VENEZUELA LIBRE. NO MÁS TIRANOS
El encuentro
Como los grandes momentos no deben postergarse su festejo, salí al encuentro de los amigos venezolanos. En la plazuela frente a radio nacional los encontré: niños, viejos, padres, hijos y abuelos, todos reunidos en una inmensa marea de alegría, gritos y bailes. La música brotaba desde los automóviles con equipos acondicionados de desbordante potencia: salsas, reguetón, cantos propios, declarativos unos, poéticos otros. En el fondo de esas letras persistían el desarraigo, la nostalgia, el dolor silencioso de vivir lejos, la añoranza de sus casas.
Intentando retratar cada minuto, cada centímetro y cada rostro, me acerqué con ojos de escultor. A mi memoria volvió ese sabor a alegría contenida durante años. Estaba en cada persona, en cada gesto, en cada abrazo imaginado los familiares que, desde allende el llano, también celebraban.
El dolor que no se fue
No me bastaba mirarlos; a ellos tampoco les incomodaba ser observados. Sabían que su alegría era legítima y, por eso mismo, admirable. Sabían también que el ser humano reconoce el dolor del migrante: el niño que dejó a su abuelo, el joven padre que no sabe si volverá a ver a su madre porque regresar sería arriesgar la vida, y porque no quiere hipotecar el futuro de su hijo.
Por donde se mire, este día era de festejo. No importaba si solo había caído Maduro y faltaban muchos de su gavilla. Sabían que este gesto era un regalo largamente postergado. Desde ahora, cada mañana, los medios ya no mostrarán al hombre que se burlaba de los migrantes, como si se hubieran ido por gusto, como si el exilio hubiese sido una elección cómoda. "Es un país de paz" mentía mientras bailaba en su canal de youtube.
No, y no.... se fueron porque perdieron familiares, porque no había futuro alguno. O eras parte del chavismo, o eras enemigo jurado.
Un paso hacia la libertad
La Venezuela rica de los años ochenta —la de los edificios modernos, los centros comerciales, las universidades, la meca de los jóvenes— hoy habita solo en la memoria. Las imágenes actuales muestran estructuras envejecidas, carcomidas por el abandono. Es la postal del deterioro: la consecuencia directa de un régimen que confundió poder con impunidad. Era tal cual se ve a Cuba más avejentada: su modelo que llegaría.
Hoy, ya no más ese sentimiento de derrota. No se ha conquistado aún la libertad plena, pero el camino está abierto. Es inexorable la caída del régimen de Maduro. Por más que se esfuercen en sostenerlo, el pueblo sabrá cómo deshacerse de lo que queda. No hemos alcanzado el triunfo total, pero hemos dado un paso gigantesco hacia la libertad.
Nunca más pongamos en peligro la libertad: sin ella, nada sirve. El ser humano necesita una mente libre, sin ataduras ni imposiciones. El Estado puede imponer obligaciones; lo que no puede imponer son dictaduras ni tiranías que, una vez que entran, ya no quieren salir.
Feliz día de la libertad de Venezuela.
Nunca más tiranos.
Nunca más el desarraigo humano.
La Pluma del Viento
Lima, 3 de enero de 2026





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