domingo, 20 de junio de 2010

Rumbo A Chota





Cuando subí al avión destino a Cajamarca, mis recuerdos volaron hacia mi tierra natal, Chiquián, allí, por primera vez, conocí a personas venidas desde Celendín, los Idrugo, Aranda y Ortiz. Todos relacionados con el negocio, y sus productos característicos, los sombreros, pero también vendían, telas, hilos, carretes, agujas, … eran tiendas pequeñas que luego supe se llamarían basares, nombre que lo aprendí en Huaraz algunos años después cuando estudié secundaria.


Uno de ellos vendía en una tienda de mi casa, la había tomado de alquiler, quedaba en la calle Comercio, la principal. Mi madre solía pasar allí algunas horas de la tarde, cuando el sol acariciaba la ciudad, cociendo junto a la Sra. Hortensia, esposa del muy amable Sr. don Lorenzo Idrugo.


Recuerdo una escena jocosa que generé, casi eran las 5:30 pm, habíamos acabado de dejar la escuela, antes se estudiaba mañana y tarde. En aquel año estaba cursando Transición, nombre que le dábamos al estudio anterior al primero de primaria, pero después del jardín. Ese día el profesor, mi recordado y finado don Josué Alvarado, había entregado las libretas de notas, era mi primera libreta, nunca antes había visto algo así, conforme salíamos del aula, seguro comparábamos las notas, y la mía destacaba, era diferente, por lo que corrí, presuroso hacia mi casa.


A esa misma hora subían por el Comercio muchos otros estudiantes, de las otras escuelas, y hasta colegios. A casi una cuadra de mi casa, vi a mi madre en la tienda de doña Hortensia, así que gritando desde unos 20 metros, decía: “mamá, me he sacado diez, rojo, rojo, nadie lo tiene!. Mi madre sonrojada, me hacía señas con la mano para callarme, y yo no entendía y seguía, anunciando ¡me he sacado diez y rojo y rojo, nadie más lo tiene!. Ya me imagino el bochorno que le habría hecho pasar, cuando luego comprendí que esa nota era de haber sido desaprobado, y además el único en el aula. Como explicación, a este inicio tan poco alentador, era que no había hecho antes el jardín, cosa que mis demás colegas sí.



Mientras mi imaginación se remontaba a casi 50 años, el avión comenzó a sacudir, los vacíos desesperaron a algunas damas que gritaban, los utensilios de la cocina, que se encontraban casi a mi espalda, sonaban en desorden desesperante, recuperé un poco de tranquilidad cuando vi a las aeromozas que orondas empujaban el carrito recogiendo envases. A pocos minutos el Capitán anunció pronto aterrizaje, el hecho de atravesar unas nubes cargadas de tempestad, habrían provocado el sacudón.


Ahora teníamos bajo nuestro avión el paisaje de Cajamarca, colinas completamente verdes, árboles, chacras bien marcadas y ganado vacuno abundante, nos anunciaban que el producto principal es la agricultura y la ganadería. Pronto los panes y los quesos serán nuestros. Allá vamos Zarcos.



Los cielos entre Lima y Cajamarca, 21 de mayo de 2010
La Pluma del Viento




Somos Lideres, 2010

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