REGALO POR BAJADA DE REYES
A mis setenta años, el Día de Reyes ya no es lo que era en la infancia. Pero esta mañana, descubrí que aún tengo regalos que dar. No vienen envueltos en papel de colores ni tienen moño. Son palabras, recuerdos, presencias que vuelven. Este es mi pequeño homenaje a la Bajada de Reyes, escrito desde mi soledad en Lima
Mis neuronas han partido hacia Asia esta mañana, muy presurosos, como lo hacen siempre cuando una fecha importante las convoca. Van tras aquellos reyes cargados de presentes, el prieto, el mestizo y el blanquecino, cada uno portando en sus alforjas la esencia representativa de su tierra, todos buscando al niño que habría de cambiarlo todo.
Han pasado siglos y el día permanece intacto en algún pliegue de nuestra memoria. No recuerdo qué regalos recibí —si es que los hubo— pero sí el ritual de desarmar los nacimientos, aquellas escenografías navideñas que debían volver al desván, como si los dioses también necesitaran mudanza.
A los setenta años estos detalles ya no cuentan. Trajino solo por esta casa que es más silencio que hogar, y entonces me pregunto: ¿de qué regalos me hablan? Enero no me trae presentes envueltos en papel de colores; enero más bien me trae la urgencia de partir, de moverme, como si el mes mismo fuera un recordatorio de que aún hay caminos.
Voy a honrar a los Reyes Magos a mi manera: subiéndome a mi camello del siglo XXI, ese artefacto de metal que requiere aceite y gasolina en lugar de forraje. Saldré hacia lo desconocido no en busca del mesías, sino de un poco de descanso, de esa tregua que solo conceden los horizontes nuevos.
Pero ni siquiera esto satisface las dudas. La Bajada de Reyes se ha convertido en pretexto comercial, en otra jornada donde se venden cosas que nadie necesita. Aunque no juzgo a quien se alegra: alegrarse nunca está mal, incluso en tiempos de escasez.
Hemos erigido la crítica como virtud suprema. Cuestionar cualquier costumbre se ha vuelto deporte nacional. Los sitios más visitados en internet son aquellos donde se despedaza todo, donde la negación es moneda corriente. Y sin embargo, me siento mejor cuando simplemente reconozco la libertad: tú decides cuándo regalas, cuándo ríes, cuándo callas. A mi edad, la alegría de regalar es un acto completamente consciente, despojado de obligación.
Quizá este día podría rescatarse si actualizáramos su sentido. Que los Reyes Magos traigan hoy no oro, incienso ni mirra, sino aquello que verdaderamente importa: lo invisible, lo que no puede comprarse. La paz de mi país, de mi hogar. Una carta inesperada. Un poema que provoque sonrisas. El simple acto de salir al balcón y dejar que la vista juegue con las flores del parque. El canto de las aves con sus tonos casi celestiales.
He decidido convertir este día en mensaje. Escribiré cartas cortas a amistades lejanas, esas personas que habitan en la periferia del recuerdo pero que fueron centrales alguna vez. Sé que la sorpresa valdrá más que cualquier objeto. Así, este seis de enero valdrá exactamente lo que yo haga con él.
No me vestiré de rey mago venido de Asia, pero seré portador de una flor roja, de una canción elegida con esmero, de un poema escrito en esta mañana limpia de enero.
Y le diré a ella —sí, a ella— lo mucho que la recuerdo. Que está presente en este enero con una intensidad casi física. Su nombre, sus bromas, sus danzas permanecen vivos, y este texto es la prueba irrefutable.
Puede que yo no aparezca en su memoria, que mi rostro se haya desdibujado entre tantos otros rostros. Pero igual le diré que fue parte fundamental de mi vida. Corríamos juntos a dar la vuelta a la esquina, nos encontrábamos en la canilla pública para llevar agua, compartíamos esa cotidianidad que entonces parecía eterna.
Desde aquellas fechas hasta hoy no nos habíamos comunicado. Tal vez la voracidad del trabajo lo impedía, o quizá simplemente dejamos que el tiempo hiciera su trabajo de olvido. Pero ahora, liberado de horarios y obligaciones, dispongo de lo más preciado: tiempo. Y en esta fecha de regalos, has regresado a mi espacio como un bien invaluable, como esos tesoros que los reyes magos cargaban en sus camellos.
Dondequiera que estés hoy, recibe este presente. Sé que aparezco borroso en tu álbum de recuerdos, una fotografía desvaída entre muchas. En el mío, en cambio, permaneces vigente, nítida, por tu belleza de corazón y por esa amistad que el tiempo no ha logrado desarmar, como no logró desarmar aquel nacimiento de nuestra infancia.
Feliz día de Bajada de Reyes
La Pluma del Viento
Lima, 6 de enero de 2026

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