sábado, 28 de noviembre de 2009

HOMENAJE AL CLUB ATLETICO TARAPACA DE CHIQUIAN





La guerra con Chile de 1879, nos dejó el nombre de TARAPACA como uno de los lugares mas recordados. “Tacna, Arica y Tarapacá tierra de sangre y de fuego, y de fuego..”, decían las letras de una recordada canción que la entonábamos cuando estudiábamos primaria. Bolognesi y Ugarte, simbolizan a los miles de peruanos que cayeron en la nefasta guerra del pacífico, sin embargo todavía hoy resuena en nuestros oídos la voz inquebrantable y eterna del Coronel Francisco Bolognesi, “Hasta quemar el ultimo cartucho”.

El 27 de noviembre de 1879 a las 8:30 am se inició la batalla de Tarapacá, que duró casi 9 horas, donde la Infantería integrada por hombres de Cusco y Ayacucho al mando de Andrés Avelino Cáceres le dieron un gran triunfo al ejercito peruano. A pesar de la derrota final en la guerra del 79, aun queda en nuestro corazón el coraje de un batallón que se impuso al enemigo a pesar de su inferioridad numérica.

Ese mismo sentimiento de ganadores, brilló en el pecho de unos jóvenes chiquianos que en los campos del Rimac, desplegaron orgullosos la triunfadora bandera chiquiana bajo los colores VERDE y BLANCO del Club Atlético Tarapacá.

De ese equipo recuerdo a "Pipa" y "Poco" Valerio en el arco, en la defensa a Enrique Ocrospoma "Cocinero", Eca Carrillo , Uli Zúñiga, Erich Vílchez, Nando Vásquez y Arnaldo Balarezo. En el medio campo Willy Roblez (que se fue a la eternidad antes que todos y ahí nos espera), Hugo Vilchez el mas joven y Acucho Zúñiga el pequeño gigante. En la delantera Nando Alarcón (en ese entonces integrante del Club Universitario de Deportes), el Crack Toto Núñez, el hombre del potente remate Percy Vilchez y el puntero goleador Comunito Núñez.

Este pequeño recuerdo ojala llegue a los oídos de nuestros queridos amigos que desde aquellas temporadas inolvidables de los 80 pocas veces nos hemos vuelto a ver, sea por trabajo o por que se fueron a países lejanos a buscar mejores oportunidades para sus hogares, empero con seguridad sus corazones se quedaron para vivir eternamente en medio de estos muchachos. En nuestras mentes quedan imperecederos los entrenamientos en el campo de VIPOL, el diseño en el camarín para estudiar la formula MW (eme vedoble) antes de salir al gramado del campo de la unidad vecinal del Rimac.

Este Tarapacá surgido por los 40 en Chiquián se nutrió de campeonatos en el viejo estadio de Jircán, las generaciones recibían la posta de las anteriores, por los 70 el club desfallecía, pero la sangre tarapaqueña seguía en el hogar de los chiquianos, así con  esfuerzo de profesores y alumnos muy jóvenes, de los barrios Venecia, Jupash y Jircán,
resurgieron haciéndose campeones en la fiesta de Santa Rosa de Chiquian, en aquellos días este campeonato era la principal atracción en las fiestas patronales, así el ultimo equipo campeón de estas fiesta en la década de los 70s, se conformó con jóvenes adolescentes de Chiquian, reforzados por jóvenes de Lima. Con ese equipo dieron cuenta de sus acérrimos rivales El Alianza de Chiquán y de su clásico rival el Club Sport Cahuide. Posteriormente al son de su típico himno - huayno de “ Tarapaqueño soy, casaca verde bien de adentro soy....” se trasladaron desde el pedregoso y polvoriento Jircán a los verdes campos del Rimac, para continuar su racha triunfadora.

Todavía esta en nuestra memoria las tardes dominicales, de los 8O, que al son de la banda de músicos entonando el “Chimbarabata”, ingresábamos al campo bajo los aplausos y gritos de nuestra bulliciosa barra encabezadas por Chole Zúñiga y Rosita Núñez, mujeres que demostrando su estirpe guerrera, hoy enfrentan con valentía inclaudicable su lucha por la vida. Ejemplos vivientes de los colores gloriosos verde y blanco del Tarapacá.

De las infinitas anécdotas que hoy resalta mi memoria, está aquella que por el año 1983. Después de haber estado ausente casi un año en Argentina volvía a integrar un gran equipo que tras un fragoroso y largo campeonato interdistrital del AIB, los dos mejores equipos empataron en puntaje (Tarapacá de Chiquián y Club Cajacay) por lo que se debía dilucidar al campeón en un partido de desempate, el cual se programó, para dentro de 3 semanas y sería el 2 de Setiembre de 1983, dos días después de la fiesta patronal de Chiquián, a la que muchos integrantes habían viajado, algunos volvimos el mismo día de aquel partido, otros no llegaron.


Con todo eso nos presentamos el día del encuentro, diezmados, completando ajustadamente a 11 jugadores incluyendo a los suplentes. Ese día se jugaría un solo partido, el programado para las 11 am. Los cajacainos se presentaron con todas sus estrellas dos de los cuales jugaban en el fútbol profesional uno en el Municipal y otro en el Sport Boys.


Ya en el campo esperábamos el tiempo reglamentario, junto a muy pocos seguidores del Tarapacá,  y no se iniciaba. Los cajacainos al ver a nuestro equipo debilitado daban por seguro su triunfo, pero el tiempo avanzaba, pasaron 10, 20 y 30 minutos y no llegaban los árbitros. Nuestros delegados, con algunos abogados, se pusieron bravos e hicieron respetar las bases suspendiendo el partido por que la hora de inicio se había vencido largamente, y no llegaban los jueces. Así,  finalmente se suspendió el encuentro trasladándose para el próximo 8 de diciembre, pues el campo iba a ser tomado para otro campeonato. Pasaron los meses y ese 8 de diciembre en un partido memorable con gol de Percy Vílchez ganábamos el encuentro y campeonamos por segunda vez.

La anécdota se completó luego de varias semanas, al enterarnos que la razón de la inasistencia de los árbitros, había sido tramada, considerando que el equipo de Tarapacá no se presentaría con todos sus titulares y sería derrotado. El responsable para contactar con los árbitros había sido nuestro amigo Gregorio Gamarra Genebroso (cahuidista), quien no hizo el contrato con los árbitros por la razón mencionada, permitiéndonos no jugar aquel partido asimétrico, por ello parte de la copa que se ganó con fecha postergada se debe también a este amigo admirador de nuestro juego y de la competencia deportiva sin ventajas.

Que este corto recuerdo, sirva de homenaje a todo el Club Atlético Tarapacá, en las personas de los añejos dirigentes como don Abel Alvarado, don Gudbi Ibarra, don Anatolio Calderón, Peli Balarezo y los Jóvenes aun, Iván Robles, Nica Rivera, Nalo Alvarado, Felipe Alvarado, Juancho Núñez, Toto Núñez, Nina Núñez, Irma Robles, Irma Alvarado, Carmen Robles, Doris Bravo, ... etc. Que siempre mantengan su alegría y orgullo de ser tarapaqueños y sobre todo el orgullo de ser chiquianos, nos despedimos recordándoles a nuestros hermanos tarapaqueños su himno:





Tarapaqueño soy casaca verde bien de adentro soy,


Todos me quieren todos me odian porque soy campeón...


Todos me quieren todos me odian porque soy campeón...


Campeoncito soy


No se porque será que siendo tarapaqueño odiadito soy...


No se porque será que siendo tarapaqueño odiadito soy...

Feliz día Club Atlético Tarapacá de Chiquián


La Pluma del Viento


Lima, 27 de Noviembre de 2005

sábado, 14 de noviembre de 2009

Jugando con Neutrones en el RP0: Inscripción




El reactor nuclear RP0, se puso a crítico por primera vez en agosto de 1978. Utilizando combustibles de uranio enriquecido al 20%, tipo varilla. Luego se modificó su núcleo para alojar combustibles de similar enriquecimiento pero tipo MTR. Con este cambio se puso a crítico por primera vez en julio de 1991. El RP0 es un símil del reactor RP10. Sus usos mas importantes son, la educación , entrenamiento y simulación. Dispone de un sistema neumático para la irradiación de blancos, que luego son analizados por espectrometría gama. Su potencia nominal de trabajo es 1 W, el flujo en la posición central alcanza 1.0 x 10E7 n/cm2/s. En estas instalaciones se han realizado publicaciones para revistas nacionales, tesis de grado y maestría. En los 30 años de vida, este reactor ha servido para la formación de los expertos en reactores nucleares que cuenta el país. Sabiendo que los docentes de secundaria del área de ciencias, requieren de realizar experimentos, en laboratorios de prestigio internacional, dirigidos por los propios especialistas. Es que el IPEN abre las puertas del RP0, dentro del marco de la Feria de Ciencias y Clubes de Ciencia 2009 dirigida por CONCYTEC.

Situación
Es conocido que muy pocas instituciones de investigación de prestigio abren sus laboratorios a los docentes de educación primaria o secundaria. Los docentes realizan capacitaciones muy descriptivas y teóricas, dando la impresión que los equipos de investigación serían manejados solo por muy expertos y que los científicos son de una elite muy particular, hasta inalcanzables. Esto puede llevar a que los alumnos vean como muy difícil seguir carreras de ciencias. Las clases de ciencias son de mucha memorización y poca práctica. En los programas muy poco aparecen temas nucleares. A tal punto que pocos saben que el Perú dispone de dos reactores nucleares, uno en plena ciudad, que se producen radioisótopos en uno de ellos en beneficio de la población. La sociedad sabe poco del IPEN y las aplicaciones pacíficas que el Perú dispone.

Objetivo
Los docentes conocen las características de una cadena de medición nuclear. Saben medir actividad de radioisótopos producidas en el reactor nuclear. Saben utilizar la técnica de activación neutrónica para el análisis multielemental de una muestra.

Metodología
Se inicia el ejercicio con una experiencia detonante en la detección de una fuente radioactiva. Comprenden entonces que la radiación ionizante es medible. Y se necesitan sistemas de detección especializados. Unidades. Límites aceptables. Luego se identifican las partes de una cadena de detección. Y se miden algunas características tales como la eficiencia. Se irradian blancos en el reactor y se producen radioisótopos, cuya actividad es medida. Utilizándose para esto el reactor nuclear y su sistema neumático de irradiación. Ingresan al reactor para ver las diversas partes. Finalmente se realiza el análisis de espectrometría gama para la identificación de elementos en una muestra utilizando la reconocida técnica de la Activación Neutrónica. Con esto vamos desde la detección de la radiación, pasamos por la producción de radioisótopos, medición de actividad y finalizamos con el análisis multielemental.

Experimentos·
Encontrar la fuente radioactiva· Identificación de un sistema de detección nuclear· Determinación de la eficiencia del sistema de detección· Medición de la actividad de un radioisótopo· Análisis elemental por activación neutrónica

El Reactor RPO
Potencia nominal: 1 vatio.
Flujo máximo: 10xE7 n /cm2/s
Combustible: MTR. 20% U235
Moderador: Agua liviana
Reflector: Grafito
Sistema neumático de irradiación

Personal de Operación
Supervisor: Emilio Veramendi, Alberto SalazarOficial de radioprotección: Fernando Ramos, Luis ZapataOperador: José Félix, Edgar Ovalle

Profesores:
Dr. Eduardo Montoya
Dr. Agustin Zúñiga
Organiza
Instituto Peruano de Energía Nuclear

Laboratorio de Física del RPO
Av. Canadá 1470
San Borja
Lima 41 Peru

Dias:
Lunes 23; Martes 24; Miercoles 25; Jueves 26
Desde 8:30 a 12:30 y desde 13: 30 a 17 horas
(Cada grupo inicia y termina en un día. Se debe inscribirse eligiendo el día que va a participar)

Contacto
Agustin Zúñiga

azuniga@ipen.gob.pe
agustinz1@hotmail.com
Telef. 4885040-208. 4885224
Cell. 990079994
Oficina de Relaciones Públicas del IPEN
cjallo@ipen.gob.pe
phenriquez@ipen.gob.pe

domingo, 8 de noviembre de 2009

Los Pecados Capitales del Sabor



Siempre los pecados estuvieron relacionados con el exceso de satisfacción y por eso estos no desaparecerán, porque la satisfacción es una motivación en la vida, a veces incontrolable y mala. El sábado en la cuadra 13 de La Mar cometí uno o más de aquellos pecados juntos, el sabor en extremo. Almorcé en PESCADOS CAPITALES. La radiación de Gastón es una realidad y se hace presente en muchos lugares, convierte en oro todo lo que visita o recomienda. En uno de sus programas recomendó este restaurante.


Así que dándoseme la oportunidad de un espacio el sábado al medio día, por la huelga de docentes universitarios, zarpé de Pueblo Libre, bajé por la avenida Sucre, hasta el Ejercito. El sol se dejaba notar agradable, reconfortante, frente a una semana agresiva de incómoda llovizna. Los colores amarillos pálidos y paredes averiadas tanto del Hospital Larco Herrera cuanto del Puericultorio Pérez Araníbar, hacían notar abandono. Con seguridad en algún momento, a futuro, estos ambientes se convertirán en edificios o residencias, dándole un valor distinto a esta hermosa avenida de largas calles en línea recta, y se convertirán en uno de los lugares más hermosos de Lima, porque tras el Puericultorio está el mar, con lo que se convertiría en un área de unas 5 a 7 veces más extensa y cómoda que el famoso centro comercial Larco Mar.


Conforme nos aproximábamos a San Isidro los edificios altísimos de 15 pisos surgían, y en la mayoría de los vidrios se leían avisos de "Vendo llamen al teléfono…". Cruzamos la avenida Salaverry, luego vino el estadio de San Isidro, y al aparecer la fachada del cuartel San Martín, nos pusimos alerta pues comenzaba Miraflores, nuestro dato clave era la cuadra 13 de La Mar. Así que, cuando llegué a la 7 del Ejército, viré a la izquierda, la buscada avenida era una paralela.

Cuando comenzamos a correr por la avenida Mariscal La Mar, divisabamos a ambos lados buscando el restaurante del pecado. No surgía nada anormal, no se veían vehículos apostados, solo se notaban nombres desconocidos de restaurantes relacionados con productos marinos, no nos atraía ninguno, teníamos solo un objetivo. “No será que nos equivocamos de dirección, parecen calles vacías, además estábamos casi llegando al final de la avenida", balbuceaba preocpado.


En medio de esas dudas, surgieron de pronto autos estacionados a ambos lados de la calle, el cual tenía un solo sentido. “Ajá, parece que nos aproximamos al lugar”, la presencia de cuidadores de autos uniformados lo demostraban, nos preguntaron: “¿Van a Pescados Capitales?”, “sigan al fondo allá hay una playa de estacionamiento”. Efectivamente, allí aparcamos, el espacio era amplio pero no lo suficiente para tanta gente.


Nuestro reloj marcaba las 14.30 horas, cuando ingresamos por la puerta principal. Una simpática anfitriona nos salió al encuentro, para darnos una atención personalizada, nos comunicó que no había lugar, pero podríamos aguardar en la barra, donde nos llamaría. Su amabilidad y orden denotaba que todo estaba bajo control. Claramente sabían que EL CLIENTE debe ser tratado de la mejor manera.


El interior era un espacio de techo ligero, parecía algo transitorio, levantado en una explanada, o canchón, el cual hacía juego con sus mesas y sillas rusticas. Simplemente no tenía nada sorprendente, podría haberse levantado en cualquier barrio de Lima o Callao. Pero, su gran diferencia se dejaba notar desde el inicio, su ATENCIÓN, me sentí bien aún antes de no haber probado nada.


En la barra, mientras leíamos la carta, y esperábamos el llamado, nos preguntaron si queríamos algún aperitivo. El ambiente que se observabamos, casi instintivamente promovía pedir un pisco souer, por lo que escogí el Gran Linaje. El precio de 16 soles, parecía caro, pero la calidad cuesta, me consolé. Así que ingresado a este restaurante el precio no debía contar, me repuse. Bebí calmadamente casi gota a gota, el sabor del pisco peruano comenzaba a hacer su trabajo. Leí en la carta un mensaje que me advertía de la proximidad del pecado: “Dios ha hecho los alimentos y el diablo la sal y las salsas” (James Joyce). No necesité más de dos sorbos, para sentirme predispuesto a saborear la comida peruana – es decir a pecar. El pisco parecía estar unido, sellado, maridado a los platos peruanos.


Mientras el insuperable sabor del pisco reforzaba mi autoestima nacional, se aproximó una señorita preguntando por mi nombre, ella nos condujo hacia una mesa para dos. Conforme revisábamos la lista de platos, percibimos que los precios altos mostraban que la atención cuesta, y mucho más seguramente el sabor. Ya lo comprobaremos.


Luego de pugnas y explicaciones decidimos comenzar con algo frío, el “tiradito de lenguado con salsa de ají y rocoto”, de las tres salsas se podía escoger solo dos. La cantidad servida era relativamente poca (claro éramos dos). La salsa de ají (amarilla) venía con su porción de choclo desgranado de tamaño, más bien pequeño. Claro, comparando con los usuales tamaños que los peruanos solemos comer. El correspondiente al rocoto, la salsa era rojita, también acompañado de la misma cantidad de choclo, y junto con ellas dos rebanadas de camote.


Nuestras ansias de experimentar el ansiado sabor, no respetaron los protocolos, casi como en carrera, probamos el primer trozo y como en coro a dos voces, exclamamos “qué delicia, con este sabor el precio no importa”. Hicimos una tregua para pedir nos trajeran una cervecita chica y dos vasos. Con eso el sabor se completó.


Luego de comer y repetir muchas veces “qué rico”, terminamos el noble lenguado, no sin antes retratarnos varias veces, como tratando de rotular en nuestra memoria la calidad de este restaurante que prestigia la gastronomía peruana.


Para el segundo plato, estaba cantada nuestra elección, debería ser caliente. Sugerí que fuera un “Tacu – Tacu de mariscos”. Antes había pedido este plato en dos lugares, el primero en el Mixtura 2009, donde quedé maravillado, en esa oportunidad los cocineros venían desde Barranca, un pueblo al norte de Lima. Ciertamente fue uno de los puestos de mayor concurrencia. Ahí el plato solo tenía una masa en el centro. Dentro de ella venía el arroz, y los mariscos con algunos otros ingredientes. Salió premiado ese puesto y quedé con las ganas de volver a disfrutarlo. Tal oportunidad se me dio luego de unos meses, cuando visité el restaurante El Pez-On. Nuevamente su sabor fue espectacular, pero esta vez mejor que la anterior, sin embargo quedó ratificado el principio de “la cantidad disminuye cuando el sabor aumenta”, un símil del principio de Correspondencia de Bohr o el de la Incertidumbre de Heisenberg en la física; el plato no era solo la masa, esta vez venía rodeada de una salsa especial y mariscos. Este alrededor era el agregado que le daba un mejor sabor, era la expresión “gourmet” (término que no sé exactamente su significado, pero me suena a estudiado, investigado, o clase). Así, como queriendo comparar y averiguar si este restaurante superaría aquel sabor, volvimos a elegir el Tacu-Tacu de Mariscos.


Finalmente, nuestra elección fue simplemente especial, superando a las anteriores. Nos trajeron, para acompañar, aceite de oliva (con algunas gotas la masa elevaba su exquisitez), y rodajas de limón piurano, cuyas gotas eran acompañantes indispensables con cada trozo de marisco. Si faltaba algo de ají, para hacerlo más picante, nos provisionaron de un preparado especial, que también redondeaba el sabor, es decir cada cosa que nos trajeron estaba debidamente estudiada, incluso la cancha caliente que en porción generosa nos habían traído desde el inicio.


Como a las 4:30 pm la gente que había abarrotado el local ya no estaba, eran pocas las personas que aún continuaban. Eso nos dio tiempo para tomarnos algunas fotos del recuerdo. Mientras nos retirábamos señalábamos que tenía razón Gastón, una vez más, de las bondades de este local. Y, que debería ser un lugar obligatorio de alguna visita extranjera que quisiera llevarse una impresión de platos típicos peruanos con calidad. Pero también, los que somos de clase media, deberíamos hacer algún esfuerzo por venir con la familia, a este lugar, tal vez en algún aniversario, con el fin de reconocer porqué estos lugares ubican a la gastronomía peruana en los primeros lugares de América.


Aparte de salir satisfechos por el sabor entregado, uno se llena de autoestima nacional y sale con deseos de cantar fuerte “tengo el orgullo de ser peruano”. Y decirle a todo el mundo que vivan los pecados capitales. Perdón, que vengan a Pescados Capitales.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un Rincón de Chiquián en Breña: Nuestro Club

Nuevamente el Club Chiquián nos cobijó como en años anteriores. En una de las mesas veía a la familia de doña Empi, en otra a don Anacho, que en dialogo ameno compartían con don Abel. Los miraba con cierto disimulo, para que no se dieran cuenta que, con solo verlos volvían por mi mente, los años 60 de mi infancia.

Así surgió como en ensueño mi barrio, de Venecia, corría el agua turbia, la madera sobre la calle nos servía de puente. La puerta inmensa celeste de don Arturito, se abría para pasarle la voz a Javi. Desde la otra esquina de su patio, me señalaba con la mano que entrara a su cocina calientita para tomar lonche.

A no pocos metros, el perrito de raza doberman, el primero de ese porte que había llegado a Chiquián, cuidaba la puerta de don Carmelo, para impedir pasarle la voz a Edi. Y en la puerta marrón de casa señorial, de la esquina mi querida amiga Nina, no se cansaba de jugar a matagente, "oye acucho te gané por quinta vez, recuérdalo ah!". Y, no va a ser, ella tenía mucha agilidad y agallas para el juego. Corría a la puerta de doña Estela, como un soplido, para avisarla a Macu: "hoy salimos temprano como a las 7 pm, y vamos a jugar a la correa escondida no me falles".

En la tarde soleada, luego que el agua cesaba, nuestra callecita, se llenaba de arenilla. Entonces iniciábamos nuestros campeonatos de salto alto. Unos repetíamos el estilo Choclón, con salto horizontal, casi echado. Otros, lo hacían con el estilo Juvenal, de frente, doblando solo la rodilla. Pero, cuando se trataba de ganarme el aplauso de mis queridas amigas, o de alguna de ellas en especial, cogía mi garrocha y me elevaba cual Jorge Chávez, por encima de los dos metros. Desde el suelo mientras caía, me daba tiempo para escuchar sus comentarios que eran mi premio: "bravo acucho has saltado más alto que los del colegio, bravo, acu, acu".

Los años de mi primaria, pasaron raudamente, para recordar mi pasaje de jugador vestido con la casaca verde y blanca, del Tarapacá, equipo identificatorio de ellos. Una vez en Jircán, él cerca a la palinca, haciendo vivas por las jugadas de carretilla o rechazos de cabeza: “bien acucho, así se juega a lo macho, ese es mi alumno”, me repetía cuando dejaba el campo, con piedrecillas en la piel, la rodilla raspada, no importaba que el campo quedara a 3350 msnm., ni que nosotros fuéramos de Lima. Para ellos no debíamos demostrar flaquezas, ni dolores, ni soroche. Ellos querían vernos así, deportistas de corazón, porque también ellos lo fueron de esa estirpe.

Pero estos recuerdos no vinieron solos, sino se elevaron como gavilanes con los huaynos símbolos de Chiquián, cantados por las inigualables voces de nuestras hermosas chiquianas, Nieves Alvarado y Elsa Navarro. No pude detenerme solo a escuchar Aguas de Husgor, por lo que descendí de las nubes del recuerdo para, bailarlo. Charito, movía los pies como en su juventud, “no hay duda las damas chiquianas bailan el mejor huayno en Ancash”, me decía, mientras repetía las letras y divisaba medio asombrado, a su autor Barrilito Herberto, que bailaba con su estilo muy de torero.

Así la tarde del almuerzo que el Club Chiquián nos invitó, me permitió, volver mis recuerdos por mi querido Chiquián. Y, terminé alegre y recompuesto, al saludar a amigos entrañables que el trajín de la vida, no nos permite verlos ni compartir.


Los diplomas de reconocimiento otorgados a personas que a consideración del Club, merecen destacarlos, fueron bien recibidos. Pero el mayor de los regalos fue recordarnos que en Lima, hay un rincón de Chiquián que late y nos espera. Ese es el Club del General Vidal en Breña. Nuestro Club Chiquián.

La Pluma del Viento.
Lima, 31 de octubre de 2009