domingo, 8 de enero de 2017

LUIS PARDO : HOMBRE HECHO LEYENDA




NOTA: Luis Pardo Novoa nació en Chiquián el 19 de agosto de 1874 y murió el 5 de enero de 1909. Murió a los 35 años. Por ello amerita recordar su esencia, de luchar por justicia. Sabido es que mataron a su padre cuando solo tenía 11 años, luego el siguiente año murió su madre. Incluso se sabe que estudió en el Colegio Guadalupe. Aquí los versos que voy a usar vienen del poema de 11 décimas, titulado EL CANTO DE LUIS PARDO que el 23 de septiembre de 1909 (a los pocos meses de la muerte de Luis Pardo) se publicó por primera vez, en el semanario "Integridad", que dirigía Abelardo Gamarra "El Tunante", un envío anónimo que recibió dicho semanario. Estas décimas cuentan la vida de Luis Pardo, la muerte de sus padres y la de su amada Andarita, así como también narraba sus pesares y el porqué de su rebeldía contra las autoridades


El nevado blanco, inmenso, altivo que lucha con hidalguía inquebrantable, contra las fauces grises de las oscuras rocas que se abren paso con el calentamiento global. Sí señores el gran Yerupajá, y sus hermanos Jirishanca, Toro, Rasac, son las insignias del alma, del espíritu, del sentimiento, de la sabia y de la cultura chiquiana. No hay símbolo mayor que aquel, ese nevado nos une, nos abraza, nos llama, nos convoca a no caer en los obscuros espíritus del rencor, la envidia, la ignorancia y la soberbia. Su blancura debe ser la puerta del encuentro, del acuerdo, del diálogo crítico y sabio.



Es por esa puerta la mansión natural, surge nuestro segundo símbolo, inamovible, auténtico, de carne y hueso. Su carácter frío, decidido, seguro no podía ser distinto a su APU el Yerupajá, ni su alegría y galantería distintas al clima cálido de Timpoc, Conai o Llamac; ni su voz menos cadenciosa y nítida que su Rio Aynin, su gallardía y agilidad en el manejo de los caballos, están presentes en los jinetes de las corridas de toro; su poncho habano y sombrero de paja representan a nuestros hábiles tejedores, y dominadores de la tecnología de los tintes naturales, o las pajas venidas de Piura a través de los hermanos de Celendin que afincaron en Chiquián. En suma nuestros dos símbolos de Chiquián, son auténticos. Nos identifican y por eso han trascendido la lógica del mortal, para convertirse en Leyenda y estandarte de nuestros imaginarios de justicia, valentía, inteligencia, libertad y solidaridad.


La prodiga naturaleza, y las escabrosas colinas, breñas, zanjas, quebradas y punas de Pancal, Chonta, Quero, Huasta, Yanamarca, Sapahuain, Sajas, Alalas Machay, etc. Hicieron que nuestro símbolo corra como un venado, y desaparezca tras los arbustos ante los incrédulos verdugos que llenos de colesterol subían con aletargados movimientos las piedras, la carencia del oxígeno en su sangre, detenía sus mentes, y la sagacidad de Luis sobrepasaba sus límites. Las curculitas, los pichuichancas y las huachuas, eran sus amigos, sabía comunicarse en cada curva en cada atajo, así hubieran habido miles de soldados igual no habrían podido, porque en su feudo, en su hogar, todas las aves, las cantutas y rocas, sabían que Luís era su hermano, y lo protegían. Si la justicia es esquiva y demorada para los pobres, porqué no puedo buscarla incluso a costa de mi vida. Si mis hermanos siguen postrados a pesar de las riquezas que otros se llevan, porqué no usar mi inteligencia o blandir mi pecho y solidarizarme con ellos. Luís Pardo lo hizo.

Por eso, la trascendencia de nuestro héroe es que, tenemos un símbolo que nos une, está ahí, es parte de nosotros, los sentimos en cada rayo, en cada canto, en cada calle, en cada esquina. En él se encarnan esos valores reconocidos por todos sus historiadores. Felicitémonos de tener a un hermano nuestro de esas calidades, acaso otras provincias o departamentos tienen a alguien similar. Pocos muy pocos. Por ello, sepamos valorar lo que tenemos, aprendamos a reconocernos. Reencontremos nuestra autoestima en nuestra identidad local. Con esa lección histórica, preguntémonos, ¿qué significa LUIS en medio de la crisis de corrupción nacional?. ¿Qué hubiera hecho, si estuviera viendo lo que ocurre con la carencia de hospital, energía y educación en los pueblos alejados de la provincia de Bolognesi?. Y, ¿qué hacemos hoy nosotros respecto a la cultura, de cuya imagen nos valemos pare sentimos representados?. Las armas son distintas, pero no los valores que nos ha legado. Valentía, Justicia, Solidaridad e Inteligencia. Consecuentemente, en los homenajes por su aniversario, no solo deberíamos echar al viento poesías, versos y cantos, que ciertamente se lo merece. Sino también, deberíamos recordarle cómo él fue, un hombre de hechos. Así, nos faltan hechos para promover más justicia, más solidaridad y usar más la inteligencia.

Por eso, el pueblo chiquiano, que lo conformamos todos, necesitamos y debemos demostrar, que debajo de nuestros ternos, camisas, vestidos, ponchos o llicllas, está la historia viva de nuestro héroe, demostremos en los aniversarios de LP, nuestro rechazo a la injusticia de una obra postergada, salgamos a caminar la pampa de lampas cantando La Andarita, convirtamos los adoquines de cemento de la burocracia, local, regional y/o nacional en flores y arbustos de Pancal, sometamos a los “Toro Mazote” de la dejadez y la corrupción, de Lima, Huaraz o Bolognesi, a cumplir su deber. Pongamos en los picos de las huachuas de Conococha y los cóndores de Jirishanca, que lleven el mensaje y anuncien en cada hogar de bolognesi, que mantenemos vivo el mensaje de LP por más justicia, más solidaridad y más cultura. Solo así volveremos a mirarnos como verdaderos coterráneos de Luís Pardo Novoa el inmortal Justiciero Chiquiano.

Ven acá mi compañera;
ven tú, mi dulce andarita,
tú sola, sola, solita,
que me traes la quimera
de aquella mi edad primera,
que en el campo deslizada,
junto a mi madre amada
y de mi padre querido,
era semejante al nido
que hace el ave en la enramada.


Ven, consuela al solitario
que por jalcas y oconales,
sin hallar fin a sus males,
va arrastrando su calvario.
Fue el destino temerario
al empujarme inclemente,
como por rauda pendiente,
desde lo alto del peñón
se desgaja algún pedrón
que rueda y cae inconsciente.


A mi padre lo mataron,
mi madre murió de pena;
ella, tan buena, ¡tan buena!
¡Ellos que tanto me amaron!
Con ambos me arrebataron
lo más que en el mundo quise.
Pero aún la suerte me dice:
"Ama, adora a una mujer",
que hube también de perder...
pues nací para infeliz.


De entonces, ¿qué hube de hacer?
Odiar a los que me odiaron;
matar a los que mataron
lo que era el ser de mi ser;
en torno mío no ver
sino la maldad humana;
esa maldad cruel, insana,
que con el débil se estrella,
que al desvalido atropella
y de su crimen se ufana



Todo esto ha venido a mi mente en esta semana de enero por un aniversario más de la muerte del justiciero Luís Pardo. Y lo recordamos a nuestro héroe, cabalgando en su brioso alazán, surcando con destreza los cerros de Bolognesi, fusil al hombro, poncho habano con rayas claras, sombrero y bufanda blanca. Bailando, cantando, apoyando al pobre, enamorando y surcando con su conquista punas y cumbres. En esa peligrosa y comprometida caminata, moraba bajo cataratas, alimentándose de flores de la cantuta, conversando con el viento, lagunas y nieve, para terminar atrapado y muerto cerca de Cajacay. Pero a pesar de los 108 años, su grito aún sigue vigente:

Por eso yo quiero al niño;
por eso yo amo al anciano;
y al pobre indio, que es mi hermano,
le doy todo mi cariño.
No tengo el alma de armiño
cuando sé que se le explota;
toda mi cólera brota
para su opresor, me indigna
como la araña maligna
que sé aplastar con mi bota.

Yo aborrezco la injusticia;
yo quiero al que es desgraciado,
al que vive abandonado
sólo por torpe malicia;
yo maldigo la estulticia
de tanta gente menguada,
porque al fin de la jornada,
puesto que la vida es corta,
la vida a mí qué me importa
porque ¿qué es la vida? ¡Nada!

Y me persiguen, ¡traidores!
siempre fueron sin entrañas,
les espantan mis hazañas
que no son sino rencores.
¿Dónde están mis defensores?
Para mí, nadie es clemente;
nadie piensa, nadie siente,
¿Quieren matarme?, ¡en buena hora!
Que me maten si es la hora,
¡pero mátenme de frente!



La Pluma del Viento
Lima, 23 de Julio de 2009


Audio del texto:


http://www.4shared.com/mp3/LXI-bE2Mce/Luis_pardo_novoa_2017_1_.html




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