Hay amigos que no se van, solo vuelven al vacío cósmico y permanecen en el aire que respiramos. Así recuerdo hoy a Ricardo Espinosa García, mi colega y amigo. Pionero del primer grupo de Análisis por Activación Neutrónica en el Perú, cuando el pequeño reactor RP-0 apenas brillaba con su potencia de 1 watt en 1978. Luego consolidó esa técnica nuclear en el reactor RP-10 de Huarangal, de 10 megavatios, donde formó generaciones de científicos; algunos hoy trabajan en el extranjero, otros ya partieron, y también algunos siguen velando por el RP-10. Con Ricardo compartí fulbito en las losas de San Borja o del Centro Nuclear, charlas nocturnas en temporadas unas junto al mar, y otras viajes diversos como aquel a Chiquián, mi pueblo del Ande, al que llegó con su familia. Hace apenas medio año lo vi; parecía eterno. Pero la vida, con su misterio, lo llamó antes. Si no pude estar hoy en su despedida, estaré en su memoria. Este poema es mi abrazo a la distancia, mi gratitud y mi despedi...
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