domingo, 25 de diciembre de 2011

LA NAVIDAD UNA SEMANA ESPECIAL




Es 24 de diciembre las 6 de la tarde, camino entre la multitud a través del jirón de la unión, de Lima, esquivando sudores y largas lenguas que devoran helados. Parece que soy el único que mira a la gente, la mayoría divisa las tiendas que lucen, adornos diversos con colores navideños: rojo, verde y dorado. En uno y otro lado las lucecitas brillan apagándose y prendiéndose en entretenidos compases. Algunos vendedores gritan, ¡Este es con led, con led, ahorrador. Compre. Compre. Se agota!. Desde otros almacenes salen las añoradas notas de los villancicos, que los había escuchado, en mi infancia en Chiquián, cuando asistía a las misas de gallo rodeados de gallitos, ovejitas y muchos niños.

En las casas siempre tenemos un espacio para levantar un arbolito, pinos artificiales, se repletan de campanitas, estrellas, muñequitos que penden de sus ramas, algunos entrelazamos más lucecitas, que titilan al compas de canciones. En su base se ponen los regalos. Cerca al arbolito, está el nacimiento, siempre rústico, el niño reposa en su lecho, sus padres y los reyes magos los acompañan. También suelen ser infaltables el burrito y la vaquita, luego se copan los espacios con ovejitas, patitos que flotan en lagunitas.





Cada tarde al llegar a casa mientras la oscuridad cae sobresalen, las luces, los niños, siempre inquietos, esperan con ansias los regalos. En Chiquián, en mi época no teníamos arbolitos, los nacimientos los arreglábamos sobre pedazos de kikuyo, que los traíamos de una chacra vecina a la ciudad. Pero sí habían regalos, los solicitábamos con dos o tres día de anticipación, los papelitos con los deseos, los depositábamos junto a las imágenes de Santa Rosita o San Martin, que se hallaban en un empotrado de la sala de la casa vieja que heredamos de mi abuelo. En la mañana del 25 abríamos presurosos los regalos. Mi padre sabía que me contentaría con una buena pelota de futbol y carritos. Nunca tuve la necesidad de hacer colas en el mercado o la municipalidad para recibir algún regalo. Mis padres hacían lo posible para proveernos, no los sofisticados que se veían colgados en los basares, ni tampoco le pedíamos eso. Diría hoy que no éramos pobres, pero tampoco ricos. Sin embargo eso nunca lo noté, ni que me incomodara, me bastaba jugar, comer chicharrones en diciembre, y tomar la rica leche fresca calientita de nuestras vaquitas. La pobreza la descubrí viniendo a Lima.

Durante la semana de navidad, en el trabajo, las oficinas cambian de apariencia, las secretarias, aparecen en las puertas ayudados por el conserje, a pegar pequeños símbolos navideños. Sensibilizado, por la escasez y esfuerzos de ella, el siguiente día me aparezco con más cositas navideñas para terminar de arreglar las puertas del laboratorio que habían quedado sin nada, hago lo propio con el panel de noticias, donde ya pegué la tarjeta dirigida a mis colegas. El 99% en el trabajo somos hombres, algunos dan muestra espontánea de alistarse para la navidad, la mayoría pareciera tener vergüenza en descubrir su lado infantil. Otros no tenemos reparo en hacerlo. Pero el 1% es mujer, es la secretaria, pieza fundamental en las fiestas navideña. Sin ella no estaría listo el desayuno que ha preparado para toda la División, cuando nos aproximarnos al ambiente preparado, vemos fuentes con panetones, chocolate preparado por la concesionaria, vinos, bolsas de regalos para los trabajadores de limpieza. Nunca le pregunté cómo hacía para replicar el milagro de la multiplicación de los panes. Si solo di mi cuota de 10 soles.

La ceremonia del desayuno navideño va a comenzar, es el último día laborable de la semana, la secretaria llama por teléfono una y otra vez para solicitar la presencia del que falta. Cuando por fin ya estamos todos, la secretaria y moderadora de la reunión, invita al jefe, o al de mayor edad a dirigirnos algunas palabras, para iniciar el brindis. Pasada la parte seria, comienzan las bromas, y la ingesta. La moderadora, no olvida su papel, a pesar que las copitas de vino se secan rapidísimas en sus manos, ella va señalando uno a uno para que también nos dirija algunas palabras, entre aplausos y risas, todos opinan algo. Nos deseamos, paz y felicidad en la familia, solidaridad y dedicación en el trabajo, y también algunos piden prosperidad con la llegada del nuevo año. Hasta los más callados hablan. De sus bellos y sabios mensajes, uno se pregunta, qué diferente sería el trabajo si repitiéramos, más veces oportunidades como la navidad. Pues, posponemos los roces que suelen ocurrir en el trabajo, y terminamos en abrazos.

Esta semana que, hoy 24 se cierra es especial, no solo abre los corazones de amor hacia los niños y ancianos. Sino que también nos promueve visitar a los familiares, escribir alguna tarjeta, expresándoles con nuestras palabras, la estima que se les tiene, cosa que no se los dijimos ni siquiera por teléfono. Mañana será el almuerzo entre todos los hijos y familias respectivas junto a la madre y abuelita. Los preparativos alegra, ya compré vinitos, pisco, mañana estaremos juntos, tal vez sea la última oportunidad de vernos hasta el próximo año. O ni pensar en desgracias mayores. Los regalos no habrán como antes, porque no hay niños, y la economía no está muy buena. O porque la salud de algun familiar impide estar muy alegre o derrochador.

Aguardo con ansiedad, abrazarlos, a mis hermanos, sobrinos y todos. Reir, beber, olvidar el trabajo, y los momentos tristes. Hoy, recordaremos nuestra niñez, y anécdotas de las navidades pasadas en Lima. Recordaremos a nuestro padre, ya fallecido. Comeremos la voluntad de todos, esta vez no cocinaremos en casa porque la hermana que solía hacerlo no está bien de salud. Prepararemos pisco souer, y reiremos mientras vemos las fotos, y villancicos vía internet. Y, cuando caiga la tarde y venga la noche nos despediremos con tristeza, pero reconfortados por ver que hay familia, que aún nos queremos, y que renovamos esa alianza junto a nuestra madre. Que los años la han hecho más calmada, pero muy sensible con la partida de alguna nieta, que decidió trabajar lejos de la capital, pero alegre también porque le comunicaron que pronto tendrá un nuevo nietecito. Estas partidas y llegadas son parte de la vida, la alegría y la tristeza comparten nuestra existencia. Lo agradable de esta navidad es que este año nos dimos la oportunidad de pasar todos juntos, en la casa donde nos criamos, no importa si vinimos desde barrios lejanos, cargando a los hijitos en taxis estrechos y caros, bajo el incomodo sol de verano. Esos inconvenientes no son nada, el regalo fue nuestra presencia, vernos de cerca, compartir nuestras vidas, aun cuando sea en pocos minutos, en adelante cada saludo, cada abrazo nos servirá para tomar fuerzas y enfrentar la vida con seguridad y alegría. Y también para decirnos que ojalá la repitamos el próximo año.

Que la navidad os depare alegría, paz y mucha solidaridad.

La Pluma del Viento.
Lima 25 de diciembre de 2011


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