domingo, 6 de noviembre de 2011

LA INCLUSION SOCIAL Y LA CAPACIDAD DE ORGANIZACION









Cuando visitamos las chozas de estera en los arenales o en los empinados cerros alrededor de lima, percibimos la extrema pobreza, en toda su dimensión, es como si la ira de dios se condensara en ellos. Igual o peor ocurren en las zonas rurales, cuando el friaje llega, cada invierno, demostrando un abandono total del estado. Esta exclusión obliga a preguntamos, ¿Es que ellos no son peruanos, también?. ¿Porqué tanta diferencia con aquellos que viven en los hermosos barrios de surco, monterrico, o casuarinas?. Los primeros no alcanzan a tres soles diarios, mientras que los segundos, tienen tanto que sus mascotas tienen médicos, clínicas y restaurantes; disponen de tanta agua potable como para regar inmensos campos de golf, o piscinas en cada casa, mientras que los otros, “los miserables”, se contentan con beber las aguas de acequias o ríos contaminados de larvas y metales pesados.

Este contraste en un país que dicen crece a tasas envidiables, adolece de una ruptura, hay dos países o talvez más, aquellos de extrema pobreza que usualmente tienen rostros de niños y mujeres en la costa, sierra, o selva. Ellos no están de ninguna manera considerados en los grandes logros del PBI, y como tal es probable que más bien sean vistos como obstáculos para los “ricos que quieren ser más ricos”. Si reclaman son vistos como ejemplos de malos peruanos. Por eso no basta decir que crecemos al 7% o 9 %, pues esos indicadores, mostrados como estandartes de triunfo por los “dueños del Perú”, esconden lo observado, la pobreza extrema que no puede ni debe continuar, ¡es inaceptable!.

Este olvido fue puesto sobre la mesa en las ultimas elecciones, Ollanta y Keiko encarnaron la preocupación por los sectores mas olvidados, sin embargo sus propuestas eran diferentes, mientras que Keiko seguía con el formato fujimorista, de seguir dando asistencialismo a los pobres para mantenerlos igual, para así disponer una base popular, permanentemente, y gritar en las portátiles pagadas: “gracias chino, chino, chino”, menos mal que este enfoque fue derrotado, por la oferta de Ollanta que planteó la INCLUSION SOCIAL, es decir incorporarlos a la vida decente, que comienza por tener empleo, ¡no mas dinero para ociosear, o procrear, sino tener capacidad de empleabilidad!.

Y esto significa que las personas mas abandonadas, requieren inicialmente usar su fuerza física en trabajos con poca o nula calificación, para luego entrenarse en talleres para adquirir algún conocimiento útil en alguna parte de un proceso productivo, de esa manera subirían las gradas de empleabilidad (mas calificación mas demanda). Compartirían el trabajo con el aprendizaje, eso les servirá para insertarse en algún eslabón de la cadena productiva de la localidad.

Pero para que el consejo distrital genere programas productivos que hagan competitiva una localidad debe haber participación organizada de la población, el ciudadano debe participar en alguna organización: vecinal, padres de familia, regantes u otras, de manera que pueda fortalecer la cultura de respeto a estatutos, confrontación de ideas, y a aceptar la idea ganadora, que se construyó en base a suma de todas las ideas para construir algo mejor. Con este procedimiento se construirían los programas que beneficiarían al colectivo. Para salir adelante en los poblados más abandonados el trabajo colectivo es mucho más necesario. El reto es salir de la extrema pobreza de manera colectiva no individual. Por eso, la condición numero uno para lograr la INCLUSICON SOCIAL es fortalecer la CAPACIDAD DE ORGANIZACIÓN, que debe iniciarse desde las escuelas, enfatizando la importancia de participar en organizaciones, así ellos deberían aprender a formar clubes de trabajo, de deporte, de teatro, etc., solo así se reforzaría la CULTURA DE LA PARTICIPACIÓN, que redundarían en el éxito de las empresas colectivas de la comunidad.

En conclusión, el problema de la inclusión se resolvería si los ciudadanos se organizan cada vez mejor para enfrentar los problemas de manera colectiva, y las autoridades plantean bien los procesos productivos que deberían ser coherentes con las potencialidades de la localidad.

Los residentes en la capital que vivimos distantes de nuestros pueblos, deberíamos, al menos, interesarnos en saber qué están haciendo los alcaldes de nuestro distrito o provincia y también dedicar parte de nuestro tiempo en colaborar con este Perú olvidado, y no permanecer indiferentes con su dolor y postergación.

La Pluma del Viento.
Lima 06 de noviembre de 2011

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