VENEZUELA LIBRE. NO MÁS TIRANOS
Hoy me di tiempo para visitar a los hermanos venezolanos, migrantes obligados. Como si el programa estuviera hecho, por la mañana estuve en una clínica de Lima, me atendió una auxiliar venezolana (lucía un polo guinda), estaba visiblemente alegre. Le mostré el poema que había escrito lo leyó, sonrió. No dijo mucho, no hacía falta. Luego salí hacia el parque donde se reunían sus compatriotas. Los encontré celebrando: familias, jóvenes, niños, música, abrazos. No era solo fiesta: era alivio, memoria, espera, añoranza de su esencia. Volví a casa. Almorcé. Y con lo vivido aún fresco, escribí esta nota. No es política. No es consigna. Es testimonio El encuentro Como los grandes momentos no deben postergarse su festejo, salí al encuentro de los amigos venezolanos. En la plazuela frente a radio nacional los encontré: niños, viejos, padres, hijos y abuelos, todos reunidos en una inmensa marea de alegría, gritos y bailes. La música brotaba desde los automóviles con equipos acondi...