domingo, 22 de febrero de 2015

LA VIDA ES PERMANENTE CONTRADICCIÓN


En las playas de Ancón, Santa Rosa, la Herradura, o la Costa verde, los niños contentos juegan con la arena haciendo hoyos, trayendo agua, untándose con arena, cada tanto se remojan en medio de olas y espuma, siempre vigilados por sus padres. En otros espacios observamos a jóvenes que despliegan sus habilidades de futbol en la arena, también los hay más arriesgados que rompen olas desafiando la bravura del mar. Finalmente, todos convergen a la hora del almuerzo,  la madre desbordante de alegría, les ha preparado abundante comida,  se lucen generosos platos de tallarines y arroz con pollo,  los padres levantan el brazo con botellas de cerveza bien heladas en medio de bromas y anécdotas. ¡Qué maravillosos días se pasan en el verano en Lima!. No hay adulto, joven o niño que no tenga esa experiencia. Es el lado alegre de la vida.

Sin embargo, en este verano hay quienes claman: “reír, quien habla de reír, si la vida es dolor, solo dolor”, en medio de extensas noches de soledad en los hospitales, algunos de nuestros familiares y amigos sufren callados su dolor. Sus mentes solo les permiten dormir por cansancio, pues su racionalidad mientras conscientes bloquean su sueño sabiendo el riesgo de su salud y del dolor que su situación les provoca a su  madre, esposa, hijos, familiares y amigos, un dolor mucho mayor que lo que le dan sus heridas y cortes de operación.  

Cuando visité aquel hospital, todo mi cuerpo se zarandeó, como que mis huesos pretendieran quedarse afuera en la calle, temiendo ingresar y saber del mal trato, la equivocación de médicos, enfermeras y personal administrativo que suelen ocurrir. Es que ahí adentro, somos tan indefensos, que hasta desearíamos no entrar. Pero así y todo, ingresamos para ver a nuestros hermanos y amigos. Allí comprendemos que la vida también es dolor. Pero el dolor que no se puede subsanar por nuestra propia voluntad, sino solo cuando ellos estén curados. Es  penoso verlos ingerir alimentos por tubos, o saber de sus heridas que no cierran, o enterarse de errores de instrumentos mal colocados, todos en su debilidad clamando mejor atención con derecho pero difícilmente escuchados.

A la salida del hospital junto a la puerta de mi carro eché lágrimas para desahogar mi dolor contenido, no podía demostrarle debilidad al enfermo ni a sus familiares que lo acompañaban, pero estando afuera, hice el esfuerzo de tirar ese dolor, pero no pude, porque ese dolor me acompaña, nos acompaña mientras algún familiar o amigo siga enfermo.

Considerando que la vida es contradicción permanente, aún en medio de ese ambiente de dolor surge alegría cuando miras a las personas que lo visitan, el solo vernos las caras y compartir ese ambiente, nos dice que nunca estamos realmente solos, siempre hay alguien que nos estima, que siente aprecio y sinceros deseos que nuestra salud mejore. Eso le devuelve vida al hospital, esperanzas, tranquilidad, nos dice que al fin de cuentas, hay solidaridad, y nos ratifica que no debemos estar alejados de aquellos que sufren dolor, debe ser parte de nuestra cultura, por ello desde niños deberíamos aprender de la importancia de estar del lado de los enfermos, de los adoloridos, de los abandonados, saber que nuestra presencia les infunde esperanzas, motivación y anhelos de vivir.

En medio del festivo  verano  que pasamos he vuelto a recordar lo que es la vida, nacimiento y muerte, dolor y felicidad, alegría y tristeza, carnavales y huaycos. Pero esa dualidad no puede ni debe alejarnos de la alegría ni despreciarla o buscarla, sino más bien tener equilibrio, mesura, porque aun estando en el lado del dolor reconoceremos que siempre hay otros en peores condiciones, o que requieren de mayor ayuda, así, conscientes de ello sobrellevaremos mejor nuestros dolores y alegrías que son características contradictorias y permanentes de la vida.

La Pluma del Viento
Lima, 22 de febrero de 2015

domingo, 15 de febrero de 2015

EL DÍA DE LA AMISTAD Y EL GEN EGOISTA




Seguro que muchos limeños se programaron, como yo,  con mucha ilusión para almorzar pescado en un buen restaurante en este sábado 14 de febrero. Pero, ingrata fue la realidad, cuando llegamos como a las 14:30 horas, vimos que los clientes aguardaban en la sala de espera su turno previa inscripción del nombre, era un grupo de no menos de 15, había ido a un restaurante un tanto alejado, asumiendo que siendo difícil llegar habría espacio. De modo que evaluando la espera y el hambre que crujía en el estomago, decidimos ir hacia otro restaurante, cambiando de barrio, del Callao para Pueblo Libre, aquí igual , parroquianos parados en la puerta hacia la calle, así que decidimos por un tercero menos conocido, donde haríamos guardia solo tres personas. Finalmente nos sentamos luego de 20 minutos. 

Esto que les narro, es para hacer notar la abundante concurrencia de los diversos restaurantes por el motivo del día de la Amistad y de San Valentín. Y, nos da pie para reflexionar sobre la AMISTAD. Sin ir hacia las definiciones precisas, sobre la amistad, les comparto el interior mío para decir que la amistad es compartir con alguien, sus éxitos y sus dificultades y estar junto al amigo(a) en los momentos que él o ella lo requiera. Pero, estas definiciones conceptuales, cómo lo demostramos, dónde lo observamos, o finalmente a quiénes les podemos decir amigos (as). La más sencilla demostración es, creo, cuando compartes situaciones que solo lo sabes tú y alguien de tu familia. O, cuando te das cuenta del amigo (amiga), que algo le afecta (negativo o positivamente), incluso sin que él (ella) te lo diga. Todo esto sin ningún interés mas que el bienestar del amigo(a). Entonces, si estas son las características del amigo(a): afecto, compartimiento, desinterés, preocupación, ¿quiénes son aquellas personas que conocemos que compartan estas peculiaridades?. Ciertamente pocos.

Pero si esta valla es muy elevada para considerar amigo o amiga a alguien, hay un nivel inmediatamente menor que sí permite contar con mayor número de personas, y son aquellas con quienes hemos compartido la infancia en primer lugar, luego la secundaria, y finalmente la universidad en ese orden de jerarquía. Por eso, nos aproximamos mucho a las personas que nacieron en el mismo lugar, vivieron en el mismo barrio o estudiaron en la misma escuelita. Ellos constituyen lo más próximo a amigos. Y, son los que prontamente, vendrán a nuestro auxilio con seguridad y, nos nace rápidamente acudir en auxilio de ellos. Porque hay una afinidad, alimentada por nuestra procedencia. Así que, en ellos está la fuente de amistad y de nuestros amigos. Eso, no quita que no podamos encontrar amigos en nuestro pasaje por otras latitudes.

Empero, también es un tema interesante preguntarse, y, en qué nivel se encuentran los compañeros de trabajo. Creo que allí, la denominación más certera es de conocidos (que nos vemos siempre), y compartimos solo lo superficial y lo suficiente lo que el trabajo exige sea público, pero no alcanzan las características de amigos, la prueba mayor es que cuando se jubilan, pocos comparten sus preocupaciones, hasta que nos enteramos que falleció. Y, esto ocurre así porque en el trabajo lo que prima más bien es el interés. Es una suerte de lucha, de competencia, “callada”, con alguien que pugna el mismo cargo, o el mismo nivel superior, aquí se refleja con crudeza el gen egoísta de la especie humana (como lo estudió el biólogo Richard Dawkings).

Todo eso nos lleva a concluir que si tenemos la suerte de identificar a alguien que lo consideremos amigo, debemos valorarlo, cuidarlo, pues en los momentos más difíciles, solo ellos se nos aproximarán (además de nuestros familiares). Y, cuando estemos en esas circunstancias, seguro que comprenderemos lo importante y valioso que significa su presencia, física o de palabra.

Finalizo, saludando a mis amigos de mi barrio, de mi club, de mi escuelita en Chiquián, y los de Lima, en este día de la amistad.

La Pluma del Viento.
Lima, 15 de febrero de 2015