miércoles, 29 de julio de 2009

La Industria Cultural: Alternativa de Desarrollo






Muchas veces hemos ido a nuestra querida tierra y cuando hemos solicitado en algún restaurante un caldo de fiesta, locro de cuy o pachamanca, era imposible. 

Lo mismo ocurre cuando deseamos oir un huayno típico interpretado por una orquesta típica de arpa y violín. Ni que decir si a tu retorno quieres volver con algún recuerdo del héroe máximo Luís Pardo o del símbolo Yerupajá. No hay sombreros, bufandas o ponchos tal cual él se vestía. Ni fotos, gorras o polos con fondo de los nevados o lagunas o cataratas. También eso ocurre en la fiesta patronal del 30 de agosto si quieres llevarte la vestimenta de las pallas, capitán, inca o Rumiñahui. 

Quisiéramos volver con algunos muñequitos con la vestimenta completa de nuestro héroe y de las fiestas típicas, tal como lo hacen por ejemplo en México. Nos gustaría lucirlos en alguna mesita de la sala u oficina. Esta falencia, es parte demostrativa del poco apoyo que se da al turismo, o tal vez carencia de ideas, pero esto no sucede solo en Chiquián sino en casi todo el país.

En este artículo quiero poner al descubierto la trascendencia de tomar muy en cuenta el negocio de la cultura, lo que tanto ha expuesto el antropólogo Néstor Canclini, como la industria cultural. En esa línea, me preguntaba, ¿porqué los pobladores que saben sobre las cocinas típicas o de las canciones típicas o de las vestimentas típicas o de historias o de personajes son los mas pobres? ¿Es que ellos deben serlo así para creerles que son auténticos?, ¿Porqué no venden ese conocimiento a la cantidad de turistas que los visitan, sería una manera útil para hacer dinero, sino abundante al menos algo?

Lo primero que tenemos que desterrar es el mito que lo auténtico implica pobreza, quien no lo es, deja de ser original. Se ha llegado al extremo de ligar al artista auténtico con el pobre y al artista rico con falso. Esto esta errado pues si los pobres murieran sin dejar el registro de lo que saben, ocurriría su desaparición, así si queremos mantener la originalidad es necesario que su economía mejore a fin de preservar su saber, de manera que ellos sepan guardarlas, enseñarlas en primer lugar a sus descendientes directos y luego a la colectividad, con eso preservaríamos nuestras costumbres.

El otro mito que debemos desterrar es que la cultura no es negocio porque no tiene compradores. Esto también está errado, pues en la actualidad, se cumple aquella sentencia: si quieres ser universal pinta lo local. La globalización no ha borrado lo local, aunque lo pretenda, más bien deberíamos usar su característica principal que es la rapidez de transmisión de la información para imponer nuestra localidad. Hasta diríamos que para que sobreviva lo global requiere de lo local. Sellemos el principio sabio: de lo LOCAL a lo UNIVERSAL y viceversa.

También está el mito a desaparecer 
que sin estudios universitarios o suficientes no podría salir al frente con los negocios. Esto es errado pues la práctica nos demuestra que los miles de inmigrantes a la capital llegaron sin ningún centavo ni estudios pero luego supieron hacer frente al mundo y vencieron. Lo que nos hace falta es incorporar en nuestra cultura el emprendedorismo. Eso no quiere decir que luego afiancemos nuestra empresa con mayores conocimientos.

Finalmente otro mito a deshacer es aquel que dice: "mis huaynitos, mis bailes, mis poesías, mis cuentos, las comidas que hace mi abuelita no creo que les interese a los visitantes". También eso un error porque la gente valora también lo intangible, no solo lo material o lo visible. El gozo que da estar unas horas al lado de un fogón comiendo algún plato típico, oyendo una buena poesía, o bailando algo típico es invalorable. 


El ser humano no solo es de cuánto dinero tienes en el bolsillo sino de cuanto recuerdo llevas en tu mente para soportar los momentos difíciles. Fechas como la semana que estamos pasando de 5 días en julio o las fiestas patronales de los pueblos pueden servir para generar riqueza para los sabios del lugar, para los artistas y artesanos, que usualmente son las gentes mas pobres y que merecen revalorarlas en beneficio de todos.

Para ser más prácticos, imaginemos una ciudad como Chiquián, que tiene como héroe a Luis Pardo, sobre él preguntémonos: ¿qué vemos?: Un poncho, sombrero, bufanda. ¿Con qué lo relacionamos?: Huaynos, paisajes, poesías, historias, lugares, casas, fiestas. Hasta ahí, con solo esas dos preguntas se nos abre un cúmulo de posibilidades de negocios que son de interés para los turistas. Negocio en el mejor sentido de la palabra: vendo un producto que le genera valor al cliente. Habremos encontrado en nuestro héroe la Cadena Productiva Luís Pardo. Es decir nuestro héroe se convierte en nuestro mejor ministro de economía, en nuestro mejor embajador que ya lo es. Con esto, no lo estamos disminuyendo, mas bien lo estaríamos valorando. Con el producto LUIS PARDO, entrarían en la cadena, los tejedores de ponchos, los sombrereros, los tejedores de bufandas. Si los tejedores necesitan de tintes naturales, alguien habrá que le guste experimentar y tratará en la escuela o en el instituto superior estudiar o investigar para preparar mejores tintes, buscará las plantas necesarias y talvez los siembre y con el tiempo el pueda implementar una industria de producción de tintes naturales. Igualmente, y con más naturalidad, se desarrollaría las editoriales, imprimiendo narraciones de Luis Pardo. Se necesitarían de guías para visitar lugares donde el realizó alguna hazaña. Los carpinteros o jóvenes de las escuelas, se dedicarían a producir muñecos de Luis Pardo con todos sus atuendos y con el tiempo se montaría un museo, con venta de recuerdos y diversos objetos construidos con materiales del lugar. Siguiendo a este producto se alinearían lugares de venta de platos típicos, acompañados de músicos auténticos, en las casonas antiguas que todavía quedan en pie. Este esfuerzo, como una gota de agua en el desierto se ve en el "Rincón del Recuerdo", restaurante de la familia Marques en Chiquián. Todo esto empujaría a mayor productividad de los productores de cuyes, carnes, quesos, y otros. Igual ocurriría con los productos relacionados con el Yerupajá, haciendas, cataratas donde caminó etc.

Esta es una demostración que la CULTURA si puede convertirse en una industria que puede orientar y promover actividades de otros sectores como la educación productiva o la industria, que marchan a la deriva o en forma caótica. Con este alineamiento todos los sectores tendrían algo que aportar a la cadena productiva. Esto es lo que algunos llaman CIUDAD PRODUCTIVA. Una ciudad que afianza su progreso y autoestima basado en su identidad cultural.


Lima, 29 de julio de 2009






Este tema y otros se exponen en el programa VENTANA A LA CIENCIA de radio Antarki, los martes de 8 a 9 pm. A los amigos que no pueden captar en su radio, pueden hacerlo en http://www.radioantarkiperu.com



1 comentario:

Bernardo dijo...

Cuando niño me impresiono la leyenda de Luis Pardo, pero cuando pregunte a mi abuela, me supo decir que no era cierto este mito, para ella era un simple delincuente que para burlar a sus perseguidores luego de un robo, dejaba parte del botin a la gente pobre que encontraba en su camino para que no avisen por donde huía.
Si analizamos su vida, no es ejemplar, pues robaba a las mujeres que le gustaban para llevarlas a su hacienda en Pancal, se dedicaba a borracheras y amendrentaba con sus armas para hacer lo que deseaba.
Sí hay personas ilustradas que están presentando veladas culturales sobre este tema, bueno fuera que nos informen sobre los procesos judiciales que deben haberse abierto respecto de las fechorias de Luis Pardo, que deben haber en los expedientes en el Archivo Regional de Huaraz, o también en el Archivo General de la Nación, pues posiblemente en dichas epocas puede haber estado Chiquian sujeto a las autoridades de Lima.