irma, Carmen, Doris, Maye o Edi, resaltaban las voces de Chole, Blanca y Rosi, quienes haciendo gala de creatividad y osadía, eran parte decisiva en los triunfos. No bastaban los goles de Comuno o los cabezazos de Eca, ni las salidas elegantes de Uli, también se requerían los motivadores gritos de Tarapacá!!, Tarapacá!!, ante atajadas de Pipa, o saltos doble ritmo de Acucho, jugadores y barristas eran complementos triunfadores en las tardes de gloria.

Las horas de los partidos tenían que ver con el puntaje sumado de los dos contrincantes, por ello a veces nos tocaba jugar a las 11 am (limpia canchas), generalmente en confrontaciones con los coleros, y otras a la hora central, de 3 a 4 o de 4 a 5, con los punteros, estos últimos eran a estadio lleno, todos reconocían que “estos juegos eran de machos”, la emoción subía al tope, sin embargo a veces se llegaba a enfrentamientos masivos, cuando la cerveza subía a niveles de destrucción de la razón y la ecuanimidad para dar paso al fanatismo y la intolerancia.

Estas horas estelares estaban “separadas” para los encuentros entre los grandes o clásicos rivales como, Chiquián, Cajacay, Ocros, Aquia, Oncoy o Corpanqui. Cuando esto ocurría, en el camarín, la adrenalina subía como la espuma mientras se esperaba el inicio del partido, el temor principal era la inasistencia de algún crack, no había muchos suplentes, particularmente en el puesto del arquero, cosa que no ocurría con Poco Valerio, y, si con Pipa, quien era muy propenso en caer en las redes del beber, justo el sábado para domingo, casi de seguro que si el juego era de mañana el no venía, o si lo hacía era para el segundo tiempo.


En una de esas oportunidades, su ausencia fue suplida por Erich, joven muy serio, responsable, diligente y presto al sacrificio con tal de ver a su equipo completo, así que aceptó el desafío de atajar, aquella tarde jugábamos contra Huanri, no era un rival de peligro, por lo que los muchachos del Tarapacá se divertían, sin mostrar exigencia, pero en una de esas jugadas intrascendentes, se produjo un rechazo chacrero, de un volante huanrino, los defensas Eca y Uli, levantaron la vista para verla pasar con la seguridad que se iría fuera del campo, pero, Oh! Sorpresa!!, nuestro arquero voluntario, no tenía la practica necesaria usando guantes, así que en su afán de aprisionar la bola y sacarla de inmediato, fue a su encuentro pero le pegó un manotazo tan descompasado que lo único que hizo fue cambiarle de rumbo y mandarla a su propio arco, desde la tribuna, se oyeron aplausos y risas estruendosas.


Erich con la cabeza gacha, como pidiendo disculpas, sacó la bola del fondo de su portería. El resto del equipo en lugar de enojarnos, soltamos también sonoras carcajadas casi en coro. El capitán Eca, con una palmada en el hombro le dijo, “no pasó nada Erich, en adelante ponle puño a todas la bolas que vengan por alto”, continuó el juego y como el rival no era de los fuertes hubo tiempo para remontar el adverso score, y terminar 4 a 1, este error hubiera sido inaceptable contra un equipo grande.

Terminado el juego, Erich se convirtió en el blanco de todas las bromas durante toda la tarde mientras se festejaba al son de la banda y las cervezas. Por eso cualquier falta resentía mucho al equipo, eso hizo que pocas veces hubieran inasistencia en los partidos con los equipos grandes.

En estos clásicos, la barra lucía, igualmente completa, particularmente las damas, nuestras amigas y familiares, que hacían lo imposible por sentirse bullangeras, todos llevaban naranjas, que las necesitábamos en el medio tiempo, si el partido era contra el mas clásico de todos, Cajacay, entonces además de toda la parafernalia, también debían tener mucha valentía por si se diera el caso de enfrentarse con las manos, o correas.

Como ocurrió, en un encuentro contra, el gran equipo de Cajacay, repleto de jugadores incluso profesionales del Municipal y Sport Boys, y todo comenzó cuando, el pequeño gigante del medio campo, Acucho, los tenía controlados a sus rivales, sin embargo, desde la tribuna de los celestes, no cejaban de insultarlo e incomodarlo, era sin duda el jugador clave en la marca de los hermanos Zorrilla, así de reojo había visto quien era el que persistía en el insulto, de pronto la bola salió al lateral, Acucho va a traer la bola, pero, en lugar de apurarse a buscarla, se dirigió raudo hacia donde estaba el vocinglero “barra brava”, y le asustó con un salto, al estilo santo, como para darle un golpe, el otro huyó como lagartija en celo, eso fue suficiente para atemorizarlo.



Cuando volvió con la bola entre sus manos listo para sacar el lateral, como si no hubiera pasado nada, el arbitro que se había percatado del incidente y además observando que había movilización entre las barras -la celeste herida trataba de invadir la barra del Tarapacá que por cosas del destino eran contiguas– trató de cortar por lo sano, “amonestar a Acucho”, se entiende por originar el laberinto que iba creciendo. 

Acucho, como dándose por no enterado de lo que ocurría tras él, observó que el arbitro se le aproximaba con la mano en el bolsillo del pantalón para sacarle alguna tarjeta, pero como se dio cuenta que no era la amarilla la que sacaba sino la roja, en un acto de rapidez del enmascarado Zorro, le arrebató el pito de la boca antes que suene, y lo lanzó sobre la barra de Cajacay que ya se encontraba en forcejeos con la del Tarapacá. 

Acucho, entendió que siendo el partido definitorio del campeonato, no podía perderse en los descuentos, era preferible un empate, la pradera se encendió, el arbitro desapareció luego de dar por concluido el juego, las barras se trenzaron, las mujeres arañaban a sus contendoras (es), los hombres se enfrentaban con puños o con correas, todo esto hasta que la calma volvió a imponerse con la ayuda de las fuerzas policiales, fueron largos 20 minutos de real batalla. 

Finalmente, el partido definitorio quedó trunco, la final sería hasta un próximo y exclusivo encuentro. Terminada la escena y conforme caía la tarde, las dos barras iban reconociendo sus errores y calenturas, al final al son de la banda y los hermosos huaynos, cerrábamos con abrazos fraternos una tarde mas de la histórica rivalidad entre los hermanos pueblos de Cajacay y Chiquián.

Lima, 04 de noviembre de 2010


martes, 2 de noviembre de 2010

UN MOVIMIENTO: CON-CIENCIA PERÚ


Por Agustin Zúñiga Gamarra




Cuando le pregunté a un colega de ciencias, ¿quién había aportado mas al bienestar de los pobladores de la zona alto andina de Puno, los Yachachi o la facultad de ciencias de alguna Universidad?. El invitado no pudo responder de manera directa, contorneó la respuesta para terminar en las generalidades de siempre, que, “la CYT son los pilares del desarrollo”. Ocurre que los Yachachi, habían aprendido e implementado unas 16 tecnologías, que les permitían disponer desde huertos de hortalizas a 3000 msnm, nunca antes visto, hasta energía proveniente del uso de los desechos orgánicos, y disfrutar de luz, cocinas y hasta duchas de agua tibia, todo ello antes ni soñado.


Entonces, ¿cómo la sociedad reconocería el aporte de las facultades de ciencias de las universidades si estos en la práctica no aportan a su bienestar de manera concreta?. La realidad nos dice que, ellas en su gran mayoría están sirviendo para preparar jóvenes que luego migran al extranjero para continuar sus estudios de posgrado y posteriormente quedarse, son una suerte de, “escuelitas de preparación pre-migratoria”.


En una conferencia reciente que di en una universidad, sobre Incubadoras e Innovación Tecnológica, un docente, de manera enfática, dijo, “el problema principal es que el estado evade su responsabilidad, no hay en la práctica políticas de estado a favor de la ciencia”. Sí, eso es lo que se reconoce y se observa en los gobiernos de los últimos 20 años (para citar aquellos que se han orientado a políticas de mercado), entonces, ¿cabría esperar alguna modificación de propuestas en el siguiente gobierno?.


Estadísticamente, y viendo quienes son los posibles candidatos, concluiríamos que no. Seguirá, entonces, la hegemonía de los letrados, sociólogos y economistas, y la ciencia e innovación, !hay seguirá muriendo!!. Ellos orondamente clamarán, “el crecimiento económico sigue viento en popa, y para eso no hemos requerido de alguna ciencia y tecnología nacional, sigamos en lo mismo no modifiquemos el modelo”.


Sin embargo, los que creemos que el crecimiento económico actual, es insostenible si no modificamos nuestra matriz de crecimiento basada principalmente en la exportación de materias primas, y dar paso a otra basada en la “venta del conocimiento”. Como esto no va a ocurrir, los trabajadores de la ciencia, seguiremos siendo los convidados de piedra, los eternos mendigos de audiencias parlamentarias (como ocurriera una vez mas el viernes 29-10-10), los que se contentan y agradecen por su “benevolencia” . Aunque sepamos que acabado el “show”, volveremos a lo de siempre, a “buscárnosla”, para seguir haciendo ciencia (publicando) no importa si estos no resuelvan problemas del país, ni que nuestros alumnos no tengan empleo al egresar o se vayan al extranjero para servir a otros países y nunca mas regresar al nuestro.


Esta escena no se ha repetido una vez, sino cientos de veces, y, en cada una de ellas se han presentado sendos documentos de diagnóstico y propuestas, amen de trabajos individuales, cada cuatro años, por la cercanía de las elecciones presidenciales, “por si alguno candidato lo tome en cuenta”. Empero, el resultado será el mismo, OLVIDO.


Es decir conociendo a nuestros eternos, partidos y candidatos, no podemos pedir peras al olmo, Einstein señalaba “es de ilusos creer que haciendo lo mismo el resultado sea diferente”. Por ello, creo que ya no es momento de seguir presentando, petitorios, documentos, en las salitas del parlamento, mendigando audiencias, rindiendo pleitesías a personas que saben menos de ciencias que el vendedor de helados, !!ya no mas!!.


Ahora es tiempo de constituir un movimiento político de científicos, que aspiren llegar al poder, no solo como parlamentarios que adornen listas, sino mas arriba, como candidatos a la presidencia de la república. Solo así aspiraríamos a poner el tema de la ciencia en el lugar singular que merece y necesita el país. No es momento de entramparnos en buscar la plancha ya!, sino, en conformar equipo y consenso en la construcción de este movimiento.


Rompamos la traba mental de creer que esa tarea no es para los científicos. Eso es completamente falso, pues, hay científicos que continuarán en los laboratorios mientras que otros ejercerán el reto político, y esto no es incompatible ni con el progreso de la ciencia nacional ni con el derecho ciudadano que incluye a todos los peruanos. Igualmente, no pasa por la falta de capacidades, si fuera así, entonces porqué presentamos propuestas permanentemente; el asunto refleja mas bien nuestras propias barreras mentales de no asumir retos de conducción del país, y que nuestros límites (auto impuestos) llegan a contentarnos con ser escuchados y reconocidos como gente sacrificada.


Allá los que piensan así, la convocatoria es para aquellos que habiéndole dedicado mucho tiempo a la ciencia, y haber presenciado que los gobiernos y partidos se mantienen insensibles por el papel de las ciencias naturales en el desarrollo sostenible del país, están en condiciones de luchar democráticamente, con los clásicos partidos, por la conducción del país. Para comenzar no se necesitan miles, suficiente con unas dos decenas, de gente convencida y cuajada, para iniciar la construcción del movimiento CON-CIENCIA PERU, luego sí se necesitará la convocatoria de toda la sociedad y en especial de los jóvenes que consideran que el conocimiento científico tecnológico en estos tiempos debe jugar un rol preponderante.

Lima, 01 de noviembre de 2010

NOTA:
Se está coordinando la primera reunión de trabajo, que se comunicará oportunamente.