miércoles, 12 de enero de 2011

LA PUESTA DE SOL EN LARCOMAR: UNA POSTAL IMPERDIBLE


La puesta de sol en Larcomar es una postal que todo visitante aspira llevarse, dura casi 30 minutos entre las 18:00 a las 18:30, tiempo suficiente para posar, solo o en grupo. En medio del ajetreo de cámaras y fotógrafos, se escuchan comentarios halagadores, “es maravilloso”, “mis amigos que la visitaron dicen que es espectacular”, mientras camino casi autómatamente, reparo en lo que oigo, entonces, vuelvo la mirada hacia el mar, con la atención que lo haría un escultor, casi pretendiendo tallar cada imagen en mis recuerdos.

Este mirador se ha convertido en el lugar imperdible de quien visita Lima. La única ciudad capital de Sudamérica que queda junto al mar. El profesor David Parkansky, cuando venía al Peru, a dictar el curso de posgrado en Termohidráulica para reactores nucleares, siempre decía que su mayor alegría, era descansar desde las 3 de la tarde hasta la 7 en la playa de la costa verde. Naturalmente era porque la puesta de sol, le proponía una suerte de viaje a los confines de la mente, volvía luego rejuvenecido, reconfortado de haber visitado junto a los colores anaranjados, azules, grises el océano de su vida, haber curado desencuentros, y apagado nostalgias de sus amadas que la vida las llevó muy lejos de su corazón pero permanecían aún en su memoria.

Hoy, el mar sigue igual, pero lo que eran acantilados, terrosos y paraíso de suicidas, se han convertido en hermosos restaurantes, casi suspendidos en las paredes de barrancos, desde estos columpios arquitectónicos, la vista al océano pacífico se torna, poético, alucinante y abrumador. Un café, un helados, una cerveza, adquieren sabores irrepetibles.

En el segundo piso están las tiendas de ropa, librería, y el complejo de juegos de entretenimiento, donde los incansables niños dan rienda suelta a su imaginación. En el primer piso, se abre un inmenso comedor, las mesas blancas, las escaleras mecánicas y los anuncios de los locales de comidas rápidas, como , KFC, China Wook, Otto Grill, Pizza Hut, Bembos, Havanna, Vivaldiño, le dan un ambiente multicolor y festivo.

Las mesas solo tienen comensales sonrientes, es que aquí se viene, además de mirar el atardecer y la puesta del sol, a conversar, a compartir fraternidad y amistad. Las fotos del recuerdo sellarán lo bello que es Lima, donde este lugar adherido a los acantilados, sobresale. No puedo irme de Lima sin antes visitar Larcomar, ¡qué belleza!, ¡qué lugar tan bien organizado!, comentan los turistas.


Son las 18:50 horas, la oscuridad comienza a cubrir el mirador de Larcomar, las nubes rojizas acompañan la despedida del sol. Las frías brisas, inician su reinado, obligando a ponerte alguna casaca. Una mayor cantidad de gente sube las escaleras mecánicas que los que descienden, dando cuenta que muchos regresan a sus hogares. Las luces que adornan los árboles comienzan a resaltar. El paisaje navideño de luces en enredo remplaza la belleza natural del sol. El bullicio parece crecer conforme la oscuridad aumenta, las compras no cesan, los juegos de entretenimiento están copados, no importa que cueste mucho dinero.

Esto hace notar que en el Perú hay dinero, el consumismo se deja notar un día como hoy 1 de enero, no solo compran o se divierten los gringuitos, altos y delgados, también los cholos bajitos y trigueños, que hemos invadido Lima a golpe de trabajo y estudio.

Mientras espero mi turno para comer algo, miro entre admirado, alegre y orgulloso, lo bien que se ve Larcomar, que refleja el encomiable crecimiento económico del Perú, que hace unos lustros estaba postrada por la dictadura y la corrupción. Hoy somos un país en desarrollo que hace bien las cosas, económicamente hablando y lucha esforzadamente por disminuir la pobreza. ¡Qué bien, y qué reconfortante 1 de enero me tocó pasar!!.

La Pluma del Viento
Larcomar, 1 de enero del 2011.

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