lunes, 24 de diciembre de 2007

MENSAJE NAVIDEÑO

LA NAVIDAD TAMBIEN ES REFLEXION,
NO SOLO ES COMPRAS

La casa estaba limpia, bien arreglada, el chancho colgaba del terrado, los rellenos rojo y blanco cual serpentinas adornaban el patio, la latas de nescafé bien lavadas contenían el manjar blanco preparados con la leche de la vaquita Canelita y los esfuerzos incansables de las manos de mi madre, las tortas de maíz preparadas en el horno de don Cuni, echaban al aire su agradable aroma desde el cuarto-almacén. Estos eran algunos productos del agitado mes de diciembre, mes de la llegada de mis hermanos, que volvían de la capital luego del año escolar, un mes plagado de esfuerzos de una madre que hacía lo imposible por recibir a sus hijos con alegría, ofrecerles sus regalos preparados con todo su amor y superando cualquier esfuerzo físico. No estaba a su alcance los juguetes de las tiendas, estas requerían de dinero, mientras que lo que ella le ofrecía a sus hijos, lo había preparado durante meses, semanas, madrugadas, con caminatas, caídas y el sudor de su frente.

Hoy, la navidad se ha convertido en un desplante de poder económico, consumismo insensible. Si no llevas regalos para toda tu familia, no los quieres. Cuánto mas regalos les entregues a tus hijos, mejor, pues no sabiendo que hablarles en esta fecha, esta, parece ser la única manera de pasar el tiempo.

Nos hemos acostumbrado a cubrir (o encubrir) con colores de verde y rojo, luces y papeles de regalo, el dolor, la miseria, la pobreza, la hipocresía, que no solo está a nuestro alrededor, sino fundamentalmente, dentro de nosotros mismos, en nuestros actos, hábitos y cultura. La televisión nos enseña diariamente, a mentir con descaro y cinismo. A admirar la superficialidad, la envoltura, la apariencia.

Si la navidad es la fiesta del nacimiento de Jesús, de la niñez, debiéramos dar un repaso de las dificultades que tienen los niños, su salud, educación, seguridad, cómo viven bajo el puente del río Rímac, en los alrededores de la parada, en las punas del Perú o en las calles de Calcuta en la India.

Si el regalo significa compartir, porqué no construirlos, en lugar de comprarlos, si en las escuelas y casas, nos intercambiaríamos regalos construidos por cada uno, con seguridad que transcurrido el tiempo, además de tener la satisfacción de dar y recibir, habríamos fortalecido nuestra creatividad, aprendido a utilizar herramientas, a manejar nuestras manos, a hacer cosas, a transformar, a fortalecer nuestro aprecio por la escritura o a utilizar lo que encontremos a nuestro alcance, con ello promoveríamos, no solo, el desarrollo productivo, compartido, de la familia y de la localidad, sino que entregando nuestro tiempo en la elaboración del regalo demostraríamos tangiblemente estima, aprecio por aquel a quién se regala y no necesitaríamos disfrazarla con el sello de Saga o Ripley.

Me despido de ustedes, amigos deseándoles una noche buena, familiar, de paz, amor compartida y reflexiva. Que nos fortalezca los lazos de familia, de compromiso, de apoyo y sinceridad.

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