POEMAS DEL MARGEN II
EL VIAJE
Nada fue más cálido
que tus pisos de tierra,
tus muebles desgastados,
la cocinita humeante,
las ollas ennegrecidas,
los cuycitos correteando,
el fogón crepitante,
los dormitorios serenos,
en un ambiente de
tenue oscuridad.
Aprendí
que lo mínimo
es más bello:
bastaba
mi madre,
mis hermanos,
y los pichuychancas
cantando al amanecer.
Sabía que
todo eso
era transitorio,
me estaba preparando
para el gran viaje:
estudiar
y no volver.
Tan pronto
tuve cierta decisión,
armé mis alforjas
y me fui.
No volví más
a tus lluvias,
a tus barros,
a mi fuente natal.
El trabajo,
la competencia,
los diplomas,
el viaje perpetuo,
la apariencia,
ganaron.
Adiós, fogón.
MI FUENTE
es fuente de luz.
En mi espacio
danzo,
canto,
también
escribo,
me alcanza
hasta para llorar.
Las noches
las detesto
porque dejo de pensar.
No me gusta
la nada,
prefiero la duda
y el amanecer
buscando respuestas.
Duermo
porque mis ojos
dicen:
basta de luz.
Acaricio mi sueño
de nieves,
rocíos,
Huaraz de mis recuerdos.
Amo tu frío
que fortalece mi alma,
me ratifica
que soy fuerte,
que el tiempo
es estudio,
es trabajo,
es cariño.
Te extraño,
Los Pinos.
SIMBOLOS
Escribo poesía
sin alejarme
de mi esencia
sean letras o
sean números.
Solo son símbolos
mis huellas
mis emociones
mis sentimientos
las palpito
las vivo.
El lugar o el tiempo
son circunstanciales
lo trascendente
es el sendero
es el aroma
de mis letras
de mis números
EL FIN DE LA VIDA
Junto a ti
las voces del alma
brotan alegres.
La naturaleza
a tu lado
es sinfonía.
Con tu amor
viví el edén
libre de ataduras,
gocé del tiempo
tan escaso.
A tu lado
no había
horarios por cumplir
solo madrugadas
de inspiración
y transpiración.
Ahora desde
este puente
que lleva
a la muerte
recurro al recuerdo
para despedirme
de la vida
que tu nombre
me inspiró
que tu sonrisa
me nutrió.
Así el humano
muere hoy,
de repente,
se va.
La Pluma del Viento
Lima, (sin fecha).
POEMAS DEL MARGEN II
Estos cuatro poemas nacieron en distintos momentos, en márgenes del tiempo y del espacio, no recuerdo la fecha ni el lugar. Y no se hace necesario porque cuando se escribe en el momento necesario para descansar y viajar al interior de uno mismo las coordenadas desaparecen. Solo sé que se escribieron en Lima y Perú, en medio mediciones, ecuaciones, informes técnicos y reflexiones en las madrugadas o en la sala de espera de una clínica, mi cuaderno es el fiel compañero.
Forman una ruta involuntaria pero coherente: el viaje de una vida. Desde el fogón andino de la infancia hasta el puente final que todos cruzaremos algún día. En el camino, dos anclas: Los Pinos (el seminario benedictino de Huaraz donde estudié mi secundaria preparándome para el sacerdocio) y los símbolos que elegí para dejar huella—letras y números, poesía y física.
EL VIAJE cuenta la partida inevitable: el niño que deja el calor del fogón, los pisos de tierra y los pichuychancas cantando al amanecer para convertirse en profesional urbano. La competencia, los diplomas, la apariencia ganaron. Pero el poema es también un reconocimiento: lo mínimo era más bello.
MI FUENTE regresa a Los Pinos, ese barrio de Huaraz rodeado de nieves donde los benedictinos me enseñaron Ora et labora: reza y trabaja. Dejé el seminario, no me ordené sacerdote, pero la regla permaneció. Mi tiempo sigue siendo fuente de luz. Solo cambió el contenido: donde había salmos, ahora hay ecuaciones. Donde había silencio monacal, ahora hay escritura bullente en madrugadas sin horarios.
SÍMBOLOS es mi manifiesto más breve: las letras y los números son lo mismo para mí. Ambos son símbolos que palpito, que vivo. No soy científico que también escribe, ni poeta que también calcula. Soy alguien que usa todos los alfabetos disponibles para dejar huella en el sendero a la esencia.
EL FIN DE LA VIDA cierra el ciclo. Lo escribí pensando en alguien que ha acompañado nuestra familia desde que era niña, alguien cuya presencia cotidiana hizo de la casa una sinfonía. Pero mientras escribía, me proyecté hacia mi propio fin. Imaginé ese puente entre la vida y la muerte y pensé: ¿qué querría que leyeran cuando me vaya? Este poema es la respuesta. Es mi despedida preparada, mi última voz: gracias por el tiempo compartido, por las madrugadas de inspiración y transpiración. Viví el edén junto a ustedes.
No publico estos poemas buscando perfección técnica ni reconocimiento literario. Los comparto porque alguien me convenció de que EL MARGEN también merece ser leído. Si encuentran en ellos algo de verdad, algo que resuene con sus propios viajes, sus propias fuentes, sus propios símbolos, habrá valido la pena sacarlos de sus cuadernos originales.
Escribo como el benedictino que fui y como el científico que soy: con disciplina del tiempo, con respeto al trabajo, con la convicción de que toda búsqueda—sea de Dios, sea de las partículas subatómicas—es finalmente una búsqueda de la esencia.
Estos poemas son mi ora et labora laico.
La Pluma del Viento
Lima, enero de 2026

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