domingo, 30 de diciembre de 2012

PLANIFICACIÓN DESDE EL INICIO DEL AÑO

En esta última semana del mes de diciembre y en los primeros días de enero del próximo año, se unen dos grandes fiestas la navidad (que ya fue) y el año nuevo (que ya viene). Son varios días de fiesta, por ejemplo, los empleados públicos volverán a trabajar recién el próximo miércoles. Al sábado y domingo se han unido el lunes y martes. Para la navidad, también, hubieron igual número de días de fiesta.

Nuestra costumbre hace que estas dos fiestas sean las más esperadas, tendemos a derrochar lujuria, gula, soberbia y sobre todo tiempo. Nuestra cultura nos señala ese modo de proceder, estas son fiestas de exagerado CONSUMISMO. Nos vanagloriamos de asistir a las fiestas donde nos permitan libar hasta el amanecer y terminamos descansando gran parte del día 1 de enero. Casi somnolientos con sonrisas mecanizadas de robots insensibles volvemos al trabajo nuevamente los 365 días siguientes

Así han sido todos los años. El sistema nos ha convertido en piezas de una maquinaria calculadora que nos deja “pseudolibres” los fines de semana. Donde no hay tiempo para pensar, conversar, compartir ideas, reflexiones, no nos dejan ser “seres humanos”, el poco tiempo en casa lo consumimos anestesiados por la TV, somos zombis en nuestra propia familia. Si rechazamos todo eso, ¿qué hacer? , esa es la pregunta que les propongo resolver.

En primer lugar debemos reconocer que nuestra cultura, nos ha moldeado para mirar solo el corto plazo, “la siguiente fiesta”, la palabra PLANIFICACIÓN DEL FUTURO no existe, está ha sido monopolizada por las grandes empresas y los países desarrollados. Los obreros, los empleados, los asalariados no fuimos “programados” para eso, así nos enseñaron, así vivimos. No tenemos la CULTURA DE LA PLANIFICACIÓN, no estamos acostumbrados a mirar a largo plazo, a construir el futuro, solo lo esperamos deseándonos buena suerte, o recurriendo al horóscopo o al astrologo charlatán mas pintón de la TV.

Por ello la solución para ser más humanos y más autores de nuestra vida. Es practicar la PLANIFICACIÓN, utilizar estos días de fiesta, para construir nuestro PLAN ESTRATÉGICO PERSONAL O FAMILIAR, utilicemos parte de las horas libres de esta fiesta de fin de año en PLANIFICAR, cuyo significado único es IDENTIFICAR OBJETIVOS y diseñar el CÓMO ALCANZARLOS.

La metodología nos enseña a comenzar por el DIAGNOSTICO (evaluar el entorno interno y externo, identificar las oportunidades, amenazas, hacernos un examen de nuestras habilidades y debilidades) . Luego le sigue el planteamiento de OBJETIVOS ESTRATÉGICOS. Aquello que debemos hacer y cuando, estas se convertirán en nuestras METAS. Les aseguro amigos que si volvemos al trabajo con este ejercicio realizado, vamos a retornar alegres, animados, con nuevos bríos, porque cada día lo tendremos planificado, y sabremos a donde ir, de lo contrario volveremos al trabajo, con desgano, cansados, como si fuéramos a llevar un carga indeseable.

Para finalizar queridos amigos les agradezco habernos permitido compartir alguno minutos, algunas ideas, en nuestro espacio el Zaguán de Oro Puquio, y que comencemos el siguiente año, construyendo nuestro futuro. Pensando que no estamos solos y que sin la familia y sin la tierra, la vida sucumbirá, evitemos eso planificando, cuidándolos.

Feliz año 2013.

La Pluma del Viento

Lima, 30 de diciembre de 2012



domingo, 23 de diciembre de 2012

LA NAVIDAD ES RENOVACIÓN DE NIÑEZ Y AMOR


A mis queridos amigos que mediante esta radio nos escuchamos, en esta navidad deseo abrazarlos y desearles mucha paz, en primer lugar con ustedes mismos, y luego con sus seres más queridos.

Para nosotros, la navidad ha trascendido la religión católica, se ha convertido en una manifestación cultural de todo el occidente. Nacemos cantando villancicos, mirando nuestros nacimientos, montados en pastos naturales en la sierra, o en artificiales en las ciudades modernas.

La navidad, es una fiesta nacional, tiene su núcleo en la familia, en el hogar,  en la niñez, pero ahora se ha extendido al lugar del trabajo donde por unos minutos suspendemos nuestras labores, para celebrar este acontecimiento, compartimos paz, alegría, palabras de reflexión, destacando el valor de  la amistad, la convivencia pacífica, y nos abrazamos deseándonos mejores oportunidades y éxitos.


Por ello en estos días de navidad, amigos de Chiquián y de la provincia de Bolognesi, en el Perú o en el extranjero,  reciban nuestros abrazos, nuestros saludos y deseos de un día mejor, de un año mejor, de un mundo mejor. Y, que no nos desesperemos por alcanzar la felicidad, o  el éxito, de manera ciega y urgente. Porque la búsqueda alocada, obnubila, somete, acepta, no da tiempo a la reflexión, a la solidaridad, a la libertad, a la democracia, en fin, colisiona con los tiempos de navidad que proponemos.

La navidad, nos devuelve a la niñez, a la edad más sublime, más inocente, y más alegre. 

Si morábamos en la puna, en la sierra, en el lugar más olvidado, encontrábamos regocijo, cogiendo alguna piedrita plana, lanzándola lo más rasante a las aguas de la laguna para contar los rebotes que daba, o armábamos caminitos de carretera, con puentes y ríos, y con carritos hechos de barro, manejábamos al estilo del  gran “Chuqui” Alvarado.

Las pelotas, los tambores, las trompetas, los revólveres,  tenían sus equivalentes en las piedritas, ramitas o arcillas. La alegría, surgía de la naturaleza, teníamos múltiples maneras de acompañar nuestra imaginación.

Nuestras madres nunca tuvieron vacaciones, para pasar navidades, ellas seguían trabajando en las chacras, desde el amanecer, trayendo leña, o leche, o pasto, ellas no transitaban los jirones de la unión, o avenidas Larco, o supermercados, Vea, Wong, Saga. Ellas nos preparaban con sus endurecidas manos, chompitas, gorritos, mediecitas, suaves y cálidas. Recuerdo a nuestras madres, con sus porongos de leche en cada brazo, en la espalda un poco de pasto, para lo cuyes, caminando rápido, y nosotros atrás de ellas, tropezando o a veces disparando con las ondilla a algún pajarito que se posaba travieso en lo alto de un árbol.

Sus mayores regalos en navidad eran alimentarnos bien, los chanchitos habían crecido para proveernos en diciembre chicharrones, rellenos, “gash gash”, yanán, jamón; las vaquitas siempre prestas seguían nutriéndonos de leche, cachizada y queso, la abuelita enviaba sacos de granos de maíz, cebada, trigo y frutas, desde el productivo valle purísima de huayllacayán.

Eran los días de navidad, días de amor a la familia, días de cantos de villancicos en las imperdibles misas de gallo en las madrugadas, días de encuentro con los amigos de barrio.

Hoy la navidad sigue siendo amor, y aquellos cuyas madres con toda esa historia, los acompañan, siguen recibiendo iluminación,  la diferencia es que hoy ellas muestran cabellos canos, manos y salud debilitada, sus movimientos ya no son las de antes, sin embargo no han perdido la alegría de vernos cerca, ellas se complacen acariciándonos a todos, a los hijos, nietos, bisnietos, y tataranietos, se ríe y bromea  viéndonos abrir los regalos que se arremolinan al pie del arbolito, y  nacimiento  en grama artificial, le gusta las luces multicolores, y muñequitas cantoras, que juega alegre sus tataranietas, la siento con inocencia de niña, para ella y para nosotros la navidad nunca pasa, solo se renuevan, y con eso todos nos renovamos en niñez y amor.

Por ello en la navidad los saludos y abrazos son sinceros, y bien recibidos, son exentos de cálculos e intereses, eso nos lleva a clamar:

Qué viva la navidad!. Que viva la amistad!. Que viva la paz!.

Feliz navidad queridos amigos.

La Pluma del Viento 

Lima, 23 de diciembre de 2012



domingo, 16 de diciembre de 2012

MURPHY SIEMPRE ACOMPAÑA AUN CUANDO NO LO INVITES


Sentado en la mesita de un restaurante de pescados y comida norteña, de mi barrio, espero mi pedido un  “ceviche de pescado” acompañado de una cuzqueña.

Mientras discurren los segundos, me pregunto: ¿Qué hago aquí solo?, ¿Acaso no podía quedarme en casa?.  No se debe al hecho que soy soltero, consecuentemente no tengo a nadie que pregunte por mí, ni soliciten puntualidad a la hora del almuerzo. Sino que al salir de casa con una agenda determinada la varié en el camino,  producto que mi primer objetivo de lavar el carro no se cumplió, no tomé las providencias de asegurarme si habían  lavadores de carro, un domingo a la 1 de la tarde, luego de lavar el carro continuaría a otro lugar y volvería como a las 7 de la noche. Así que no habiendo lavadores en diversos lugares, decidí volver a casa. Estaba completamente seguro que  habría alguien, mi madre, hermana o sobrino. La realidad fue otra, no había nadie a las 2 de la tarde.

“cómo puede ser esto, ahora que no cargo la llave no hay nadie, mientras todos los días que los llevaba en el maletín, nunca las usé, pues siempre había alguien en casa, para abrirme tan pronto sonaba el claxon”.

Esta vez había tocado una, dos, hasta tres veces. Como nadie se apersonó a abrir la puerta para chequear quién tocaba el claxon, decidí bajar del auto y tocar el timbre y la puerta. Lo hice y nadie respondió.

“Es un hecho,  no hay duda. Ahora que estoy sin llave, justo han salido todos. Ellos creyeron que llevaría conmigo la llave, por eso se fueron”. Rápidamente me pasó por la mente, “Murphy tenía razón: “Aunque exista una sola probabilidad de que algo falle, entonces , fallará”.

Sigo escribiendo en esta mesa, el ceviche ya vino, lo consumo lentamente. “si las palabras derramaran aromas, sentirían el típico ambiente de cevichería  una mezcla exótica de ajíes, cebolla, limón, perejil y cerveza”.

El plato del ceviche es especial para los que escribimos en cualquier lugar  porque “no hay cuidado de si se enfría”. Por el contrario frío es más rico.

El bolígrafo rueda imparable, de rato en rato ingiero una cucharada de ceviche el ambiente es perfecto, no extraño nada, estoy en otro mundo viajo por los surcos de tinta sobre el papel. Hago un alto solo para beber, el vaso de cerveza, que no debe calentarse. ¡Salud Acucho! Me grito yo mismo.

Por la ventana que da al parque del barrio de Ingeniería a  una cuadra del hospital del Rímac, veo pasar a jóvenes enamorados que miran  hacia adentro dando la sensación que anhelarían entrar a comer algo, pero siguen de largo porque no podrían pagar, a ellos les falta dinero pero les sobra amor. Los miro ni me conocen ni yo tampoco. Entonces me vuelve a la mente mis años de forastero en el extranjero, donde era completamente desconocido y podría sentarme en cualquier restaurante y no encontrar a alguien conocido. Allá lo comprendía, pero aquí a unas dos cuadras de casa, ocurría lo mismo.  Cómo cambian los tiempos o mejor cómo se renueva la gente, los mayores pasamos a ser desconocido de los jóvenes. Son los ciclos de la vida.

El fuerte sonido de cumbias peruanas, norteñas y amazónicas, mezcladas con el eco de los diversos diálogos de los comensales, no permite recibir con nitidez algunas palabras, ni siquiera de los vecinos más próximos que están  a no más de 2 metros. Estoy en una isla, o en una celda, igual da estar en ingeniería o en Buenos Aires o Sao Paulo. En cualquier caso el almuerzo en casa solo, es triste, así que prefiero estar aquí en medio del bullicio que volver a casa y no hallar a nadie.

 “Al mal tiempo buena cara”, me digo mientras doy  las últimas cucharadas al cevichito. Al menos esta soledad me permitió escribir algo.

Antes de poner fin a la historia, les digo que cuando Murphy se hace presente, no queda más que llevarle la corriente y vencerlo con calma. Esta nota la estoy escribiendo en hojas de papel bond, y no en mis cuadernos, que porto en mi cartera, porque tampoco los tenía allí, sí estaban la cámara fotográfica, la grabadora de voz, lentes y lapiceros.

Eso me di cuenta apoco de ingresar al restaurante y ubicarme en esta mesa cerca a la venta e ingreso de luz natural, mi lugar preferido. La moza me dejó  la carta para elegir el plato, luego se retiró, pero como demoraba busqué mi cuaderno en la cartera y no estaba. Entonces para corregir esta coincidencia de hechos fallidos que denotaban con certeza la presencia de Murphy (“Cualquier cosa que pueda ir mal, ... irá mal”), dejé el restaurante y fui a buscar alguna librería a Habich. Compré 6 hojas y volví, así creo que ya doblegué a Murphy o en todo caso estoy llevándome bien con él.

Ahora siendo las 4:03 de la tarde, dejo en el plato solo la mitad del camote, y una rodajita de ají limo, el sabor fue increíble, terminé un plato de ceviche sólo, nunca lo había hecho, sin embargo ese improbable ocurrió.  Por eso concluyo diciendo que hoy toda la tarde estuve acompañado de Murphy, y lo supe tratar bien, tanto que me acompañó a escribir esta nota.

Salud, Murphy!, Salud Acucho!.

La Pluma del Viento

Lima, 16 de diciembre de 2012


NOTA.

Llamé por teléfono a casa, antes de dejar el restaurante y me contestó mi madre, entonces salgo seguro que habrá alguien.

sábado, 8 de diciembre de 2012

UN AÑOS NUEVO EN EL EXTRANJERO: Nostalgia, Esfuerzo, Decisión y Progreso


La noche estaba a media luz, el poste de la esquina alumbraba al pequeño grupo de niños que apretujados al pié del mismo compartían juegos, cuentos y chistes, los ponchos habanos y los chales multicolores diferenciaban a los hombres de las mujeres. Las navidades y los años nuevos traían especiales formas de convivir nuestra niñez.

Los nacimientos hogareños montados con gramadales naturales traidos de los potreros de  Pariantana traían la naturaleza a las casas; los preparativos para las misas de gallo definían nuestros horarios; las tiendas de Abundio o Bizeti abarrotados de juguetes movían nuestras pupilas embelesados; los sables, los carritos, las pelotas, las muñecas, instrumentos musicales imaginábamos que podían ser nuestros en la media noche del 24.

En una de esas noches de diciembre, sentados alrededor del muro de la puerta de la casa de la Sra. Tiucha Romero, alumbrados por el poste de luz de la esquina de Sáenz Peña con 28 de Julio, nos encontrábamos  acurrucados unos a otros, Nina Núñez, Edi Carrillo, Macu Vicuña, Javi Barrenechea, Eca Carrillo, Ica Barrenechea, Apshu Chávez, Uli Zúñiga, Comuno Núñez entre otros, esperando el siguiente cuento. Considerando lo avanzado de la noche, decidimos organizarnos para asistir mañana a la primera misa de gallo del presente año. Y me encargaron pasarles la voz a todos para llegar temprano a la misa.

Como era normal a las 9 pm ya estábamos en cama, la preocupación por el encargo habría sido tanta que desperté en automático, y me vestí en medio de la oscuridad, dejé el dormitorio, pasé por la sala sin mirar el reloj, asumía que serían las 4 am, hora acordada, salí de casa y comencé a tocar las puertas de nuestro grupo, primero a la casa de don Carmelino Carrillo, luego la de don Arturo Barrenechea, la don Lucho Núñez, y finalmente de la Sra Estela Vicuña, los amigos salieron somnolientos, uno de ellos había visto su reloj, y como tal nos comunicó la hora, eran las 2 am, muy temprano para ir a misa, por ello ante la duda de charlar un poco o volver a las casas, decidimos por lo primero, conversar una hora más, luego volver a las camas y levantarnos a la hora correcta. Así lo hicimos, empero, el sueño fue tan grande que no desperté a la hora del aviso, no pasé la voz a nadie, y todos nos pasamos de largo durmiendo, no pudimos asistir a la esperada primera misa de gallo. Allí quedó mi encargo de avisar misas de gallo, la responsabilidad pasó a otro del grupo. Ahora cuando a veces nos encontramos con estos amigos de infancia, siempre recordamos esta anécdota, para riendo confirmar nuestra amistad y seguir contándonos cuentos, en el lugar donde nos encontremos, Perú o el extranjero.

Eso ocurrió el fin de año pasado, cuando después de algunos años, tal vez décadas, nos encontramos el año nuevo de 2005, en Miami, con Nina Núñez, su hermano Javi, su familia y Juan Carlos Meza el hijo de Rosita Núñez, la realidad superó la fantasía. En un plan concertado, cuando le llamé a Javi, le dije que no le avisara a Nina, llegué como a las 8 de la noche, pasé a su sala, Nina, estaba en su cuarto, esperando las 12 de la noche, no había programado nada especial, el fin de año lo pasaría en casa, cualquier ahorro, iría a Lima, para la educación de sus hijos. Luego de algunos minutos, acordamos que la llamara, ella insistía que no saldría ahora, pero a tanta insistencia, ella salió con su ropa de casa. Abrió la puerta y yo estaba parado ahí, ella se sorprendió, y como si hubiéramos vuelto 40 o 50 años atrás, nuestra infancia salió a flote, y con los abrazos y alegrías, la felicidad nos hizo derramar lagrimas, para mitigar esa nostalgia, volvió la música de Chiquián, que Javi, disponía a raudales, así iniciamos la celebración del fin de año, coronándola con una deliciosa parrillada que armamos en el balcón de su casa.  

Junto a esa emoción del reencuentro, y fiesta de año nuevo, vino otra grata impresión que me dejó muchas enseñanzas. Me refiero al encomiable esfuerzo que hacen, los migrantes peruanos, por dotar a sus familias, que radican en el extranjero o en Perú, de mejores condiciones de vida. Verlo alegres, ordenados, trabajadores, serios, y con éxito, nos estimula a compartir una reflexión.

Es común decirles a nuestros amigos que se van al extranjero cuando vuelven a visitarnos “quien como tú”, insinuando que todo afuera es sencillo y fácil de adquirir riquezas. Quienes han salido al extranjero a buscar trabajo, y han vivido las diversas dificultades que esta travesía presenta comprenderán que esa apreciación no es cierta, es todo lo contrario.

Para comenzar, el idioma incomprensible no deja ver con facilidad la televisión, leer un diario o entender las órdenes del jefe. Caminas por calles sin avistar a alguien conocido, trabajas dos turnos, almuerzas rápido, un ligero sándwich o “la clásica comida chatarra”,  al día siguiente nuevamente sales a las 6 de la mañana y vuelves a las 1 am, todos los días del año, difícilmente dispones de vacaciones. La mayoría suele radicar sin residencia o “green card”, entonces volver al país es imposible. Así acumulan recuerdos, dolor y mucha nostalgia. Los impulsa el bienestar de su familia, no importando trabajar frenéticamente.

Años y años están ausentes de los seres que aman, de los amigos que crecieron juntos, de los recuerdos y anécdotas que son esencia de la vida del hombre, solo vuelven a la memoria si es que en algún rincón del trabajo, o de su cuarto, le roban tiempo al tiempo, y  tomando alguna cinta o CD escuchan el huaynito de la tierra querida, del cumpleaños, de la despedida, y mitigan la nostalgia, derramando lagrimas que los ojos han aprendido a llorar hacia adentro, pasan rápida revista recordando a sus padres, que se van poniendo ancianos, a los hermanos y amigos de su niñez y juventud.

Aun cuando el dolor parece doblegarles, reaccionan como toros bravos del Yerupajá, luego de darse tregua rasgando el empolvado piso de Jircán durante los minutos que dura la música, y nuevamente levantan la sien y envisten a la vida fortalecidos sin doblegarse, ¡¡“basta de nostalgias he venido a triunfar a ayudar a mis hermanos, a mi madre y finalmente a mis hijos”!!. Y, entonces alegremente enfrentan los dos turnos de trabajo, ahorran seguros mes tras mes, no les importa lo poco que duerman, saben que les falta tiempo para estudiar, por encima está su propósito. Se abren paso al progreso con fuerza y decisión, nada es fácil. Cada día guardan la esperanza de volver algún día a tu tierra,  a ayudar a su pueblo a sus habitantes a los niños y jóvenes. Saben que en los países desarrollados el mayor regalo que se le puede dar a los niños y jóvenes es una buena educación pero es carísimo.

Por eso me dio mucha alegría encontrarme con amigos que sobrellevando todas las dificultades que implican esas travesías, los encuentras afianzados, confortables, seguros de haberse esforzado por alcanzar su propósito y confiados por la experiencia y fuerzas adquiridas, gracias a miles batallas ganadas en la vida.

Unido a eso guardan el mismo amor y recuerdo por su tierra chiquiana, su música, sus paisajes y costumbres que realmente representan sus mayores deseos por volver algún día a vivirlas bajo el mismo poste, con los mismos amigos en el barrio donde nacieron.

La Pluma del Viento

Lima, 09 de enero del 2005