domingo, 8 de diciembre de 2013

NELSON MANDELA, MADIBA, UN HOMBRE QUE ENTREGÓ SU VIDA POR LA LIBERTAD E IGUALDAD MURIÓ ENALTECIENDO A LA HUMANIDAD Y ENZEÑANDONOS A VIVIR



Mirar la vida desde la esquina del desposeído, del segregado, del sometido al desprecio por una minoría, en ese caso la  blanca, debió haber sido insoportable, para los habitantes negros de Sudáfrica por los años 50. Cómo hacer para revertir esta situación, fue el reto que  el joven Nelson Mandela, comenzó a enfrentar a los afrikáners, que desde 1948, esta minoría blanca de descendendientes holandeses impusieron en Sudáfrica desde que se hicieron del poder con el apoyo de EEUU y occidente. Y desde ahí legalizaron un sistema, político, económico y social de segregación, más conocido como el APARTHEID.  Ciudades, lugares, transportes exclusivos para los negros, a pesar que eran mayoría casi el 80% de la población.

Al inicio, Mandela, promovió la lucha armada, motivo por el que, bajo el cargo de promover golpe de estado y sabotaje, fue condenado en 1962 a cárcel perpetua, sin embargo por la presión del mundo y los caminos que se daban a nivel global, el entonces presidente de Sudáfrica (SA), Frederick de klerk, presidente, le otorgó la libertad, el 11 de febrero de 1992. Salió después de 27 años.

Aquel día que dejó la prisión dijo: “salir de esta cárcel con el rencor de los blancos que me trajeron sería volver a la cárcel, si también tuviera rencor contra ellos,  por eso no debemos tener rencor contra nadie, y todos somos hermanos”.

Ya, no eran los tiempos de la lucha armada, ahora sabía que el único camino para la paz, era el diálogo, el pacto con los diferentes, y así construir una comunidad para todos. Una nueva forma de convivir en la su amada Sudáfrica. Como dijo luego el arzobispo Edmund Tutu, “el sufrimiento hizo que él creciera en la generosidad del espíritu”.

Luego, cuando habían transcurrido solo 4 años después de su libertad, se hizo presidente de SA, pero ya en 1993, había ganado el premio nobel de la paz, conjuntamente con el presidente  De Klerck, que le dio la libertad.

Frente a la grandeza de este hombre, qué nos queda a los que tenemos desavenencias insignificantes, entre hermanos, paisanos o colegas, y no la posponemos en aras de la convivencia, de la familia y la paz. Acaso, el orgullo de nuestra pose, será más duradero; o el dinero que acumulemos indebidamente, nos acompañará en la muerte. No!!. Luchar por un ideal que beneficie a todos es mucho más duradero. Mandela nos enseñó, al respecto: “He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir con igualdad y oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Cuánta falta nos hace, repasar la vida,  el esfuerzo y la entrega, de estos hombres o mujeres,  que son ejemplo de grandeza de la especie humana. Cuanta falta nos hace en el Perú, conocer la vida de Mandela, y compararlos con la de los políticos de los diversos partidos, que prodigan desplantes de sabiduría, y soberbia silvestres.   Para que se hagan más humildes y sepan comportarse de otro modo.

Pero también repasar la vida de Mandela debe servirnos para perder el miedo, cuando se trata de defender un ideal que beneficie a la sociedad. Él decía: “Aprendí que el coraje no es la ausencia del miedo, sino el triunfo sobre el mismo. El hombre valiente no es aquel que no tienen temor, sino el que conquista ese miedo”.

Hoy que las pantallas de televisión nos demuestran que la lucha de este hombre no solo liberó SA, sino que dignificó a la humanidad, que hoy parece sucumbir, como cuando vemos tantos hombres o mujeres, que no tienen miramientos para provocar la muerte, de sus hermanos, hijos y hasta padres, o cuando vemos a  nuestro país inundado de delincuentes que por un sencillo, disparan con alevosía y desprecio a la sien de un padre de familia que sale en defensa de su  hijita.

Por eso, en oportunidades cuando los escasos grandes espíritus humanos fallecen, nos debe servir para sensibilizarnos de lo pequeño y ridículo  que somos, cuando agrandamos nuestro orgullo;  y de los inservible que es asirse en nuestros infantiles caprichos, de grandezas falaces que no duran más allá que el aleteo de una mosca, o cuando preferenciamos la avaricia de un miserable sol, en lugar de compartir lo que derrochamos.

Así, cuando nos comparamos con las obras de estos grandes hombres o mujeres, nos damos cuenta que lo único que trasciende es el bien, hacia los demás, no el halago hacia uno mismo, ni las pleitesías de aplausos comprados a necesitados en las portátiles electorales. 

Por eso en este día, o semana del funeral de Mandela, volvamos nuestras miradas, hacia la grandeza humana, hacia la esencia de lo valioso, de lo simple y reconoceremos que el diálogo, la tolerancia y la valía del diferente tanto en apariencia, cuanto en credos, nos devolverá alegría, en nuestra sonrisa y fortalecerá seguridad en nuestra apariencia, por sencilla que fuera, brotará puquiales de sinceridad, reflejando la limpieza del espíritu que guardamos. Eso es lo que mostraba Mandela, con su presencia y sonrisa, llenándonos de seguridad, paz, y tranquilidad, finalizo mi homenaje a este ser humano, recordando las palabras de su carcelero: “se ha caído un gran árbol, el amor nunca acaba. El fue mi prisionero, mi amigo, y mi padre”.

Descansa en paz, Nelson Rolihlahla Mandela, Madiba.

Tú eres inmortal.


La Pluma del Viento

Lima, 7 de diciembre de 2013
NOTA. Emitido en el programa radial: El Zaguán de Oro Puquio, del domingo 8 de diciembre de 2013, de radio independencia.
Me puede oir todos los domingos de 9:30 a 9:40 horas http://www.radioindependencia.com.pe via internet.

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