jueves, 7 de octubre de 2010

ELECCIONES 2010: DE LA MESA A LA CLINICA - PARTE 3



EN EL QUIRÓFANO

Con el dolor reducido pero con el foco aún encendido en la boca del estómago regresé a casa, luego de ir a la clínica de la Cayetano Heredia. Tenía que ir a una clínica que tuviera ecógrafo. “Cómo es posible que esta clínica tan reluciente y perteneciente a la prestigiosa universidad Cayetano Heredia no tenga ese servicio”, balbuceé mientras dejaba la puerta de entrada.
Desde la casa averigüe cuáles clínicas estaban asociadas a mi seguro (El Pacífico) y a su vez tuviera el servicio requerido. Me propusieron la del cono norte, la Clínica San Pablo; la Av. Perú, Clínica San Vicente y la Av. Wilson, Clínica Internacional (CI). Mi hermana que había ido a votar a Jesús María con mi sobrino, aún no regresaba. Mi madre adolorida de la pierna, y las várices, solo podía estar recostada, me preguntaba “qué vas a hacer”, su preocupación era notoria. La tranquilicé diciéndole que esperemos a mi hermana.

Intentando rehuir el recuerdo del dolor, controlado pero latente, me recosté. No habrían transcurrido ni una hora, como a las 15 horas, llegó mi hermana. Ella venía seguramente pensando en los sucesos. Y casi como planeado, decidimos ir al lugar más cercano, a San Pablo (situado en Fiori), y de inmediato.

Tomamos un taxi y en cosa de 5 minutos estábamos en emergencia de la clínica, el ambiente era bullicioso y polvoriento, las construcciones de las vías de acceso llegaban hasta la puerta de ingreso. En seguida nos atendieron con amabilidad, y nos aseguraron que sí tenían el servicio y mientras tanto debería esperar en una de las cabinas de emergencia.

Ingresé con un guía, quién me dijo, “siéntese sobre la cama que ya le llamamos”. A mi alrededor habían varias cabinas similares, eran “cuartos” separados por cortinas, se podía oír lo que ocurría a los costados, subí a la cama y mientras esperaba divisé a todos lados, las paredes, lo utensilios, el piso, el trajín, daban la imagen de un lugar, diferente al que había ido meses antes, a la Clínica de San Pablo de Monterrico. “Tantos meses pagando al seguro y ahora que voy a usarlo por primera vez no me voy a quedar aquí”, pensé.

Mi hermana, que había ido a hacer las gestiones con mis documentos, entró a la cabina, y también mirando el ambiente, y descubriendo mi incomodidad o duda, me dijo, “los exámenes que te hagan aquí no va a valer en la otra clínica, igual te van a volver a hacer. De modo que si no te gusta que aquí te operen, mejor vamos a otra”.

No sabía en qué condiciones estarían las otras, pero siendo domingo y día de votación, no había mucho que escoger, el dolor comenzaría nuevamente y eso me aterraba. De pronto, ella recordó que mi hermano, se había hecho la operación de la vesícula en la Internacional, de modo que decidimos ir para allá.

Primero, volvimos a casa, en un taxi que para cogerlo nos demoramos bastante, porque ellos estaban ocupados con las elecciones. Al regreso en el taxi nos dio las 16 horas, el ansiado FLASH de Boca de Urna lo escuché por radio RPP, ganaba FS, me alegró, por el esfuerzo que ella (Susana Villarán) había hecho, y en parte mi trajín del día, merecía alguna recompensa, pensé. Esta noticia que podría haberme alegrado mucho mas, pasó a segundo plano, por el dolor y la urgencia que me acaecía.

Llegamos a casa, a pocos minutos de pasada las 16 horas, la decisión estaba tomada, iríamos a la Clínica Internacional, pero no solo a que me tomen la ecografía, sino a la posible operación, pues a la luz de los resultados todo indicaba que sería la vesícula y por el dolor debería estar destruido y debía ser extraído.

Mi hermano, que había sido operado allí, nos comunicó su aprobación y además nos dijo que se adelantaría hacia allá para hacer algunas gestiones. Así que, preparamos todo lo necesario, la ropa, sandalia, radio, teléfono, tarjeta, dentífrico, cepillos, jabón, etc. A las 5 de la tarde dejamos la casa con la bendición de mi madre que haciendo todo el esfuerzo, se paró y nos acompañó hasta la puerta.

Mi hermana con mi sobrino y yo, llegamos a la clínica, ingresamos por el jirón Washington, mi hermano nos esperaba, él ya había hecho las consultas de modo que solo le entregué mi carnet de seguro y me senté a esperar.

A las 18 horas una señorita me acompañó hasta un cuarto de emergencia, donde me hicieron las primeras pruebas. Luego, en el sótano me pasaron la ecografía, mientras lo hacía, el especialista iba describiendo lo que veía, “realmente la vesícula está muy inflamada”. Eso que oí, fue suficiente para presentir que la operación sería ese día, cosa que fue confirmada luego de una hora por la doctora cuando me dijo, “visto los resultados usted debe ser operado hoy día a las 9 de la noche, por el Dr. Alarcón, ya le harán las pruebas preoperatorias”.

En ese momento, el temor me invadió, asumía que la cosa sería realmente seria, sin embargo, guardaba, de manera escondida, una ligera esperanza de volver a casa, y postergarlo todo hasta otro día. “Cómo es eso que de un solo ataque de cólico resulta que me voy directo a la operación”, corroía mi mente.

Empero con el recuerdo fresco del dolor percibido en los cólicos, la razón me decía que eso era lo correcto, y no quedaba otra. Así que a mi hermano que me acompañaba pacientemente en todo momento, le dije que bueno, allá vamos.

Luego de dejar una muestra de sangre y de orina, una enfermera se acercó con su silla de ruedas para decirme que subamos al piso 406, donde me prepararían para la operación. Allí nos encontramos con mis hermanos y mi sobrino, que me esperaban para darme fuerzas.

Me vestí la bata de operación, luego vinieron especialistas de anestesia y de evaluación cardíaca, una vez que se retiraron, llegaron las enfermeras que me pidieron subiera a la camilla, para ir por el ascensor a la sala de operación. Me cubrieron con una sabana blanquecina, me despedí de mis hermanos. Miraba solo el techo de la clínica y las luces, mientras me transportaban, pasaba por mi mente, las miles de películas que había visto en las salas de los hospitales.

Esta vez era el protagonista de mi propia película, nunca antes había estado en estas circunstancias, quise recordar todo, no me preocupaba si saldría mal la operación, más bien me interesaba recordarlo todo, así tendría algo que contar.

En la sala de operación, veía tubos acerados y ganchos, a los costados se oían conversaciones entre hombres y mujeres, jóvenes, que reían, parecía que discutían por pedir algo para cenar, unos pedían pollito a la brasa otros pizza. Estos platos con tanta grasa, habían sido parte de los causantes de mis males. Sabía que en adelante, mucho tiempo pasaría para reír igual que ellos y pedir los mismos exquisitos platos.

De pronto un médico se me aproximó y dijo, “ahora le voy a poner la anestesia de cuerpo entero, usted va a sentir unos iniciales adormecimientos, y luego un mareo suave, ¿cierto?”. Si es así, le respondí, y ahí se detuvo mis recuerdos.

Hasta, que luego alguien con voz gruesa, me llamó, “Sr. Agustin”, no sé si fue la primera o la segunda llamada, “si” le respondí. “Hemos acabado, ahora usted bajará a su habitación a recuperarse”.

La operación había concluido, no sentía dolor alguno, traté de recordar el dolor de los cólicos, y parecía que seguía, por lo que me vino a la mente “que tal que el dolor provenía de otro órgano y no de la vesícula”. Qué tontería, ellos saben lo que hacen, son profesionales, retruqué rápidamente.

Me pareció espléndido que la operación fuese así, uno no se da cuenta de nada, y casi como un cerrar de ojos, despiertas ya operado. Sabía que luego vendrían los dolores de recuperación. Pero nunca serían lo difícil que habría sido la operación de mi hermana, corte, infección, treinta días postrada. Lo mío sería más corto, casi un juego en comparación.

Así que, salí repuesto, bastante tranquilo, había superado el dolor, ahora solo tendría que seguir las recomendaciones de los médicos y me recuperaría, aunque tendrá que pasar mucho tiempo, hasta que vuelva a comer los ricos platos que tiene la comida peruana. Esta vez seré mucho más cuidadoso, tal vez evitaré por completo las grasas. Adiós chicharrones, parrilladas, chorizos, rellenos. Hasta la vista, Cuarto Mitad, Las Canastas, Kentucky, La Romana, Hut, etc.

Bienvenida la dieta !!!.

Lima, 5 de octubre de 2010

No hay comentarios: