domingo, 1 de noviembre de 2009

Un Rincón de Chiquián en Breña: Nuestro Club

Nuevamente el Club Chiquián nos cobijó como en años anteriores. En una de las mesas veía a la familia de doña Empi, en otra a don Anacho, que en dialogo ameno compartían con don Abel. Los miraba con cierto disimulo, para que no se dieran cuenta que, con solo verlos volvían por mi mente, los años 60 de mi infancia.

Así surgió como en ensueño mi barrio, de Venecia, corría el agua turbia, la madera sobre la calle nos servía de puente. La puerta inmensa celeste de don Arturito, se abría para pasarle la voz a Javi. Desde la otra esquina de su patio, me señalaba con la mano que entrara a su cocina calientita para tomar lonche.

A no pocos metros, el perrito de raza doberman, el primero de ese porte que había llegado a Chiquián, cuidaba la puerta de don Carmelo, para impedir pasarle la voz a Edi. Y en la puerta marrón de casa señorial, de la esquina mi querida amiga Nina, no se cansaba de jugar a matagente, "oye acucho te gané por quinta vez, recuérdalo ah!". Y, no va a ser, ella tenía mucha agilidad y agallas para el juego. Corría a la puerta de doña Estela, como un soplido, para avisarla a Macu: "hoy salimos temprano como a las 7 pm, y vamos a jugar a la correa escondida no me falles".

En la tarde soleada, luego que el agua cesaba, nuestra callecita, se llenaba de arenilla. Entonces iniciábamos nuestros campeonatos de salto alto. Unos repetíamos el estilo Choclón, con salto horizontal, casi echado. Otros, lo hacían con el estilo Juvenal, de frente, doblando solo la rodilla. Pero, cuando se trataba de ganarme el aplauso de mis queridas amigas, o de alguna de ellas en especial, cogía mi garrocha y me elevaba cual Jorge Chávez, por encima de los dos metros. Desde el suelo mientras caía, me daba tiempo para escuchar sus comentarios que eran mi premio: "bravo acucho has saltado más alto que los del colegio, bravo, acu, acu".

Los años de mi primaria, pasaron raudamente, para recordar mi pasaje de jugador vestido con la casaca verde y blanca, del Tarapacá, equipo identificatorio de ellos. Una vez en Jircán, él cerca a la palinca, haciendo vivas por las jugadas de carretilla o rechazos de cabeza: “bien acucho, así se juega a lo macho, ese es mi alumno”, me repetía cuando dejaba el campo, con piedrecillas en la piel, la rodilla raspada, no importaba que el campo quedara a 3350 msnm., ni que nosotros fuéramos de Lima. Para ellos no debíamos demostrar flaquezas, ni dolores, ni soroche. Ellos querían vernos así, deportistas de corazón, porque también ellos lo fueron de esa estirpe.

Pero estos recuerdos no vinieron solos, sino se elevaron como gavilanes con los huaynos símbolos de Chiquián, cantados por las inigualables voces de nuestras hermosas chiquianas, Nieves Alvarado y Elsa Navarro. No pude detenerme solo a escuchar Aguas de Husgor, por lo que descendí de las nubes del recuerdo para, bailarlo. Charito, movía los pies como en su juventud, “no hay duda las damas chiquianas bailan el mejor huayno en Ancash”, me decía, mientras repetía las letras y divisaba medio asombrado, a su autor Barrilito Herberto, que bailaba con su estilo muy de torero.

Así la tarde del almuerzo que el Club Chiquián nos invitó, me permitió, volver mis recuerdos por mi querido Chiquián. Y, terminé alegre y recompuesto, al saludar a amigos entrañables que el trajín de la vida, no nos permite verlos ni compartir.


Los diplomas de reconocimiento otorgados a personas que a consideración del Club, merecen destacarlos, fueron bien recibidos. Pero el mayor de los regalos fue recordarnos que en Lima, hay un rincón de Chiquián que late y nos espera. Ese es el Club del General Vidal en Breña. Nuestro Club Chiquián.

La Pluma del Viento.
Lima, 31 de octubre de 2009

2 comentarios:

Falvaradog70 dijo...

Acuchito, recordar es volver a vivir, fluyen en el artículo que antecede y el presente de tuautoria sentimientos llenos de chiquiandad que a pesar de los años y la distancia, en el día a día,nos permiten vivir pletoricos de de añoranza, de emoción e identificados hasta los tuetanos con los usos y costumbres de nuestro Chiquián Querido.

Renovados abrazos,

Felipe

PD: Comparto contigo un pequeño párrafo incorporado por Nalito en su Blog RECUERDOS:
"No escucho risas, golpes de canga ni huaynos alegres en el vecindario, solamente un solitario pichuichanca invidente que no sabe de Sol, de Luna ni de estrella, trina en el alero un canto de esperanza, hurgando un poco más de tiempo, como las hilachas de memoria colectiva que el tiempo desovilla por falta de una rueca telúrica que las hile, hasta convertirlas en un poncho solidario en cuya trama nadie falte ni sobre".


Felipe

Agustin Zuñiga dijo...

Los momentos que en Lima nos toca vivir, hacen brotar nuestros recuerdos, como si nuestra mente y corazón, o razón y sentimientos. Pertenecen mas al pasado que al presente. Somos, seres hechos del pasado mas que del presente. Esa es alegría, para los que vivimos en lugares como Chiquián. De verde por los prados y blanca por las nieves.
Las palabras de Nalito de Jircán son como escritos de flores silvestres cuyo aroma son indecifrables.
Hasta siempre Felipe, querido amigo.