domingo, 21 de junio de 2009

Desde el Ilo de la Belleza (Parte I)

Mi viaje, hoy, será más largo que otras veces. Por algún apuro de última hora dejé en casa los anteojos. Qué cosa tan incómoda es esperar el vuelo sin poder leer. No me imagino lo aburrido que será este vuelo. Como siempre traje conmigo un librito como para devorarlo durante el viaje. Estos 75 minutos entre Lima y Tacna, serán bastante largos. No me gustan (o no soy muy afín) los chistes de la pantalla de los aviones, ni soy capaz de soportar los sacudones de las turbulencias. Mi costumbre siempre ha sido leer y concentrarme en el tema, así supero la ansiedad de percibir la mas mínima vibración. Soy un cobarde en el aire. Me suena a pesadilla, cuando dicen “tomen asiento y abróchense los cinturones que estamos ingresando a zona de turbulencia”. Así que, hoy, mientras el avión surca los iniciales kilómetros luego de despegar del Jorge Chávez, comienzo a entretenerme escribiendo, sin poder leer lo que escribo. Eso me obliga a no parar porque de otro modo podría perder la idea, si hago un alto. Allí vienen las aeromozas me invitan a beber algo, no voy a resistirme aunque me cueste retomar el relato. Decido por la estrategia de responder rápido y volver al papel, lo logré, bebí la naranjada de un solo viaje y sigo escribiendo. Los sacudones no se detienen. Hago esfuerzos por no pensar en ellos. Veo, a las aeromozas caminar con total tranquilidad, sirven a uno u otro, como si nada ocurriera. Las contemplo y me tranquilizo un poco. Entonces decido escribir sobre algún tema que me permita concentrarme y no pensar más en estos movimientos. Así las ideas que surgen me llevan al almuerzo de hoy, donde con mis colegas de trabajo. ¡Siguen los sacudones!. Y, también, siguen las aeromozas pasando sin dar muestras de preocupación. Vuelvo al tema y lo recupero cuando parecía irse. Escribiré sobre el gesto de los congresistas humalistas o visto de otro modo del castigo que el parlamento les infligió, por 120 días. Unos creían que fue un acto calculado por parte de los humalistas, dado que les permitiría posicionarse en la cresta de las olas, relacionado con los nativos, durante buen tiempo. Y desde esas alturas aparecerán como víctimas o como verdaderos solidarios con los más necesitados o los más olvidados, eso les dará cierta credibilidad y respeto a su ya pobre imagen. Para que esto surta efecto, ellos requerirán del eco de la prensa y de su presencia en las zonas de conflicto. Cosa que será muy difícil y por ello esta idea de acción calculada no tiene consistencia. Pero como el gobierno asumirá que eso es lo que quieren los mostrará como intransigentes, radicales, antidemocráticos usando para este fin todo su poder en la prensa. Quién ganará?. O, mejor quienes son los responsables?. Eso tal vez nunca se sepa. Pero para salir del paso creerán una comisión que se encargue, disque de investigar, pero más bien será para armar un muñeco de manera que no se descubra nada. La turbulencia fuerte me sacó del tema. Miro el reloj y son las 07:44 p.m., intento mirar la TV, mientras la turbulencia sigue. Escucho que muchos se ríen por las escenas, y las aeromozas siguen como si nada. El avión desciende como si bajáramos por un ascensor, se detiene y vuelve a estabilizarse, parece que va terminado el sacudón. Como perdí el tema ahora voy a reiniciar otro, que también lo extraigo del almuerzo, cuando tratamos el tema de la situación del futbol peruano. Tema imprescindible entre los hombres. El sacudón sigue, lo que se deja notar en las escritura del cuaderno, la carencia de lentes me impide ver alguna letra. Trato de ver si alguien siente algo como yo, y no los veo hacer ningun gesto. Vuelvo al tema, no me olvidé, estaba por tratar lo del fútbol. La pregunta de conversación era: ¿Por qué el futbol dejó de tener buenos jugadores?, o que es lo mismo preguntarse, ¿Por qué descendimos del 4to puesto en Sudamérica hasta el último lugar?. El último gran equipo que tuvimos, coincidíamos que fue el 82. ¡Sigue el sacudón!. Sí, les decía que ese equipo fue mejor que al del 70. Sin embargo nuestro equipo no rindió como debiera en el mundial de España, porque, allí comenzó la injerencia de las autoridades. Obligaron al entrenador (Tim) a incorporar a Cubillas en lugar de Uribe, que en entonces era lejos mejor. Allí, se terminó las buenas generaciones del buen futbol. Pero sin desviarse de la pregunta, diría que los buenos jugadores dejaron de aparecer desde que suprimieron los campeonatos barriales, y fundamentalmente los interescolares. Claro, agudizó esta desaparición la intención de escoger “gente de más talla”, así se olvidaron de los “chatos”, que eran muchos en los barrios populares, lugar donde se practicaba buen futbol o buen fulbito. Les recordaba a mis colegas que en mi barrio de entonces habían siempre unos 8 o 10 buenos jugadores, que podrían estar en cualquier equipo profesional, no lo hacían por que tenían otras miras, pero su calidad se destacaba en los múltiples campeonatos que teníamos, en la canchita de la Cayetano en Ingeniería, en la Bombonera de Zarumilla (cerca al río), en Senati de Piñonate, o en la canchita de Catalina Huanca del Agustino, Sol de Oro, Unidad Vecinal, el Oratorio etc. Campeonatos impresionantes, con tribuna colmada las tardes de los domingos. Viendo a estos jugadores, los niños aprendían a dominar la bola, hacer jugadas. Otros con autorización de sus padres ya se iniciaban desde niños en las divisiones inferiores del Municipal, Alianza Lima, U o Cristal. Igual calidad se reflejaba cuando nos encontrábamos al ingresar a la universidad. Allí, las facultades armaban equipazos. Que igual, a veces cuando jugábamos por la selección de la UNI en entrenamiento con algún equipo profesional, el entrenador (visitante) solicitaba a uno u otro jugador para integrarse a su equipo, cosa que algunos accedían, pero la mayoría era un imposible, pues en su casa sus padres les daban una sonora paliza, diciéndoles que “han ido a la universidad para estudiar y no para jugar”. Hoy no vemos en el barrio esta efervescencia, cuando se la tocas a un joven, más de las veces, para la bola con la canilla, indicador suficiente para decir, que con este “no pasa nada”. Siento ahora que el avión comienza a descender de manera franca, y me tranquilizo al saber que estamos llegando a Tacna, aunque surgen algunos sacudones, sé que son por efectos del descenso, así que siendo las 8:00 p.m., trato de cerrar las ideas sobre el tema, que se me va olvidado, los sacudones son mas contiguos, se siente la pérdida de altura y por la ventana, que está unos asientos distantes del mío, logro ver algunas luces, de la ciudad, me siento mejor, como si hubiera salido hacia la superficie del agua en una piscina. Me alegro que mi técnica de escribir mientras vuelo haya funcionado, no puedo leer lo que escribí, eso tal vez me facilitó, y me ha generado una inquietud y ansiedad alegre, por saber lo que escribí. Han apagado las luces y anuncian que vamos a aterrizar. Cierro mi cuaderno, hasta mañana.


Desde los cielos de Lima-Tacna,
12 de junio de 2009

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