martes, 20 de octubre de 2009

UN REENCUENTRO QUE HACIA FALTA: FIESTA DE SAN FRANCISCO


Corríamos tras los becerritos o lechoncitos, a veces en la chacra, otras en los corrales. Teníamos que acompañar a las mamás a sacar leche o dar de comer a los chanchitos. Niños y niñas de la misma edad nos agrupábamos, para jugar en las esquinas débilmente iluminadas, hasta que las madres nos llamaban para cenar y luego dormir.



En los carnavales, la confrontación entre hombres y mujeres se daban entre contemporáneos. En nuestro caso corríamos con globos llenos de agua o con harina tras las niñas. Pero en muchas oportunidades caíamos en sus emboscadas y salíamos hecho sopa. También improvisábamos los corta-montes con ramas gruesas de arboles que traíamos del paraje pariantana, que no soportaban ningún machetazo, pero por ser niños no podíamos ir al bosque a traer árboles, nos contentábamos con estar juntos bailando alrededor de ese "arbolito" vestido de serpentinas. Imitábamos lo que hacían los mayores. Las casas eran amplísimas, por lo que unas veces plantábamos en la de Edi, otras en la de Macu o en la de Nina, siempre cambiábamos. Con la misma muchachada o niñada, compartíamos el ir a las misas de gallo, encargándonos a alguien de nosotros a despertarnos. Nuestros amigos (as) provenían de las cuadras, Sáenz Peña, 28 de Julio, Comercio y la calle de don Fabián Cano. Era el conocido barrio de Venecia. 

Esta vez con las mismas personas y también otras que por coincidencia y afinidad de edad o club o barrio o promoción nos encontramos en la fiesta de octubre de San Francisco (SF). 

Algunos nos veíamos luego de 30 años o más, otros luego de 1 año, desde la fiesta anterior. Así, esta fiesta de SF, se ha convertido en un verdadero TINKUY de los residentes de Chiquián en la gran Lima. En mi caso tuve suerte, porque mi grupo estaba constituido mayoritariamente por damas. Con ellas, recordamos nuestro pasado lleno de anécdotas, también hablábamos del presente, cada palabra era de motivación y estímulo, siempre adornadas de recuerdos.



Fotos y bailes fueron testigos de nuestro añorado encuentro. Sellamos en las pocas horas, nuestra amistad de siempre, mejorada por los años, que nos enseñaron a reconocer que los valioso que nos une, está en nuestra niñez, en nuestro pueblo, en nuestras costumbres, en nuestra cultura. Es decir en lo que fuimos que es más valioso que el transitorio diploma o título que hayamos alcanzado. No hablar de estos grados, nos hace más simples y más sinceros, cosa que no se encuentra en el común de las reuniones. 

Así, miramos más hacia nuestro interior, recurrimos al lugar donde yace lo más limpio de nuestra persona. Intercambiamos en realidad miradas de niños, que brotaban de nuestros ojos, mientras cojidos de la mano o huayllishando, nos devolvíamos los fallidos bailes cuando niños. 

Ahora, salíamos tras el Inca para bailar por las dos cuadras que rodean al Campo Sta. Luiza, en esos cortos 200 metros, representamos las largas cuadras de los jirones Comercio y Dos de Mayo desde Quiullán a Umpay, arrojándonos caramelos. La banda de músicos nos acompañaba de cerca, los briosos caballos conducidos por el Capitán y sus Acompañantes, esquivaban los lanzamientos que los de a pie le hacíamos.



Esos pequeños momentos pero entrañables, fueron la cereza que adornó nuestro encuentro. Reforzamos nuestra autoestima, la confianza en nuestra identidad cultural y afirmamos los valores de sinceridad y amistad que nunca morirán y que seguramente nos volveremos a ver el siguiente octubre. 

El fuerte sol fue el marco luminoso de esta alegría, que nos brindó la Fiesta de San Francisco de la Asociación Chiquián. Felicitaciones a los funcionarios y dirigentes.

La Pluma del Viento
Lima, 15 de octubre de 2000

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