SANTIAGO DE AIJA: EL SABIO QUE EL PERÚ DEBE AL MUNDO
SANTIAGO DE AIJA: EL SABIO QUE EL PERÚ
DEBE AL MUNDO
Homenaje en el 59.° aniversario de su fallecimiento
Agustín Zúñiga Gamarra — Dr. Físico
Nuclear
I. APERTURA: EL PROFETA SIN ESTATUA
Señora Congresista Yoel
Kira Alcarraz Agüero, señor Alex Percy Jamanca Trejo, autoridades,
representantes de la sociedad civil, amigos de Ancash, señoras y señores:
Permítanme comenzar
leyendo algo que escribí hace catorce años, en este mismo Congreso de la
República, con motivo del 125 aniversario del nacimiento del Sabio:
"Corriendo entre los caminos pedregosos, barrosos y
espinados, el niño Santiago miraba la naturaleza asombrado, alegre e inquieto.
En Vista Bella de Huacllán igual que en Mileto de Grecia, Santiago y Tales,
respectivamente, buscaban comprender a la bella y compleja naturaleza..."
Eso lo escribí en el 2012.
Hoy, 59 años después de la muerte del Sabio, vuelvo a este Congreso. Y lo
primero que debo decir es que vuelvo con una mezcla de gratitud y de pregunta
pendiente: ¿cuánto ha cambiado en estos años respecto al reconocimiento que
el Perú le debe a Santiago Antúnez de Mayolo?
Me han honrado con la
palabra en este evento porque soy físico nuclear —la disciplina que el Sabio
aijino vio nacer ante sus propios ojos en los laboratorios de Europa— y porque
soy ancashino, de Chiquián, de la misma tierra que formó a Santiago Antúnez de
Mayolo. Aunque de distintas provincias, compartimos ese ande que hace a los
hombres miradores del horizonte.
Comienzo con una pregunta
que quiero dejar flotando en esta sala:
¿Cuántos peruanos saben que el hombre que concibió el
aprovechamiento hidroeléctrico del Perú, que habló de energía atómica cuando el
mundo apenas salía de la Segunda Guerra Mundial, y que fue invitado por los
Premios Nobel de su época... era un niño que jugaba con barro en las chacras de
Aija, Ancash?
El silencio que provoca
esa pregunta es ya una respuesta. Y es la razón por la que hoy estamos aquí.
II. ¿QUIÉN FUE REALMENTE SANTIAGO ANTÚNEZ DE MAYOLO?
El niño de Aija y el
filósofo de Mileto
En mis escritos lo he
comparado con Tales de Mileto —el primer gran filósofo, físico y matemático de
la humanidad—, no por capricho retórico, sino por una coincidencia profunda:
ambos fueron niños curiosos que hicieron del agua el centro de su pensamiento.
Tales, en Grecia, 585 años antes de Cristo, propuso que toda materia estaba
constituida en último término por el agua. Santiago, en Huacllán, Aija, el 10
de enero de 1887, decía algo igualmente visionario:
"Cada río que se desliza de los Andes es energía
eléctrica que se desperdicia."
En el mundo se dice Tales
de Mileto, su nombre unido al lugar donde nació. Propongo —como lo hice en
2012— que debería popularizarse en el Perú la denominación de nuestro sabio
como Santiago de Aija.
Un científico completo:
tres dimensiones
Para comprender la
magnitud del Sabio, hay que verlo en tres dimensiones simultáneas:
Primero, el ingeniero
visionario. Diseñó el aprovechamiento hidroeléctrico del Cañón del Pato
décadas antes de que se construyera. Cuando los ministros de su época le
cerraban las puertas —y hay registro de ello en la obra de teatro del
dramaturgo Áureo Sotelo, donde un funcionario le decía: "ya vienen
estos desde Europa que se creen la panacea del desarrollo"— él seguía
clamando: "Cuando la ganadería, la agricultura, el comercio, la
industria y el transporte se asienten sobre la base de la electricidad, solo
entonces venceremos definitivamente al hambre, a la ignorancia."
Segundo, el científico
nuclear pionero. Aquí debo hablar con precisión de físico. En los años en
que Santiago estudiaba en Europa, el mundo de la ciencia atravesaba una
revolución sin precedentes: el descubrimiento de la radiactividad por
Becquerel, la teoría de la relatividad de Einstein en 1905, el descubrimiento
del núcleo atómico por Rutherford en 1911. En ese contexto de efervescencia,
Rutherford propuso en 1920 la existencia de una partícula neutra en el núcleo.
Pues bien: en 1924, Santiago Antúnez de Mayolo planteó también la existencia de
un elemento neutro en el núcleo atómico. Esto lo convierte en el primer
científico en América Latina en aproximarse a lo que luego se llamaría el
neutrón, descubierto formalmente por Chadwick en 1932 tras doce años de
trabajo.
No lo digo para restarle
mérito a Chadwick. Lo digo para afirmar que había un hombre en el Perú que
estaba al tanto —en tiempo real— del avance científico más vanguardista de su
época. Eso, hoy, no tiene ningún peruano radicado en el Perú.
Tercero, el hombre de
Ancash. Este dato no es accidental. Es el marco geográfico que explica su
obsesión: la geografía accidentada del ande, los ríos que caen con fuerza hacia
el mar, los nevados que alimentan cuencas enteras. Santiago conoció su patria
antes de proponer soluciones para ella. Esa es la enseñanza que nos dejó:
conocer el territorio para transformarlo.
III. SU VIGENCIA HOY: ENERGÍA, AGUA Y FUTURO
Los tres problemas que
el Sabio ya había visto
En mi artículo sobre el
futuro al 2050, publicado en la revista Mirador Nuclear, señalo que el
Premio Nobel de Química Richard Smalley identificó los diez problemas
principales de la humanidad para los próximos cincuenta años. En orden de
importancia: energía, agua, alimentos, medio natural, pobreza, terrorismo,
guerra, enfermedades, educación y población.
Y lo primero que se
observa es que estos tres primeros —energía, agua, agricultura— están
correlacionados: si uno se hace abundante, los otros dos también. Si uno se
agota, los demás también escasean.
"Si tuviéramos una fuente de energía abundante,
limpia, fiable y barata, entonces tendríamos agua abundante y,
consecuentemente, mucha comida."
Eso lo escribí yo sobre el
futuro al 2050. Pero Santiago Antúnez de Mayolo lo intuía hace casi un siglo
cuando decía que cada río que cae de los Andes es energía desperdiciada. Él
estaba pensando exactamente en esa correlación: agua que se convierte en energía,
energía que convierte desiertos en tierras fértiles, tierras que producen
alimentos.
Cuando yo escribo sobre la
necesidad de fuentes limpias —solar, eólica, y nuclear segura y sin residuos
radiactivos — estoy siguiendo, sin haberlo planeado, el camino intelectual
que Antúnez de Mayolo trazó desde este país hace setenta años.
La energía nuclear: el
legado más incomprendido
Debo decir algo aquí con
la autoridad que me da ser físico nuclear. La energía nuclear es quizás el
aspecto más malentendido del legado de Antúnez de Mayolo. Cuando la gente
escucha "nuclear" piensa automáticamente en bombas. Pero el Sabio
pensaba en neutrones como herramienta de desarrollo, no de destrucción.
Hoy, el Perú dispone del
reactor nuclear RP-10 en el Centro Nuclear RACSO, en Carabayllo —el de mayor
potencia en Sudamérica con 10 megavatios—, que produce radioisótopos para
diagnóstico y terapia médica: el tecnecio-99m para detectar problemas cardíacos,
el yodo-131 y el lutecio-177 para tratar tumores. Cada domingo por la noche,
trabajadores van a ese centro a producir los materiales que salvan vidas en
hospitales de Lima y del país.
Ese centro se llama RACSO.
Debería llamarse Santiago Antúnez de Mayolo. Porque es allí donde el
sueño del neutrón que él vislumbró en 1924 se convierte hoy en medicina para
los peruanos. Pero nadie lo recuerda. Y eso dice mucho de nuestra cultura
científica.
Ese no es el único olvido.
En el Club Ancash, a la entrada, hay el busto de un diputado cuya obra pocos
conocen. No está el busto de Santiago Antúnez de Mayolo. Estos dos olvidos
concretos —el Centro Nuclear y el Club Ancash— no son anécdotas. Son el síntoma
de algo más profundo: una cultura que no aprecia la ciencia como motor de
desarrollo.
Las cuatro enseñanzas
que nos dejó
En mis presentaciones
anteriores sobre el Sabio he sistematizado cuatro enseñanzas que me parecen
vigentes hoy más que nunca:
Primera: el
conocimiento agrega valor. "Las aguas de un río que van al mar son
energía perdida." Sin conocimiento, la geografía más privilegiada del
mundo es solo paisaje.
Segunda: no basta
saber, hay que transformar en hacer. El Sabio no solo escribió teorías;
diseñó centrales, propuso proyectos, visitó ministros. La ciencia sin
aplicación no resuelve el hambre ni la pobreza.
Tercera: saber local
más saber universal. Santiago conoció su Ancash antes de proponer
soluciones para ella. Y fue a Europa a conocer lo mejor de la ciencia mundial
para traerla al servicio de su patria. Hoy nuestros jóvenes deben hacer lo
mismo: conocer el Perú y dominar las tecnologías emergentes.
Cuarta: la geografía
andina exige pensadores andinos. Las soluciones de geografía plana no
funcionan en el ande. Los ingenieros y científicos peruanos deben conocer su
territorio. Como antes SAM lo recorría en acémilas, hoy nuestros jóvenes deben
subirlo en buses.
IV. ANCASH: EL TERRITORIO DEL GENIO Y EL TURISMO CIENTÍFICO
La bisagra entre
ciencia y turismo
Permítanme ahora abordar
el tema que convoca este evento: el turismo. Podría parecer un salto brusco
desde la física nuclear al turismo de aventura. Pero no lo es. Hay una bisagra
conceptual que los une con naturalidad:
El turismo científico y cultural es el turismo de mayor
valor agregado y el más sostenible en el tiempo. Y Ancash tiene algo que
ninguna otra región del Perú tiene: paisaje extraordinario más el legado de un
genio universal.
El Huascarán, el Callejón
de Huaylas, el Cañón del Pato. Ese cañón que Santiago Antúnez de Mayolo quiso
convertir en fuente de energía para el Perú es hoy una central hidroeléctrica
en funcionamiento y también un destino turístico en potencia. Pocos
lugares en el mundo pueden ofrecer al visitante al mismo tiempo una maravilla
natural y el escenario físico donde nació una idea que transformó a una nación.
Propongo que pensemos en la
Ruta del Sabio: un circuito turístico que combine el trekking de aventura
que ya existe en Ancash con los sitios ligados a la vida y el pensamiento de
Antúnez de Mayolo. Aija, Huacllán, el Cañón del Pato, los paisajes que formaron
su imaginación. Un turismo que no solo maravilla los ojos sino que enciende la
mente.
En este mismo evento se
menciona el retorno de la Estela Raimondi. Raimondi también fue un
científico-explorador que puso a Ancash en el mapa del mundo. Hay un patrón que
el Perú no termina de ver: Ancash produce genios que el mundo no sabe que
tiene. El turismo científico puede cambiar eso.
V. LOS SEMILLEROS: LOS FUTUROS SANTIAGOS
El círculo que debemos
cerrar
Pero el homenaje más
auténtico al Sabio no es una estatua ni un nombre en un edificio. Es replicar
en la tierra de donde surgió lo que él fue: un niño curioso, con acceso al
conocimiento, con alguien que creyera en él.
En la escuelita fiscal de
primaria de Aija, el niño Santiago construía caminitos, puentes, caídas de agua
y carritos para jugar mientras su padre terminaba sus labores en las chacras.
Eso no era entretenimiento: era ciencia en estado puro. Era el inicio de un
ingeniero que décadas después dialogaría con los mejores físicos del mundo.
Lo que escribí hace
catorce años sigue siendo verdad:
"En los países pobres los genios se construyen, casi
exclusivamente, por su propio esfuerzo y el de sus padres, aprovechando los
resquicios de oportunidades que estadísticamente son imperceptibles para las
mayorías. Quedan así en el olvido, sin usarse, brillantes niños del interior
del país, con mentes intactas y ávidas de saber y hacer."
Pero entonces propuse
algo, y hoy lo reafirmo con más fuerza: que en Aija se construya la primera
Escuela de Excelencia en la Formación de Semilleros de la Ciencia. Porque —y
esto lo he observado directamente— hay algo especial en los niños de Aija que los
hace predispuestos para destacar en ciencia y tecnología.
¿En Aija ya existe ese
semillero? Niños que están aprendiendo a pensar como científicos. Niños que
podrían ser los próximos Santiagos. Y si puede nacer en Aija, puede nacer
en Recuay, en Bolognesi, en Huari, en cada provincia de Ancash.
Fíjense en la potencia de
esta idea: los semilleros científicos no son solo política educativa. Son
también un atractivo para el turismo académico y científico. Universidades,
investigadores, cooperación internacional visitan los lugares donde hay proyectos
reales con niños. Un semillero en cada provincia ancashina es al mismo tiempo
formación de capital humano y un imán para visitantes de alto valor.
La esposa del Sabio,
Lucye, lo dijo con claridad y yo lo recojo como propio:
"El amor al Perú y sus recursos, el amor al trabajo,
a la ciencia, a la técnica se debe cultivar desde la más tierna edad, el tiempo
en que los niños desarrollan todas sus potencialidades psicológicas."
No hay mejor homenaje a
Santiago Antúnez de Mayolo que hacer posible que el próximo Santiago —que hoy
corre entre los caminos pedregosos de Ancash— tenga la oportunidad que él
construyó a puro esfuerzo individual.
VI. CIERRE: LA PROPUESTA QUE LE DEJAMOS AL CONGRESO
Hace catorce años, en este
mismo Congreso, propuse mirar a los niños de Aija. Hace cinco años lo reafirmé
ante el Club Ancash. Hoy, 59 años después de la muerte del Sabio, la pregunta
que le dejo a la Congresista Alcarraz y a las organizaciones presentes es
simple:
¿Cuántos aniversarios más necesitamos para que Ancash
tenga su ruta del sabio, su semillero de ciencia en cada provincia, su circuito
de turismo científico, y su Centro Nuclear con el nombre que merece?
Propongo concretamente
tres acciones que este Congreso puede impulsar:
Una: declarar el
Cañón del Pato —la obra más visionaria del Sabio— como Patrimonio Científico
Nacional, e iniciar desde allí el primer circuito de turismo científico del
Perú.
Dos: establecer,
como política regional y con apoyo del gobierno central, el modelo de Semillero
Científico de Aija como programa replicable en las demás provincias de Ancash.
Tres: gestionar
ante el Instituto Peruano de Energía Nuclear que el Centro Nuclear RACSO lleve
el nombre de Santiago Antúnez de Mayolo, donde el neutrón que él vislumbró en
1924 hoy salva vidas de peruanos.
Termino con las palabras
que escribí para el 125 aniversario, porque siguen siendo las más honestas que
he encontrado para describir lo que siento:
"Permítanme expresar mi especial regocijo, como
físico y científico, en tener un precedente, un hermano ancashino del nivel que
alcanzó don Santiago Antúnez de Mayolo, cuyas enseñanzas se extendieron a todos
los campos del saber científico, diciéndonos que volvamos nuestra mirada a la
Ciencia, a las leyes fundamentales, pero también a las aplicaciones en
beneficio del país. Fue un científico completo que deberíamos replicar,
volviendo nuestra mirada a los niños del interior del país, a los niños de
Ancash, en particular a los niños de Aija, pues allí hay algo especial que los
hace predispuestos para destacar en ciencia y tecnología."
Hasta siempre,
hermano ancashino y sabio, don Santiago Antúnez de Mayolo.
Honor y gloria al estandarte de la ciencia y tecnología
nacional.
Gracias.

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