MI PUNTO DE APOYO Y LA BANDA
MI PUNTO DE APOYO Y LA BANDA
Una reflexión sobre la salud, la jubilación y ese lugar íntimo donde la lectura, la escritura y la pluma se convierten en el mejor apoyo para seguir viviendo con propósito.
¿Qué hace un jubilado que, en lugar de recorrer museos o emprender largos viajes, decide levantarse antes del amanecer para leer, escribir y conversar consigo mismo? En esta reflexión, La Pluma del Viento nos abre las puertas de su Punto de Apoyo, un espacio donde el dolor no detiene la creatividad, los libros se convierten en compañeros de vida y la escritura encuentra un nuevo significado. Una invitación a descubrir que, muchas veces, las mayores conquistas no ocurren lejos de casa, sino en el silencio de una madrugada.
Él está allí, sentado, viviendo su vida. No se sabe realmente qué hace. Tiene ya una mayoría de edad; digamos, pertenece a la tercera edad. Está jubilado, pero su manera de vivir es distinta de la que suele tener quien dispone de cierta solvencia económica o de algunos ahorros. No es de aquellos asiáticos o anglosajones que recorren museos, llenan las calles céntricas o visitan restaurantes típicos en grupos turísticos.
A esta persona le agrada permanecer en su ambiente, rodeado de libros, cuadernos y papeles, al que un día decidió llamar "Punto de Apoyo". El nombre lo dice todo. Desde ahí espera seguir moviendo su mundo y, quizá, algunas conciencias. Su palanca es la Pluma.
Los dolores, salvo que le impidan sentarse o concentrarse, no son obstáculo para seguir leyendo o escribiendo. Su cuaderno es el cómplice silencioso, y sabe que muchas de esas páginas quizá duerman para siempre sin ser publicadas. Pero eso no le preocupa. Escribir también es una manera de vivir.
Por ello me pregunto: ¿qué encuentra de valioso en escribir, leer y cuidar con disciplina ese tiempo de la madrugada? Él sabe que esas dos horas, de cinco a siete de la mañana, son un privilegio y también un compromiso consigo mismo.
Antes reservaba ese espacio para los sábados, domingos y feriados, porque el trabajo lo obligaba a salir de casa antes de las seis de la mañana. Hoy, ya jubilado, podría hacerlo cualquier día. Sin embargo, las consultorías que aún acepta lo mantienen, en parte, dentro de aquella antigua rutina.
Su mente reconoce que un feriado es una tregua. Un día distinto. Un tiempo que le pertenece. Pero, para variar, ha aceptado una nueva consultoría que exige estudio, conocimiento y la entrega de resultados dentro de un plazo. Esa responsabilidad es muy diferente de escribir sobre sus dolores, sus úlceras o sus propias vivencias, porque para estas no existen fechas límite. Escribir sobre sí mismo es su deleite, su descanso, al mismo tiempo, su libertad y salud.
Entonces, ¿qué se le puede reprochar a este jubilado extraño que todavía busca compromisos y que, quizá sin darse cuenta, necesita sentirse útil? Esos compromisos continúan organizando sus días y dándole un ritmo a su existencia.
Más de una vez su propia mente le ha sugerido detenerse. Viajar. Dejar Lima por un tiempo. Conocer otros lugares. Descansar de verdad.
Podrías estar recorriendo Europa o América, o simplemente volver a tu tierra natal, Chiquián.
Tal vez escribirías sobre las ciudades que visitas, sobre la gente que encuentras y sobre los paisajes que descubres. Has leído mucho de escritores viajeros. Seguramente no te sería difícil.
¡Qué hermosa posibilidad!
Sin embargo, cuando una consultoría está por terminar o un informe llega a su versión final, el cuerpo parece resentirse y busca un nuevo malestar. Entonces vuelves, casi de manera natural, a tu guarida. Regresas al Punto de Apoyo, desde donde contemplas el mundo de afuera estando dentro de él, y escribes lo que ocurrió y la manera como lograste enfrentarlo.
Tus libros, tu pluma y tus cuadernos saben que los cuidas y les haces compañía. También ellos forman parte de tu vida.
Aquí está tu medicina.
Aquí están tus socios.
Aquí está tu banda.
Una banda silenciosa que no hace música, pero acompaña cada pensamiento, cada página escrita y cada amanecer.
Porque ellos también saben que, mientras continúes leyendo y escribiendo desde tu Punto de Apoyo, seguirás intentando mover conciencias. Quizá no el mundo entero, pero sí ese pequeño mundo que alcanza cada palabra cuando nace con sinceridad.
La Pluma del Viento
Lima, 23 de julio de 2026

Comentarios
Es algo así como lo que suelo decirle a los alumnos en las visitas guiadas sobre historia: El gran problema de los peruanos es que no nos miramos, conocemos nuestro entorno pero poco nos informamos de las necesidades de la gente que está más allá de nuestros límites distritales, regionales...aún dentro de sus salones tal vez ignoran la problemática, el sentir y los sueños de algunos de sus compañeros.