domingo, 23 de octubre de 2011

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL Y LA CIENCIA TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN




La ciencia (C) tal cual la conocemos hoy, no es fácil de definirla, en mayor grado para el gran público, sin embargo, hasta el más despistado, lo correlacionaría con el conocimiento mejor elaborado por la especie humana, surgido de una sistemática y obstinada observación. El científico que lo elabora es imaginado como un desfachado personaje, de pelos desorganizados y gruesos anteojos. El ciudadano común, puede no entender cómo se hace, pero sí reconoce que sus contribuciones le dan modernidad a la vida, sea para festejar su aniversario, o para curar la salud del su ser querido, reconoce también que, proviene del esfuerzo de estos hombres y mujeres que habitan los laboratorios: grandes y bien implementados en los países desarrollados, u oscuros, estrechos y casi olvidados de los países pobres. Este conocimiento aplicado capaz de construir las maravillas que vemos hoy constituye la tecnología (T).


Los países ricos han sustentado su desarrollo, porque han sabido usar ese conocimiento y venderlo, este proceso de ser exitoso en el mercado es la innovación (I). Para comprender este camino histórico, no se necesita ser el doble de Edison o Einstein, sino seguir con objetividad el derrotero de progreso y desarrollo de los países. El caso más claro es el ex presidente Lula: “Brasil será país desarrollado cuando venda conocimiento”, un sindicalista, no universitario, miró por encima de encumbrados, doctores o presidentes. El conocimiento es el que salvará a la tierra, no la insistente y desbocada venta de recursos naturales. Pero el ser humano finalmente define qué hacer con la tecnología o con el conocimiento. Si él no es capaz de diferenciar lo malo o lo bueno, lo deseable o indeseable, entonces carece de valores o los tiene distorsionados.


Por eso, la educación no solo debe orientarse al saber sino fundamentalmente al ser. Esta verdad ha provocado que, en los últimos años, lo ético tenga un cada vez mayor importancia, en tanto los desarrollos tecnológicos y el conocimiento siguen evolucionando de manera impresionante. Por eso la clave de la sobrevivencia de la tierra y de la especie humana, pasa por provocar un cambio en la persona, en el ser. No basta con cumplir las funciones de la organización, captar más clientes, satisfacer a los accionistas, sino, lo principal es mirar el impacto que ella puede generar en la sociedad y en el medio ambiente.


Aquí radica la importancia de la responsabilidad social (RS) que, en su principio de Precaución orienta “tomar medidas preventivas, cuando existen bases razonables para creer que la introducción de algún elemento es peligroso para el ecosistema en general”. Así la CTI y la RS, se dan la mano, cuando se pretende asegurar futuro, con desarrollo e inclusión. No se puede de manera indefinida seguir extrayendo los recursos naturales, no solo porque la tierra es de tamaño finito, sino porque este proceso produciría cambios en el clima terrestre poniendo en peligro la existencia de la vida.



Esto obliga, de manera dramática, a utilizar, ¡ahora!, el conocimiento para transformar estas materias primas y disminuir su extracción, o remplazarlas con nuevos materiales. Por eso CTI y RS de manera conjunta contribuyen con el desarrollo sostenible. Pero acaso, la mayor de las contribuciones de la CTI, en la inclusión, se vea en la posibilidad de acceder a la previsión de buena salud mediante el conocimiento (vacunas, vitaminas, etc.), o acceso a la información vía internet. Esto es un viraje total en la concepción sociopolítica, pues es romper la inequidad del capitalismo, para pasar a la equidad del conocimiento.


Equidad es por ejemplo que la comunidad de Chiquián a 3350 msnm, sembrando cedrones, toronjiles, golahuiros, o escorzoneras, en lugares antes estériles, irrumpa en el mercado, ganando riquezas, luego de proteger sus hermosos nevados, en lugar de destruirlos. Con mas conocimiento lograrían mas ventas, así, ellos no seguirían esperando dádivas o propinas, de políticas asistencialistas, hundiéndolos más en la pobreza, sino aspirarían a tener algo propio, consecuentemente provocando, un cambio profundo, en su autoestima, libertad y conciencia de usar mejor su tierra.


Pero estos sembríos de cerros solo se harían si hay CTI nacional, conocedora de sus propios problemas, unido al trabajo colectivo y multidisciplinario. Esta equidad promovida por el conocimiento es un viraje total en la concepción sociopolítica, pues es romper la inequidad del capitalismo, para pasar a la equidad del conocimiento. Este cambio es casi un sueño, pero hacia eso tenemos que ir, hacia el sueño que la CTI sea socialmente responsable y liberadora. Única garantía de hacer de la patria una sociedad de desarrollo sostenible con equidad.

La Pluma del Viento


Lima, 21 de octubre de 2011.


(Parte de este artículo será publicado en la revista RESPONSABILIDAD SOCIAL N°33).

1 comentario:

Ulises dijo...

De acuerdo con tu articulo.
La mejor inclusion social es llevarle a los "excluidos" una buena educacion.