GREGORIO GAMARRA EL COMUNICADOR HISTÓRICO
PRESENTACIÓN DEL LIBRO: MIS PASOS DEJAN HUELLAS
Junto a mis
grandes amigos del Cahuide de aquella promoción de los 75 al 80, cuando jugaba
en los campeonatos de la AIB (Asociación de Instituciones Bolognesinas), conocí
a don Gregorio Gamarra Genebroso, a veces como dirigente de esta asociación y
otras como seguidor del equipo rojo y negro del Cahuide de Chiquián.
Luego, supe que tenía su programa de radio, Perú
Imperial, en Radio Pacífico, de lunes a sábado de 19 a 20 horas. Pronto, me
hice un fiel oyente; allí me enteraba de las noticias de nuestra provincia,
acompañaba mis estudios con hermosos y añorados huaynos, cantados o en bandas
de músicos; esperaba con ansiedad especial los lunes, para escuchar el resumen
de los sucesos del campeonato del fin de semana.
En sus programas, nos enterábamos de la problemática
de los pueblos de Chiquián y la provincia de Bolognesi. Era el único programa
de un chiquiano en una radio de alcance nacional. Su estilo entretenido y de
voz nítida había calado en su audiencia; cada distrito de la provincia tenía en
este programa su espacio preferido.
Cuando vemos hoy que los programas son de sólo una
hora por semana, y en radios de menor alcance, se reconoce la dimensión del
programa y el esfuerzo de Gregorio. Este es un mérito que aún no ha sido
superado.
Inicio con el micrófono
Después de terminados mis estudios universitarios,
tuve más tiempo; entonces, frecuentaba su sastrería del jirón Huancavelica,
intersección con el jirón de La Unión, en el centro de Lima. Allí, nos
encontrábamos con algunos amigos de Chiquián y la provincia, donde se comentaba
en detalle la situación de la provincia y sus distritos. Igualmente, allí
conocí a su inseparable hermano Alicho, con quien trabajaba en la sastrería y
también le ayudaba en la producción del programa.
De tanto en tanto, mientras las ideas se compartían,
veía cómo ingresaban algunas personalidades políticas que se vestían con ternos
hechos con las tijeras de Gregorio y Alicho.
En una de las tantas conversaciones, me comentó que
fue alumno de mi padre en primaria, en la Escuela Prevocacional de Varones
Santiago Pardo Lezameta, 351 de Chiquián: “Una mañana, tu padre, don Antuco, mi
maestro, nos llevó a las calles con megáfono en mano, a solicitar la
colaboración con uno o dos adobes para la construcción de las paredes de
protección de la Escuela Prevocacional 351. Mi maestro era el único que
hablaba. En eso, repentinamente me dijo: ‘Gregorio, remplázame; me cansé y
convoca a la gente’. A partir de ahí nació en mí el apego a la comunicación;
esa fue mi primera vez con el micrófono”.
Secundaria en Lima
En un país que predomina el sistema político y
económico centralista, peor en los años de 1940, lo mejor siempre residió en la
capital; por eso, la mayoría de los estudiantes de primaria muy difícilmente
llegaban a estudiar secundaria en los grandes colegios. Incluso, algunos solo
alcanzaban hasta la primaria.
Sin embargo, considerando las enseñanzas de su
profesor don Antonio Zúñiga Alva en la PRE 351, era natural que le gustara el
estudio y deseara hacerlo en la capital del país. Ese mismo sentir había calado
en la casa de Gregorio, la de sus abuelitos don Espidión Alvarado y Luisa
Gamarra, a donde sus padres, que moraban más tiempo en la puna de Camaquichqui,
muy tierno lo trasladaron a Chiquián para que estudiara primaria. Todos
concordaron en que su hijo Gregorio fuera un profesional de prestigio: “Mi abuelito
dijo: él va a ser un Ejecutivo”.
Así, decidieron enviarlo al mejor colegio del Perú, a
Nuestra Señora de Guadalupe de Lima, donde terminó su secundaria. De esos años
rememora: “En ese colegio de 3500 alumnos fui destacado; recuerdo que gané un
concurso por el Día del Maestro y expuse mi trabajo en el auditorio delante de
todas las autoridades del colegio. Nuevamente, el micrófono estuvo junto a mí”.
La universidad
Un joven egresado de secundaria de ese prestigioso
colegio, plagado de buenos profesores e históricos para la educación nacional,
tenía que, como paso siguiente, continuar sus estudios universitarios. Eso es
lo que ocurrió con Gregorio: postuló a la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos e ingresó a la Facultad de Derecho. Allí se encontró con sus colegas de
colegio que también habían iniciado sus estudios universitarios.
Empero, para algunos jóvenes, determinadas
circunstancias impiden alcanzar metas, rompen visiones y hasta definen futuros.
Esto ocurrió con Gregorio, que ante requerimientos familiares en Chiquián
truncó sus estudios. Así, para hacer frente a la vida, buscó trabajo y comenzó
por lo más cercano: un familiar lo incorporó a su taller de sastrería. Es en
esa actividad donde Gregorio construyó su vida, trabajando junto a su querido
hermano Alicho en su conocido local del Jirón Huancavelica, donde convergíamos
paisanos habidos de saber acontecimientos recientes de nuestros pueblos de la
provincia de Bolognesi.
Perú Imperial
Estas reuniones eran muy fructíferas, pues allí se
exponían realidades y también posibilidades de los diversos distritos de la
provincia y de su capital Chiquián. Los jóvenes que vivíamos en Lima y
queríamos saber algo de nuestra tierra visitábamos la sastrería de Gregorio;
allí escuchábamos a los mayores exponiendo ideas desde problemas hasta
soluciones. Diríamos que era un ambiente de transferencia de cultura
provincial, pues también se intercambiaban anécdotas con sabor y autenticidad.
Todo ese material de información servía para ser propalado en el recordado
programa Perú Imperial, donde todas las noches de 19 a 20 horas Gregorio
nos convocaba a los bolognesinos a una cita con personajes, ideas y cultura,
mediante entrevistas, debates, noticias, música, bandas, cantantes y orquestas
de nuestra provincia. Para los que vivíamos en la capital pendientes de nuestro
terruño, era una convocatoria placentera, un reencuentro permanente con nuestra
esencia, gente y cultura.
Era entonces irremediable que Gregorio y otros amigos
se preocuparan por fortalecer la institucionalidad de comprovincianos. Ya
existía el Centro Unión Hijos de la Provincia, pero estaba dormido, casi
ausente; lo sentían elitista.
Por eso, los residentes de mediana edad, entre los 35
a 45 años, que sentían necesidad de compartir ideas, intenciones, emociones,
cultura y, sobre todo, deporte, fundaron la Asociación de Instituciones
Bolognesinas, AIB.
Los campeonatos de la AIB
Yo no lo conocía a Gregorio ni a esta naciente
institución hasta cuando fui convocado por primera vez a la selección de
Chiquián, representado por el Club Chiquián. En ese entonces, estudiaba en la
Universidad Nacional de Ingeniería. Desde ese primer campeonato del AIB comencé
a visitar el campo de la Unidad Vecinal del Rímac durante casi 15 años de
manera consecutiva, siempre defendiendo los colores de Chiquián con las casacas
del Cahuide (roja y negra) y del Tarapacá (verde y blanca). Fuimos grandes protagonistas,
llegando a levantar la copa de Campeón de la provincia en más de una ocasión.
La institución AIB, pionera a nivel del departamento de Áncash, convocaba
multitudes dominicalmente; allí nos encontrábamos residentes de todos los
distritos.
Hoy, pasados muchos años, nos damos cuenta con mucho
lamento de que todos los que participamos en ella realmente fuimos engañados,
pues a pesar de los ingentes ingresos de dinero no se pudo adquirir ninguna
propiedad, ni siquiera 1 metro cuadrado, mientras que otras asociaciones mucho
más pequeñas que la nuestra lograron adquirir locales, incluso con campos
propios. La explicación aún no se conoce, pero de alguna manera probablemente
refleja nuestro carácter, nuestra cultura de desconfiados, intolerantes; preferimos
ser cabezas de ratón con poca visión de largo plazo. Y esa manera de actuar
continúa, y esa es tal vez la explicación por la que hasta ahora no tengamos
una institución provincial sólida, sino varias y pequeñas sin representatividad
ni convocatoria mayoritaria.
Compositor del huayno insignia
No tuve mucho contacto con Gregorio cuando fue
designado Subprefecto de la Provincia de Bolognesi, porque me encontraba fuera
del país, y creo que en sus visitas a todos los distritos hicieron que
consolidara su amplio conocimiento con las necesidades y posibilidades de los
pueblos, que los resumía en cuatro exigencias: Educación, Salud, Carreteras y
Agua. Y su afán por resolverlos lo llevaron a gestiones interminables en la
capital, valiéndose de amigos y conocidos.
Pero a Gregorio se le va a recordar por siempre por su
contribución a la música chiquiana como autor principalmente, aunque también
como cantor. Sus primeras composiciones no surgieron en la ansiedad de un
adolescente por ver a su amada ni en las luchas sociales de los pueblos, sino
por el trajinar con los artistas del folclore y comprender los avatares de la
vida de sus amigos. Su primera canción, Locura de Amor, fue un éxito
total. Pero las regalías no le llegaban a él sino a la cantante. Entonces, un
amigo músico muy entrañable le sugirió que él mismo las cantara para recibir
dichas regalías; así lo hizo y se inició como cantor de sus propias creaciones.
De los cientos de composiciones, en muchas mezclando
el sabor irremplazable del quechua, los chiquianos admiramos como si fuera un
estandarte aquella titulada Linda Chiquiana, en la voz de Mario Mendoza
o interpretada por la banda de músicos de Llipa. Bailando o jugando al fútbol,
sus notas nos impulsan a admirar nuestro terruño, a dar saltos de doble ritmo y
a volver a nuestra fiesta del 30 de agosto desde cualquier confín de la tierra.
“Linda
chiquiana,
Eres dueña
de mi amor,
Con tu
belleza cautivas mi corazón,
Ahora que
yo te quiero,
Ahora que
tú me amas,
Qué feliz
estamos.
30 de
Agosto
En el
pueblo de Chiquián
Tú me
hiciste
Un
juramento de amor
Ese
recuerdo lo llevo
Grabado
aquí en mi pecho
Para toda
la vida”.
Ahora que Gregorio Gamarra Genebroso presenta su libro
a la consideración de la comunidad bolognesina, nos demuestra que sigue con la
fuerza e ímpetu de un joven. Él solo ha convertido en realidad un sueño que
seguro se inició en las aulas de su añorada PRE 351, bajo la tutela de sus
maestros inolvidables don César Figueroa Cuentas, Mario Reyes Barba y Antonio
Zúñiga Alva.
En las breves líneas que escribo a solicitud del
autor, lo hago con alegría, afecto y admiración, porque eso es lo que se siente
cuando un amigo alcanza una meta y lo hace en el ámbito más duradero de la
vida: dejando un libro. Y también porque servirá de estímulo a muchos
bolognesinos a seguir su ejemplo, invitándonos a escribir nuestras
experiencias, y que para hacerlo no es condición indispensable lucir el diploma
de un escritor, historiador o ingeniero, sino que exige fundamentalmente
voluntad, perseverancia y amor a la tierra que nos vio nacer.
LPV. 25.01.12
NOTA:
Este es el discurso que presenté en la noche de
cultura que se realizó en el teatro de la AAA (Asociación de Artistas
Aficionados) en el centro de Lima. La noche fue muy amena y de mucha
concurrencia. El autor del libro Mis Pasos Dejan Huellas, don Gregorio
Gamarra Genebroso, fue muy aplaudido por su esfuerzo realizado. Los artistas
que se dieron cita entonaron las canciones de don GGG.
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