domingo, 24 de enero de 2010

Confraternidad Cientifica Versus Armamentismo Político




No hace mucho, la gran mayoría de pacíficos pobladores de Chile y Perú, veíamos, cómo, conspicuos políticos agitaban banderas nacionalistas y se lanzaban frases, bruscas, desubicadas y hasta agresivas, azusando tambores de guerra. Estas “eminencias”, en ambos países, hacían coro, los Presidentes de las repúblicas, los parlamentarios, hasta los eternnos candidatos.

Haciendo cuentas, reconocemos que las dos únicas actividadades donde, ese exceso y equivocado nacionalismo, parecen brotar como sudor contagiante son los políticos y militares. En ambos casos, ellos no ejercen actividades profesionales fuera de sus paises de origen, “los primeros no pueden hacer política en país ajeno, están prohibidos”, los segundos tampoco podrían llegar a ser generales en otro país.

Por eso la situación parece entendibe, y porqué ellos acostumbran, a ponerle leña al fuego, a las relaciones entre ciudadanos peruanos y chilenos, o colombianos y venezolanos, o colombianos y ecuatorianos. En ellos su “negocio” se limita a las fronteras de su respectivos países, de ahí que poco les interesa que otros ciudadanos se dediquen o tengan actividades, profesiones, que necesitan superar las fronteras geográficas, una de tales son los que trabajamos en ciencias e ingeniería.

Los científicos e ingenieros, nos econtramos muchas veces durante el año, en conferencias, talleres, cursos donde compartimos reuniones de mucha confraternidad; desde México a Chile, pasando por cubanos, colombianos, ecuatorianos, argentinos, brasileros, o bolivianos, sintiendonos hermanos.

En estos eventos no nos rasgamos las vestiduras, por conflictos que no van a acambiar la historia de nuestros pueblos hacia mejor. Allí percibimos que la mayoría de conflictos las construyen y promueven los políticos de máximo nivel o los militares de mayor graduación; los ejemplos mas claros son Chavez o Donayre, Evo o García, Bachelet o Foxley. Es una realidad que las vias de desarrollo, hermandad y apoyo entre los pueblos no se van a alcanzar, gastando mas en armamentos, sino por el contrario invirtiendo en conocimientos.

Uno de tales acontecimientos de confraternidad científica me tocó vivir durante la semana transcurrida, en la calida e histórica ciudad de Bogotá, allí nos encontramos, físicos, químicos, e ingenieros, de toda latinoamérica y el caribe, para compartir realidades y proponer mejoras conjuntas en el campo de los usos de las tecnologías nucleares orientados a los servicios.
Allí comprobamos que polítidos y militares, nos pretenden distanciar, contrariamente los científicos e ingenieros procuran unión. Mientras los primeros compran armamentos, misiles, tanques para eliminar, nosotros, los segundos, usamos el conocimiento para mejorar el bienestar de los habitantes de nuestros países y la conservación de la tierra.

Así de qué lado está la razón y de qué lado la fuerza?. De qué lado debería estar nuestros pueblos?. Con certeza del lado de la paz y el desarrollo!!. Pero eso no vende, no hace noticia, por eso no se destaca en la prensa los acontecimentos como el de Bogotá.


Se habla mas de cuántos tanques chinos se compraron, casi nunca de cuántos detectores de alta resolución se han adquirido en San Marcos, o en el Ipen o en la Uni?. Casi nunca se sabe cuántos doctores en ciencias e ingeniería nuevos han ingresado al sistema nacional de ciencia y tecnología el presente año?.


Es decir, la mayoría de la prensa le hace eco al armamentismo, al “nacionalismo retardatario”, que nos distancia y empobrece, mientras tanto discrimina y olvida, trabajos conjuntos en ciencias e ingeniería que hermanan y promueven progreso.


Por ello estimados oyentes, busquemos la paz y el desarrollo, en lugar de la guerra y el atrazo.


Mas conocimiento, menos armamento.
Mas información menos confusión.
Mas explicación menos aceptación.
Mas tecnología menos ideología.




La Pluma del Viento.
En el trayecto de Bogotá – Lima, vuelo en LAN, 11 a. m.

domingo, 17 de enero de 2010

Por Una Cultura Cientifica


Son las 7 y 30 de la mañana, de un día común, en las dos emisoras que suelo oir durante el trayecto matinal a mi trabajo, CPN o RPP, las noticias por casi dos horas, están relacionadas a las actividades, comentarios, y encuestas de los políticos. El día de hoy, trataban de dar explicación al incremento de dos o tres puntos, de uno de los conspicuos políticos respecto al mes anterior. Uno de los periodistas decía que, el incremento se debió a la firmeza con que habló “los botaría a patadas”, el otro colega aseguraba que le fue mejor al político X, porque dijo que “los botaría a cabezazos”. El invitado, experto en encuestas, que se presenta mensualmente concluía, “los políticos saben que eso le gusta al pueblo y se lo dan, como retributo tienen más puntos”. Y, como si esto fuera poco, estas emisoras también le dedican en la tarde unas dos horas más, con lo que hacen casi cuatro diarias dedicados a temas de políticos y no de politicas de estado, cosas muy distintas.


Hace unos días leía en una revista americana que, algunos estudiosos habían detectado que la juventud universitaria muy pocos deciden seguir las carreras de ciencias e ingeniería, sobre todo lo primero, ante eso el autor se planteaba el hecho que, “podrían dejar de ser el país de mayor nivel científico, en el futuro, y con él perder el dominio de la tecnología”. Y que el estatus alcanzado se había debido al estilo y forma de actuar de sus ancestros, granjeros, barberos, tejedores, herreros etc., siempre habían vivido con la mente puesta en las preguntas de ¿cómo trabajan las cosas?, ¿cómo podría mejorar el proceso?, siempre la idea innovativa. Esta forma de pensar y enfrentar el día a día había convertido la sociedad en un modo de sentir y pensar científicamente que hoy no la tenían.


Contraponiendo estos dos hechos, no cabe duda que en el Perú (al menos desde la llegada de los españoles), jamás se tuvo el pensamiento americano, constructivo, científico, tecnológico y productivo; siempre hemos estado sometidos al reinado de las letras, la política y políticos, no solo con desconocimiento de la ciencia sino con posiciones anti-científicas. El pensamiento científico no es que todos seamos científicos a futuro, sino que llevemos al cotidiano la permanente búsqueda de la explicación racional a las cosas y la mejora permanente de los procesos productivos.


Si todos los días aparecen en la radio y televisión estas personalidades políticas, con los mejores vestidos, es lógico que los jóvenes, tomen como ejemplos que el éxito es ser político, acceder al parlamento, servirse del estado, aprovecharse del cargo, y lucirse en las páginas de los periódicos etc. Y como resultado, no tenemos capacidad propia de transformación de recursos naturales, somos el país con mayor dependencia tecnológica (menor número de patentes), no disponemos de laboratorios nacionales de ciencias descentralizados, el apoyo de becas a los estudiantes de postgrado en ciencias es mínima. Las facultades de ciencias en todo el país no disponen de condiciones respetables y competitivas ni para la enseñanza ni para hacer investigación. Los jóvenes prospectos científicos, de mayor potencial, terminan viajando al extranjero para estudiar y no volver. ¿Tendría sentido volver para trabajar en las mismas condiciones de cuando salieron?, evidentemente, No!.


Frente al reto mundial de la escasez de alimentos, agua, energía, calentamiento global, cambio climático, pobreza, no queda otra que usar el conocimiento. Y este principalmente se sustenta en la ciencia y la tecnología. No vamos a enfrentar estos problemas tan complejos, basados exclusivamente en la cultura de la contemplación, el lucimiento, el palabreo y la superstición. Necesitamos incorporar y difundir la cultura científica, en todos los niveles y especialidades. Compartamos los problemas y soluciones tecnológicas, adecuadas, sostenibles, con todos, particularmente con las provincias y notaremos que en los lugares menos pensados (lejos de la capital) obtendrán las mejores soluciones. El pensamiento científico debe ser la base para la aplicación de cualquier política pública. La pobreza no se va a vencer dando migajas, sino creando riquezas, creando capacidades endógenas de transformación, promoviendo el emprendedorismo tecnológico. Y esto mirando el futuro solo será posible si producimos conocimiento para vender. Allí debe sustentarse la cohesión social y la sostenibilidad.

Menos confusión mas información.
Menos ideología mas tecnología.
Menos armamento mas conocimiento.


Lima, 17 de Enero de 2010


domingo, 10 de enero de 2010

Evaluación y Planificación al Inicio del Año




Evaluación y planificación son las dos palabras que deberían estar presentes al cierre e inicio de un año. ¿Qué hicimos bien y debería mejorarse o continuar?, ¿Qué hicimos mal y debería modificarse? ¿Qué de nuevo deberíamos hacer? y ¿Qué no deberíamos continuar haciendo?. Evaluar y planificar son los estandartes.



Pero las respuestas a estas preguntas les corresponde en primer lugar a los jefes, conductores, o máximos responsables de las organizaciones, sea en el hogar, club de futbol, sindicato, concejo municipal, gobierno regional, ministerio o país. Pues en ellos radica la responsabilidad de conducir, guiar, a su colectivo que lo representa. Cierto es que en la mayoría de los casos, ellos son designados, por lo que terminan de jefes, no aspiran a llegar a ser líderes. Ordenan, gritan, exigen, castigan. Casi nunca, convocan, explican y convencen.



La mayoría de los responsables de las instituciones del estado en nuestro país son jefes no líderes. Por eso se notan altos niveles de corrupción, autoritarismo, discrecionalidad, limitada transparencia y desconocimiento al merito. Pretenden la inmutabilidad de la actual situación, no aspiran a mejoras creativas, cuidan más sus beneficios personales, el lucro es su emblema. Dado que no tienen calidades de líderes carecen de valores, identidad, sentido de pertenencia a su colectivo, su autoestima es baja y hasta no disponen del conocimiento necesario.




En contraposición el líder frente a situaciones de crisis o tránsitos difíciles, avizora el futuro y propone el mejor camino, promueve la participación, acepta ideas distintas, porque sabe comprender, tolerar, pero tiene el suficiente carácter y responsabilidad para tomar decisiones. Su mayor bien es el ejemplo.




Por ello al fin de año e inicio del siguiente, los responsables de las organizaciones (hogar, institución, municipalidad, gobierno regional y gobierno nacional) deberían presentar a sus colectivos el balance de su gestión, señalar lo malo, lo bueno y especialmente sus propuestas. Pero estas exposiciones solo tendrán valides si son presentadas con indicadores, numéricos, que reflejen con claridad sus logros y la brecha, entre el presente y el futuro propuesto. Pero para que deje de ser demagogia una exposición de este estilo, debería acompañarse de la estrategia que debería seguirse y del presupuesto requerido.



No se puede iniciar el año, sin hacer conocer al colectivo y comprometerlo voluntariamente a seguir el camino propuesto. Nos tenemos que acostumbrar a evaluar anualmente la gestión de los “jefes”: conocer prístinamente ¿cuánto hizo de lo que propuso?, ¿lo hizo bien mal o aceptable?, ¿qué pretende hacer para el próximo año? ¿Cuánto costaría? y ¿con qué gente pretende hacerlo?.



Deberíamos acostumbrarnos a mirar, a nuestra organización, como si fuera nuestra empresa. Porque si así fuera no le renovaríamos el contrato al gerente, que no hizo bien las cosas, que no alcanzó las metas que se propuso durante el año transcurrido o incluso nos hizo perder. Si fuera así, contrataríamos a otro que nos merezca más confianza, le exigiríamos en primer lugar honestidad (incluido a su equipo) y en segundo lugar capacidad (conocimientos).
Los que trabajamos en las instituciones públicas creemos que no somos dueños de nada, que nuestra organización puede ser conducida como sea y por quién fuera, con tal que nos paguen.



Eso no debiera ser así, porque sí somos dueños de ella, pues pertenecen a todos los peruanos. Y ellos (el Peru) mediante sus impuestos nos pagan los sueldos. Así que también nosotros deberíamos ser evaluados anualmente, y recontratados solo si hay méritos.




Pero eso no se practica en las instituciones públicas, la cultura del mérito no existe, no se disponen de planes de carrera, hoy, se le puede entregar un cargo al que menos mérito tiene, basta con que sea afín a la mediocridad. Aquí se práctica lo que en el ámbito militar sería una aberración que: “el capitán mande al coronel”, como ocurre sin vergüenza, “el bachiller manda al doctor”. Es una farsa pedir al gobernante, que gobierno bien o haga bien las cosas, cuando dentro de mi propia organización la administro como me place.




Hoy el indicador principal y único es el porcentaje de ejecución del presupuesto. No se da cuenta, de su impacto en beneficio de la sociedad. Porque los trabajadores de las organizaciones y la sociedad misma no acostumbramos a pedírselos. He visto con perplejidad, que en algunas instituciones en lugar de dar cuentas anuales, prefieren recitar poemas, cantar o bailar. Dentro biliosamente me digo “uno tiene el gobernante que se merece”.



Así, el Perú no puede continuar, no podemos seguir manteniendo o siendo parte de esta podredumbre, por ello deberíamos promover la dación de la ley de carrera del empleado público, y una especial del investigador científico, para no mezclar a las instituciones que hacen ciencia de las típicamente personal de los ministerios o dependencias públicas. Porque son distintas, esta última es más burocrática, la primera se sustenta en la creatividad, meritocracia y estudio permanente. Es obvio que al iniciar el 2010, les propongamos a nuestra audiencia que rechacemos el camino de la continuidad, de la mediocridad y optemos el camino del cambio, de la evaluación y del merito.

La Pluma del Viento
Lima, 9 de enero de 2010

domingo, 3 de enero de 2010

Lucho Romero Un Recuerdo Ineludible


Es octubre 12, la fiesta de San Francisco de Asís, en el barrio Santa Luisa, un día de sol esplendoroso, la banda de músicos de Roca, entona el huayno oreganito, en medio del patio está bailando con pañuelo blanco en alto, terno plomo a rayas blancas, camisa blanca y corbata roja, la gente lo mira, giros amplios, de puro estilo chiquiano. Había llegado desde Barranca muy temprano, estaba siempre a tiempo para el inicio de la misa, no dejaba de estar cerca de los funcionarios, a quienes los conocía desde la niñez. Cuando fui capitán muy discreto se me acercó y me entregó una colaboración diciéndome, “hermano aquí te entrego algo, te va a servir, sé como son los gastos del capitán”, no me dio tiempo de decirle no, le agradecí y siguió su camino, compartiendo su alegría con sus amigos, con quienes quería vivir cada minuto, cada segundo.



Sé que se critica y hasta se cuestiona el rendir palabras de halago o reconocimiento de las personas que fallecen, te reclaman, “porqué no se los diste mientras vivo”. Sin embargo, otros pensamos de manera distinta, cierto es que se fallece por alguna razón y nos ocurrirá a todos, en algún momento, es la ley de la vida. Pero, tras cada persona que fallece quedan los familiares, los hijos, la esposa, los hermanos, y ellos requieren de demostraciones de solidaridad, de acompañamiento, de suplirles en algo la ausencia de su ser querido. Así, ese vacío lamentable, puede ser cubierto con recuerdos, que pueden llegar oralmente si hay oportunidad o también escribirlos cuando esta no se da. Para eso están las vías de comunicación. Dejar constancia en el libro del ciberespacio, que hoy es gratuito, para que los familiares puedan tomar contacto, rememorar escenas, lugares, aprecios, cuando deseen, es un compromiso ineludible.



Mis pocos años de residente en Chiquián, y las pocas veces que he ido en fiestas de agosto, me dieron escasas oportunidades de ver a nuestro amigo Lucho Romero, un fiel seguidor de la casaquilla roja y negra del cahuide, vecino de mi cuadra Sáenz Peña, de la esquina con el mercado de abastos, y también porque desde muy joven emprendió el camino del trabajo arduo en la costa, en su segunda ciudad natal Barranca, donde prontamente tuvo recompensas económicas destacadas, gracias a su dedicación, junto a su compañero de lucha Benjamín Robles, en esta ciudad han quedado sus huellas que enorgullecen al chiquiano. Recuerdo una corta escena de increparme por la perdida del penal en Huaraz, en la tienda de Pacho, cuando me dijo: “les hemos seguido desde diversos lugares para ver a nuestro cahuide campeón y en el momento decisivo fallas, que tristeza”, por su puesto no estuve de acuerdo por la forma como me lo dijo, pero luego vinieron otras tardes deportivas y terminó congratulándome y agasajando a los jugadores dadivosamente. Lucho fue un persona que sentía y vivía comprometidamente sus emociones, unidas a la esencia chiquiana, a sus costumbres y a su cultura.



Por eso bienvenida las notas, los recuerdos, de las personas fallecidas que dejaron grandes recuerdos, imágenes insustituibles en las actividades representativas de nuestro pueblo. Y que con esos recuerdos, sus familiares, no solo apaciguarán su dolor por su ausencia física, sino que se convertirán en acompañantes de nuevas motivaciones, permanecerán en su mente y corazón impulsándolos por ser cada día mejores, y a mantener vivo los grandes logros. Por ello vale decir, Lucho Romero Moreno, ha trascendido la vida terrenal para vivir permanentemente en el pensamiento y recuerdos no solo de sus familiares, sino de sus amados pueblos Chiquián y Barranca.



La Pluma del Viento
Lima, 29 de diciembre de 2009