miércoles, 1 de julio de 2009

DESDE LA SELVA SOY MAS PERUANO

Estar en la región de la selva es sinónimo de lluvia y calor. Como consecuencia se llena de árboles y animales. Los grandes cerros de poco verde que nos presenta la sierra alto andina, aquí no existen. En la selva los rasgos faciales parecieran relacionados únicamente a los conocidos, aguarunas o shipibos.

Sin embargo, luego de los luctuosos sucesos ocurridos en Bagua, se han incorporado a nuestro interés, nombres de otras etnias. Así, hemos oído por primera vez los cocamas, orejones, jibaros, huambisas, boras, ocainas, entre otros. Ellos con arcos, flechas, ondas y vestidos con ropas muy ligeras y simples, enfrentaron a la policía. Su modo de sentir la muerte de un miembro o defender la tierra, el bosque, no son similares a lo “nuestro”.

En un comienzo desde las más altas autoridades hasta los inexpertos congresistas y directores de periódicos limeños, los tildaron de ignorantes, analfabetos, gentes de 3er o 4ta categoría. Por eso tuvieron que pasar tan doloras perdidas para que hoy, sabios y adinerados, reconozcan que siendo seres humanos, ellos sencillamente, miran a la naturaleza de manera distinta. Para ellos el crecimiento económico, el crecimiento del PBI, el oro, el dólar, el petróleo, etc. … tienen poco o ningún valor.

Viendo lo que ha ocurrido (y ocurre) en el siglo XXI, puedo creer lo que ocurrió en el siglo XV, “en la amazonía existían más o menos 3 a 4 millones de habitantes, pero ahora sumados entre los países de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador no llegan ni al millón. Lope Aguirre, cuenta que en 1560 se mataba por placer a los indios. Fitzcarrald comenta que se quemó a la comunidad de Mashco”.

Hoy en el balance tardío sentimos que nos han quitado una venda de los ojos y, hemos reconocido, aceptado y admirado que, la selva y sus habitantes son anteriores a todos nosotros y por tanto, son parte de los verdaderos rostros del Perú, conjuntamente con los aymaras, chancas o quechuas.


Tal vez ha pasado muy poco tiempo como para aquilatar y entender lo que ha ocurrido, en Bagua, y respondernos con sabiduría, ¿qué rostro del Perú somos nosotros?. Particularmente aquellos que conducen al Perú desde Lima, desde los barrios ricos de Chacarilla, Monterico, San Isidro, Miraflores etc.

Hoy que me encuentro en Tarapoto, aunque sea por pocas horas, intento buscar respuesta a mis dudas de identidad cultural peruana. A dónde están nuestros símbolos, nuestras identidades colectivas que no conozco.

Miro cada objeto del centro de artesanía con más cuidado que antes, ahora me interesa entender cada diseño, cada color, cada raíz. Quiero sentir su modo de ver el mundo, aquí la arrogancia del supuesto “conocimiento científico tecnológico” sucumbe ante las sabias hojas de las plantas, raíces, cortezas de arboles, la yuca, tragos como ayahuasca. Bebo con cautela el CPM y ….

Ahora me siento mejor, más peruano, deseo ir a visitar a las cabañas donde viven, y decirles que somos iguales, que no merecen decirles lo que le dijimos. Por el contrario merecen mantener sus culturas. A ellos se les pide entender los tratados de TLC, la evolución del PBI, la globalización etc. Sin embargo nosotros no nos esforzamos por saber cómo piensan sus APUS. Les obligamos a ingresar al mundo occidental y los cautivamos con la TV, celulares, innovación tecnológica, …. Etc.

Empero, los tratamos como gentes desiguales, excluidas. No les damos escuelas bilingües, universidades, talleres, hospitales,…“El 65% de la población apenas cuenta con educación primaria. El 50% de la población vive en condiciones de extrema pobreza. Un tercio de la población no cuenta con una fuente de abastecimiento directo de agua, ni servicios eléctricos ni higiénicos”.

Frente a eso ellos se sienten en el dilema de incorporarse al occidente, pero al hacerlo tienen que soportar desigualdad, discriminación, hasta el desprecio. Situación que en su “mundo” no había. Así están ante la disyuntiva, de un lado sienten necesidad de incorporarse al “desarrollo”, pero cuando lo intentan son tratados como seres de “segunda clase”. Esto sería una de las causas de los suicidios de jóvenes, como se ha reportado en el libro de Adrián Mendoza.


En consecuencia, el Estado tiene que aprender a comprenderlos desde su propia visión y demostrar la voluntad política con hechos. Igualmente en la población que vivimos lejos de la selva, debemos aproximarnos a su cultura, mediante la lectura de historias, leyendas y mitos como, El Chullachaqui, La Carachara Mostruosa, Cocha Huanusca,… . Si no lo hacemos cómo podríamos aspirar a la inclusión y a una unidad de país con aspiraciones similares.

Gracias a este viaje corto me voy con la alegría de haber estado cerca de nuestros hermanos de Wayku, viéndolos aunque sea superficialmente me he sentido más peruano que antes.

“Según Sarmiento de Gamboa, los nativos de Lamas descienden de los chancas, llegaron al Bajo Mayo huyendo de los Incas por los años de 1450 y 1460, con su jefe Anchohallo, quién huyó hacia la Selva de San Martín al ser derrotado por el Inca Pachacutec, así se dirigió al Nor-oriente buscando un lugar donde nadie le pueda encontrar llegando de esta manera a formar lo que ahora es la provincia de Lamas. De ese modo son quechua hablantes, procedentes de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica”.

Pero puede parecer que solo hay nativos en Lamas, cosa que no es así. Muy por el contrario, en este pueblo de tres pisos, los nativos están en la parte baja (primer piso), pero también habitan en el segundo y tercer piso, gente muy blanca, hasta “gringas”, clara demostración de su procedencia española. Su tranquilidad y elevación casi 860 msnm, permite ver Tarapoto y la vegetación del Huallaga central, por eso al tercer piso se le conoce como el Mirador. Cerca a este balcón se están construyendo hoteles y hasta un castillo al mismo estilo de Chancay. Si me dieran por pasar unas vacaciones para escribir o leer plácidamente escogería Lamas.


La Pluma del Viento.
Restaurante Doña Tuly. Plaza Tarapoto. 7:56 pm.
Lima, 27 de junio de 2009








Referencias:
Adrian Mendoza Ocampo, Comunidades Nativas.
Roger Rumrrill, La Amazonía Peruana.

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