jueves, 7 de mayo de 2015

LA CATEDRAL SAN ESTEBAN DE VIENA




Cuando se viaja a lugares desconocidos,  somos cuidadosos en cuanto salimos de los hoteles, primero damos paseos cercanos, como merodeando el nuevo terreno, dejamos nuestras huellas insignificantes, en esquinas poco transitadas, solemos no mirar a nadie a la cara, nuestros ojos se detienen en letreros, que pocos prestan atención, queremos comprender su sentir, sus sabores y  olfateamos  los  rincones más alejados.  De pronto la estación del tren, ¡¡ modernidad !!, tecnología que te acerca al todo. Ingreso y no veo que alguien oriente. La maquinita  vende los pasajes. El idioma es desconocido. Qué difícil el alemán. Pero, el  inglés es  universal. Ahora, tengo mis boletos, pero nadie me los pide. No hay barreras, ni molinetes. Todo está libre. Entonces para qué pagué. Igual marco al ingreso como presintiendo una celada. Mi destino es la catedral, el lugar emblemático de la ciudad. Veo pasar estaciones sumergido bajo la tierra. Los pasajeros lucen no muy abrigados. Es el inicio de la primavera.  Las damas delgadas, de tez medio rosadas, hacen juego con sus blondas cabelleras. No se percatan que las admiro. Tan rápido, llegué a mi destino. El tren abre sus puertas, bajamos en orden. Todos seden el paso. Subo casi 3 niveles de sótanos. Y, como si a eso solo hubiera venido. Doy sorbos de aire con mucho esfuerzo. Es la emoción. ¡Contrólate!. Estoy en la última grada. Los ojos se iluminan. Oh!!. Hé ahí, es la puerta de ingreso de la gran catedral San Esteban. La fachada color piedra, intacta, termina en lanzas que desafían al tiempo y la gravedad abriéndose paso a los cielos. La gente, no cesa de posar. Es la presentación de Viena. Ingreso, y, entre casi oscuro e iluminado, me maravillo viendo el altar. Vienen los recuerdos de los seres que más amo. Mi madre, está entrando y sonriéndome, se aproxima a uno de los santos y con profunda devoción reza. Ella me acompaña a donde vaya, la dejo sin molestarla. Sentado escribo esta nota admirando la grandeza del hombre. Cae una garúa, y me despierto del embeleso. Sigo a mi pies, a no sé que otro lugar histórico de esta Viena musical.

La Pluma del Viento

Viena, 6 de mayo de 2015





No hay comentarios: