MI ALEGRÍA EN EL DESORDEN
¿A qué suena el rostro de lo que amamos? ¿Cómo se traduce el ruido de un ferrocarril mental en la aritmética de las estrellas? Este texto es el resultado de un encuentro entre el tiempo, la música y la voluntad. Una exploración de cómo el ritmo de la vida —caprichoso y discordante— puede transformarse en una danza de perfección cuando logramos sintonizar nuestra esencia con el universo
En este
camino sin horizonte,
deambulo
buscando sentido.
La alegría
aparece,
luego preocupación:
cuando brote
la calma,
me detendré.
Hallarla no
será por puro azar.
Será mi
decisión,
mi esfuerzo.
Prefiero la
duda a la certeza.
Ahí está el eco del Big Bang:
sonido agudo que perfora la sien.
y la voz gruesa del ferrocarril
que sacude la mente.
El ritmo es irreproducible, cambiante.
No importa; buscaré un resquicio.
Mi mente es superior a cualquier clave;
ni las notas que parecen llanto me detendrán.
Sigo buscando, caminando para encontrar mi canto.
Me voy sin desesperación: lo encontraré.
No importa si es 15 minutos, 15 días o 15 años.
Mi seguridad supera al destino.
Ha transcurrido media vida, y siento un cambio:
las notas de la música que inunda la naturaleza
son ahora de paz; el ritmo se adapta a mis pasos.
No tengo prisa: he encontrado un nuevo tiempo.
Podría seguir, infinitamente.
Me acostumbré a tu danza —sin ritmo, a veces—,
a tus palabras inentendibles.
Da igual si me hablas en español o en alemán:
mis oídos entienden solo números,
o cantos con ecuaciones de notas.
Busco en mi nave aquella canción.
Viajo por planetas;
las estrellas tienen su ritmo.
Ninguna recuerda todavía al tuyo.
Tu canto reúne más perfección que el universo.
Entonces derrama tu música;
entrega tu danza de perfección.
Anhelo volver a verte de cerca,
a escuchar la sinfonía de tu rostro.
Mientras escribo estas letras, te veo cerca.
No hay desesperación; hay orden.
Hoy la música está a tono con mi día:
soy de motivación y de alegría.
La Pluma del Viento
Lima, 5 de enero de 2026

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